06-08-2025, 05:13 PM
Soplaban vientos de cambio.
El sol, que iluminaba encima de nosotros proporcionando calor, y la brisa que acompañaba al astro rey, permitían una calidez confortable en la cubierta del Kaiser Panzer. Casi era un momento de paz, una tranquilidad momentánea que se vería alterada con nuestra llegada a Foodvalten. La calma que precede a la tormenta. Ya en las inmediaciones de la isla, el gremio estaba listo y preparado para conquistar la isla de un solo plumazo. Dada la peculiar ororafía de la misma, se nos planteaban diversas opciones para poder llegar a ella. Su enorme tamaño, sin ser de las islas más grandes del Nuevo Mundo, suponía un reto para un único barco -y más teniendo en cuenta que somos tres- a lo que además había que sumar que era una fortaleza natural casi inexpugnable. La isla, que poseía una forma de arco, era una sucesión de acantilados como si de un anfiteatro se tratase. Algunos pequeños islotes o peñones acompañaban a la isla pero nada significativo o que tuviera interés para nosotros. Sabíamos que ir al puerto -de haberlo, ya que no veíamos costa- era casi arriesgarse a iniciar un ataque frontal. Estábamos dispuestos a pelear, pero no las tenía todas conmigo en si era la opción más inteligente. Escalar también era una opción. El factor sorpresa podría estar de nuestra parte en este caso pero, ¿A qué precio? Ni siquiera sabíamos qué había con certeza arriba. Y para colmo estaba el centro de la isla. Una ratonera donde ni encontraríamos salida ni ventaja alguna.
Sonreí. Ajusté mi cinturón para sujetar mejor las espadas, una a cada lado de mi cadera. Shimei en la derecha y Saba en la izquierda. Mi dial y mi Den Den estaban en los bolsillos del abrigo y yo estaba listo. Solo necesitábamos la orden del jefe. ¿Qué opción cogería? ¿Sigiloso pero arriesgado? ¿Rodeo y buscar un acceso? O por el contrario, la opción que estaba totalmente seguro que escogería, dado el tiempo juntos y su carácter, que ahora comprendía mucho mejor después de revelarme su linaje de Dragón Celestial: atacar frontalmente y estamparnos contra la isla. Arrasar con todo aquel desgraciado que no ponga una rodilla en tierra de manera voluntaria y, sucesivamente, destronar al Emperador del inframundo que habitaba en la isla.
— ¿Órdenes, jefe? ¿Sigiloso y seguro o frontal y divertido? — pregunté con tono animado, esperado estar en las mismas.
Foodvalten iba a ser nuestra casa. Lo siento, Nitobo, venimos a desahuciarte.
El sol, que iluminaba encima de nosotros proporcionando calor, y la brisa que acompañaba al astro rey, permitían una calidez confortable en la cubierta del Kaiser Panzer. Casi era un momento de paz, una tranquilidad momentánea que se vería alterada con nuestra llegada a Foodvalten. La calma que precede a la tormenta. Ya en las inmediaciones de la isla, el gremio estaba listo y preparado para conquistar la isla de un solo plumazo. Dada la peculiar ororafía de la misma, se nos planteaban diversas opciones para poder llegar a ella. Su enorme tamaño, sin ser de las islas más grandes del Nuevo Mundo, suponía un reto para un único barco -y más teniendo en cuenta que somos tres- a lo que además había que sumar que era una fortaleza natural casi inexpugnable. La isla, que poseía una forma de arco, era una sucesión de acantilados como si de un anfiteatro se tratase. Algunos pequeños islotes o peñones acompañaban a la isla pero nada significativo o que tuviera interés para nosotros. Sabíamos que ir al puerto -de haberlo, ya que no veíamos costa- era casi arriesgarse a iniciar un ataque frontal. Estábamos dispuestos a pelear, pero no las tenía todas conmigo en si era la opción más inteligente. Escalar también era una opción. El factor sorpresa podría estar de nuestra parte en este caso pero, ¿A qué precio? Ni siquiera sabíamos qué había con certeza arriba. Y para colmo estaba el centro de la isla. Una ratonera donde ni encontraríamos salida ni ventaja alguna.
Sonreí. Ajusté mi cinturón para sujetar mejor las espadas, una a cada lado de mi cadera. Shimei en la derecha y Saba en la izquierda. Mi dial y mi Den Den estaban en los bolsillos del abrigo y yo estaba listo. Solo necesitábamos la orden del jefe. ¿Qué opción cogería? ¿Sigiloso pero arriesgado? ¿Rodeo y buscar un acceso? O por el contrario, la opción que estaba totalmente seguro que escogería, dado el tiempo juntos y su carácter, que ahora comprendía mucho mejor después de revelarme su linaje de Dragón Celestial: atacar frontalmente y estamparnos contra la isla. Arrasar con todo aquel desgraciado que no ponga una rodilla en tierra de manera voluntaria y, sucesivamente, destronar al Emperador del inframundo que habitaba en la isla.
— ¿Órdenes, jefe? ¿Sigiloso y seguro o frontal y divertido? — pregunté con tono animado, esperado estar en las mismas.
Foodvalten iba a ser nuestra casa. Lo siento, Nitobo, venimos a desahuciarte.
Resumen
Bélico
Haki
Inventario

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