06-08-2025, 10:33 PM
(Última modificación: 06-08-2025, 10:56 PM por Kisuke Kageyama.
Razón: error con el arma de Koganehiko
)
En el interior del barracón, Mina abandonada.
OST
Oleanna estaba rellenando con cara de hastío unos papeles para realizar las transacciones necesarias para que viniesen a llevarse a la escoria que habían capturado en el último mes. Podía oír los débiles gritos de auxilio que emergían desde detrás del portón que daba a la gruta que habían excavado sus hombres tiempo atrás para utilizarlas como celdas en las que mantener encerrada a la mercancía.
Hacía dos años que estaba a cargo de aquella organización que, usando la caridad como tapadera, se habían dedicado al tráfico de personas, bueno, eso dirían los pelagatos y mojigatos defensores de la igualdad y todas esas chorradas. El ser humano tenía superioridad numérica e intelectual para gobernar y utilizar a su antojo a todas las demás razas; eso era algo obvio. Pero estaba un poco cansada de tener que aguantar gimoteos y lamentos de aquella escoria que pensaba que podía vivir en libertad y encima tenían la desfachatez de solicitar comida y techo sin dar palo al agua. Vagos y maleantes, además de horrorosos, sobre todo aquellos gyojin apestosos. Dejó a un lado los papeles y se acercó a la ventana de su "despacho" que estaba situado en un altillo dentro del barracón y tenía una ventana que estaba a unos treinta metros de altura del suelo. Se encendió un cigarrillo y miró hacia afuera y lo que vio le dejó anonadada. Un gigante. Un gigante se acercaba...
"Si consigo esa captura, podré retirarme y vivir como una reina... Tiene que valer una buena pasta..."
Mientras el joven gigante se acercaba lentamente, con una señal indicó a los dos Onis que tenía como guardaespaldas. No eran ni mucho menos tan grandes como el gigante, pero estaba seguro que podrían hacer frente sin problemas a aquel pipiolo que no debía llegar ni a la veintena.
-Koganehiko, Shiroganehiko... Haceos cargo, pero no lo matéis. Vale mucho.
No necesitaba decir nada más. Aquellos dos idiotas tenían mucho músculo y poco cerebro con lo que era mejor dar órdenes directas y claras. No podía esperar otra cosa de una raza que era tan bruta como estúpida. Así que había que combatir la fuerza con fuerza. Y los dos gemelos onis se dirigieron hacia el portón principal del barracón donde se plantaron, uno con un kanabo de cuatro metros y el otro sin armas, pero chasqueando los huesos de sus manos.
Vieron rápido el objetivo que tenían que capturar, parecía grandote, si, pero ellos eran más poderosos, no en vano les habían asignado a la protección directa de la "diosa Oleanna" por lo que debían acatar todo lo que ella les dijese. Koganehiko apoyó la punta del garrote en el suelo y sus manos sobre la empuñadura soportando el peso, no pequeño del musculoso oni y Shiroganehiko seguía haciendo crujir los huesos de sus manos a modo de amenaza ante el indeseado visitante.
-A ver, a ver, chiquitín, ¿dónde vas? ¿Te has perdido?-dijo Koganehiko cn tono burlón.
-¿Quieres un platito de sopa, grandullón? Si no se te ha perdido nada por aquí, más vale que te largues.
Ambos estaban en actitud hostil a cincuenta metros del gigante, por lo que alzaron la voz potente que tenían para que les escuchase sin problems, dispuestos a reducirle en cuanto cruzase la línea lo más mínimo. La primera misión de Kelvin Einstein Nagumo, estaba por comenzar, y tenía como primer escollo al dúo de onis gemelos.
Oleanna
Hacía dos años que estaba a cargo de aquella organización que, usando la caridad como tapadera, se habían dedicado al tráfico de personas, bueno, eso dirían los pelagatos y mojigatos defensores de la igualdad y todas esas chorradas. El ser humano tenía superioridad numérica e intelectual para gobernar y utilizar a su antojo a todas las demás razas; eso era algo obvio. Pero estaba un poco cansada de tener que aguantar gimoteos y lamentos de aquella escoria que pensaba que podía vivir en libertad y encima tenían la desfachatez de solicitar comida y techo sin dar palo al agua. Vagos y maleantes, además de horrorosos, sobre todo aquellos gyojin apestosos. Dejó a un lado los papeles y se acercó a la ventana de su "despacho" que estaba situado en un altillo dentro del barracón y tenía una ventana que estaba a unos treinta metros de altura del suelo. Se encendió un cigarrillo y miró hacia afuera y lo que vio le dejó anonadada. Un gigante. Un gigante se acercaba...
"Si consigo esa captura, podré retirarme y vivir como una reina... Tiene que valer una buena pasta..."
Mientras el joven gigante se acercaba lentamente, con una señal indicó a los dos Onis que tenía como guardaespaldas. No eran ni mucho menos tan grandes como el gigante, pero estaba seguro que podrían hacer frente sin problemas a aquel pipiolo que no debía llegar ni a la veintena.
-Koganehiko, Shiroganehiko... Haceos cargo, pero no lo matéis. Vale mucho.
No necesitaba decir nada más. Aquellos dos idiotas tenían mucho músculo y poco cerebro con lo que era mejor dar órdenes directas y claras. No podía esperar otra cosa de una raza que era tan bruta como estúpida. Así que había que combatir la fuerza con fuerza. Y los dos gemelos onis se dirigieron hacia el portón principal del barracón donde se plantaron, uno con un kanabo de cuatro metros y el otro sin armas, pero chasqueando los huesos de sus manos.
Koganehiko y Shiroganehiko
Vieron rápido el objetivo que tenían que capturar, parecía grandote, si, pero ellos eran más poderosos, no en vano les habían asignado a la protección directa de la "diosa Oleanna" por lo que debían acatar todo lo que ella les dijese. Koganehiko apoyó la punta del garrote en el suelo y sus manos sobre la empuñadura soportando el peso, no pequeño del musculoso oni y Shiroganehiko seguía haciendo crujir los huesos de sus manos a modo de amenaza ante el indeseado visitante.
-A ver, a ver, chiquitín, ¿dónde vas? ¿Te has perdido?-dijo Koganehiko cn tono burlón.
-¿Quieres un platito de sopa, grandullón? Si no se te ha perdido nada por aquí, más vale que te largues.
Ambos estaban en actitud hostil a cincuenta metros del gigante, por lo que alzaron la voz potente que tenían para que les escuchase sin problems, dispuestos a reducirle en cuanto cruzase la línea lo más mínimo. La primera misión de Kelvin Einstein Nagumo, estaba por comenzar, y tenía como primer escollo al dúo de onis gemelos.
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