07-08-2025, 11:36 PM
Berry, sin dejar de mostrar un poco de recelo inicial, se acercó jovialmente hasta la posición de los nómadas que le daban indicaciones. Según se acercaba al lugar señalado, el olor de la carne especiada la golpeó en las fosas nasales y la embriagó, recordándole cuánto tiempo hacía que no comía nada en condiciones. Unas horas nada más, pero se lo recordó. Además, esas piernas con las que tanto corre y salta necesitan combustible para funcionar.
El acercamiento de Berry tuvo un efecto quizás inesperado. Al menos inesperado para el nómada que la iba a recibir. El joven moreno, vestido con ropas holgadas y cómodas de colores púrpura y rosa pálido, se quedó boquiabierto ante lo que estaba viendo. Nunca pensó que en su vida se sentiría atraído por una mink. Quiero decir, ¿qué atractivo tenían el abundante pelaje corporal y el aspecto animalesco de esta raza para los humanos? Nadie le había explicado que había mink así construidas y si se lo hubieran dicho, no se lo hubiera creído. Sin embargo, aquí estamos. Un jovenzuelo en sus veinte años frente a un Umbreon hecho mujer. Si esto fuera un manga, sus ojos se habrían tornado en corazones, pero en su lugar se dilataron perceptiblemente al tiempo que el muchacho, que iba a saludar sin más, empezó a tartamudear. -A-a las b-bu-buenas. -Logró decir con el debido esfuerzo. Lo que se le vino encima fue todo un discurso de presentación. Berry hablaba, y hablaba un montón además. La comida, la capa, el calor. Todos los mensajes impactaron contra el cortocircuitado cerebro del joven nómada que los recibió sin emitir una reacción acorde con la situación. Si fuera un robot, estaría echando chispas por la cabeza y los ingenieros tendrían que apagarlo a toda velocidad antes de que se volviera loco o estallase. Por suerte, el muchacho es humano. A los humanos les basta con una colleja. Una chica de su edad se la propinó encantada. -A ver si espabilas un poco, Leo, que la chica te está haciendo preguntas. -La muchacha te echa un ojo, aunque bien podrían ser tres, de arriba abajo y alucina con lo que se encuentra. -Cielos, estás como un queso. -Lo comenta sin pudor alguno, como quien le dice a una vieja amiga que le queda bien un vestido. -¡Lara! -Leo le llama la atención. No es educado, al menos según las costumbres de los nómadas, hacer esa clase de comentarios a desconocidos. La hospitalidad es lo más importante en estos momentos. -¡Qué! Es cierto. Además, mejor mis palabras que tus babas. Si la miras un poco más te derrites. -Lara no tiene escrúpulos, pero no parece mala persona. Ambos son morenos de piel y cabello, los ojos de él son verdes y los de ella marrones. Ella es guapa, pero su belleza palidece ante la de Berry. -Perdónale, no está acostumbrado a ver... minks. Creo que esa es la palabra. La leí en un libro. Quédate a desayunar y no te preocupes por la tienda, tenemos de sobra. Seguro que a la matriarca le interesa mucho saber quién eres y de dónde vienes. -Lo comenta con inocencia. No parece estar indagando en quién eres exactamente, aunque podría ser una escusa para sonsacarte quiénes son tus jefes.
La muchacha ofrece su mano con una sonrisa de dientes desiguales y Leo musita una excusa antes de salir corriendo hacia la zona donde están preparando el desayuno. Ahora que puedes verla desde más cerca, se trata de una hoguera bastante grande con abundante carne de lo que podría ser venado de cuernos largos. Las dos imponentes astas están alineadas en el suelo, esperando tal vez que alguien las talle para hacer utensilios afilados o algo similar.
El acercamiento de Berry tuvo un efecto quizás inesperado. Al menos inesperado para el nómada que la iba a recibir. El joven moreno, vestido con ropas holgadas y cómodas de colores púrpura y rosa pálido, se quedó boquiabierto ante lo que estaba viendo. Nunca pensó que en su vida se sentiría atraído por una mink. Quiero decir, ¿qué atractivo tenían el abundante pelaje corporal y el aspecto animalesco de esta raza para los humanos? Nadie le había explicado que había mink así construidas y si se lo hubieran dicho, no se lo hubiera creído. Sin embargo, aquí estamos. Un jovenzuelo en sus veinte años frente a un Umbreon hecho mujer. Si esto fuera un manga, sus ojos se habrían tornado en corazones, pero en su lugar se dilataron perceptiblemente al tiempo que el muchacho, que iba a saludar sin más, empezó a tartamudear. -A-a las b-bu-buenas. -Logró decir con el debido esfuerzo. Lo que se le vino encima fue todo un discurso de presentación. Berry hablaba, y hablaba un montón además. La comida, la capa, el calor. Todos los mensajes impactaron contra el cortocircuitado cerebro del joven nómada que los recibió sin emitir una reacción acorde con la situación. Si fuera un robot, estaría echando chispas por la cabeza y los ingenieros tendrían que apagarlo a toda velocidad antes de que se volviera loco o estallase. Por suerte, el muchacho es humano. A los humanos les basta con una colleja. Una chica de su edad se la propinó encantada. -A ver si espabilas un poco, Leo, que la chica te está haciendo preguntas. -La muchacha te echa un ojo, aunque bien podrían ser tres, de arriba abajo y alucina con lo que se encuentra. -Cielos, estás como un queso. -Lo comenta sin pudor alguno, como quien le dice a una vieja amiga que le queda bien un vestido. -¡Lara! -Leo le llama la atención. No es educado, al menos según las costumbres de los nómadas, hacer esa clase de comentarios a desconocidos. La hospitalidad es lo más importante en estos momentos. -¡Qué! Es cierto. Además, mejor mis palabras que tus babas. Si la miras un poco más te derrites. -Lara no tiene escrúpulos, pero no parece mala persona. Ambos son morenos de piel y cabello, los ojos de él son verdes y los de ella marrones. Ella es guapa, pero su belleza palidece ante la de Berry. -Perdónale, no está acostumbrado a ver... minks. Creo que esa es la palabra. La leí en un libro. Quédate a desayunar y no te preocupes por la tienda, tenemos de sobra. Seguro que a la matriarca le interesa mucho saber quién eres y de dónde vienes. -Lo comenta con inocencia. No parece estar indagando en quién eres exactamente, aunque podría ser una escusa para sonsacarte quiénes son tus jefes.
La muchacha ofrece su mano con una sonrisa de dientes desiguales y Leo musita una excusa antes de salir corriendo hacia la zona donde están preparando el desayuno. Ahora que puedes verla desde más cerca, se trata de una hoguera bastante grande con abundante carne de lo que podría ser venado de cuernos largos. Las dos imponentes astas están alineadas en el suelo, esperando tal vez que alguien las talle para hacer utensilios afilados o algo similar.
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