09-08-2025, 09:00 PM
(Última modificación: 09-08-2025, 09:10 PM por Zhang Guolao.)
Zhang permaneció en silencio por unos segundos, no se inmutó más allá de sus orejas, que se movían al unísono de aquel viejo sobre la tarima de cartón. No interrumpió, no porque no tuviese una respuesta indicada, sino porque disfrutaba ver cómo aquel hombre iba haciendo crecer aquel espectáculo, del que tantos ojos expectantes estaban pendientes. Era como si un pavo real mostrara sus plumas para aparearse.
Fue entonces cuando por fin logró ver la piñata. Zhang ladeó un poco su cabeza y enfocó su único ojo bueno, mientras una sonrisa peligrosa comenzaba a asomarse en la trompa de aquel Mink. -Hmmm… -resopló de nuevo, golpeando el suelo con su pata con suavidad, y aquella tarima se tambaleó ante sus imponentes patas. -El destino tiene cierto humor - dijo riendo suavemente ante las casualidades de la vida. Dejó que la risa del público invadiera todo el lugar, y con un paso lento comenzó a acercarse a la piñata para poder observarla. Estuvo allí en silencio por unos segundos, como si contemplara una estatua sagrada.
- Sabes, joven anciano… dijo, usando las mismas palabras de Oibas.- En mis tierras, golpear a un burro es de mala suerte - comentó tranquilamente, mientras giraba poco a poco su cuerpo y le dio una palmada con fuerza en la espalda de aquel anciano. Luego aceptó su destino, tomando entre sus dedos aquel palo y la venda, sin apartar su mirada de Oibas. -Hmmm… un palo, una venda y tres vueltas -repitió en voz alta las instrucciones acordadas y, encogiéndose de hombros, se acercó a Oibas y dijo: -Suena a una tarde interesante.-
Se inclinó hacia él, lo suficiente para que solo Oibas escuchara: - Pero recuerda, joven… si rompo tu burro, me deberás algo - y le guiñó el ojo antes de incorporarse de nuevo. Alzó el palo hacia la multitud, y el ruido creció. -¡Vamos entonces! Si me van a gritar dónde golpear, háganlo fuerte que no escucho bien —dijo con ese tono de viejo que invita a jugar. Tras esto, se colocó aquella venda y, antes de bajar, golpeó el suelo una vez más. Desde algún rincón de la plaza, sonó un chillido familiar que le recordaba que no se encontraba solo en esa aventura.
Una vez la venda estaba ajustada, Zhang giró sobre sí mismo en tres ocasiones, hasta que su mundo entero comenzó a dar un vuelco. -Esto ya empieza mal… - murmuró, mientras, perdiendo el equilibrio, comenzó a tambalearse a la deriva. Avanzó con paso lento pero decidido y, con aquel palo en alto, se dejó guiar por su memoria. Dio un primer golpe, convencido de que la piñata estaba justo allí… pero lo que golpeó fue la tarima.
Un CRAAACK retumbó bajo sus pies. El cartón barato cedió, y Zhang sintió un cosquilleo desagradable en la pata. -Ay… -se quejó-. Creo que gané. La multitud soltó carcajadas, y antes de que pudiera recomponerse, empezó la lluvia de golpes. Palos desde todas direcciones chocaban contra su espalda, hombros y patas. No eran golpes fuertes, pero el caos era real. - ¡Hey! ¿Es así como tratan a un anciano? - dijo, riendo entre dientes.
Sin embargo, en lugar de defenderse, siguió caminando, tambaleante, guiándose por un difuso recuerdo del lugar donde estaba la piñata. Los golpes sonaban, uno tras otro, pero, de algún modo u otro, el cuerpo de aquel viejo burro no se inmutaba ante el dolor. En el fondo, le divertía la confusión.
El burro viejo caminaba en círculos, con el palo extendido, buscando algo en el aire. De vez en cuando lanzaba un golpe en falso, aunque intentaba hacerlo con la suavidad de un padre que cuida a sus hijos. La voz de Silencio se escuchaba entre la muchedumbre, chillando como si intentara darle instrucciones… pero el pequeño mono era más bromista que ayudante. Zhang, mareado, resopló de nuevo. - Si no le doy a ese burro pronto… me van a dejar peor que a él - y con un galope decidido, avanzó en la dirección que creía correcta, golpeando sin querer a una que otra persona entrometida.
Zhang Guolao
"El vacío no se mueve, pero lo contiene todo"
❄ La Calma del Vacío
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