11-08-2025, 12:32 AM
El primero en acudir a cubierta fue Shoto. El birkaniano había realizado los preparativos necesarios en el barco y ahora estaba listo para misión de campo. Finalmente, Sohem y Lustig acudieron al lugar, dando por finalizados los preparativos. Sohem estaba pertrechado y listo para la batalla. Al llegar llamó nuestra atención mientras se acercaba con paso solemne y tras mi pregunta, una mirada de ansia por la batalla estalló entre los agujeros de Geheimnis. El dragón estaba preparado para asediar Foodvalten. Espetó que el rumbo estaba al frente y que el objetivo era matar a todo aquello que se pusiera entre nosotros y la conquista del lugar, por lo que no había nada más que comentar. Sonreí con la misma ansia por entrar en batalla que él mientras apoyaba su mano en mi hombro, respondiendo yo colocando la mía sobre su codo y asintiendo mientras me ordenaba no contenerse. Tras esto, ordenó a Shoto analizar y ser el hombre en la silla, ahora que estaba mucho más versado y preparado para cualquier situación, pidiéndole también que se quedara con Lustig. Tras mandar a la bestia con el científico, se posicionó en estribor mientras nos acercábamos a una especie de muelle, pudiendo comenzar así el asalto. El Kaiser Panzer avanzó estoico y seguro hasta el muelle, mientras yo escrutaba este con ojo de cirujano. Eran un par de placas metálicas sin nada reseñable, de considerable tamaño, y estas hacían las veces de una especie de muelle que nos permitiría atracar y poner pies en la tierra. En el muelle, cercanos a una estructura que no lograba identificar bien, se encontraban varios sujetos, todos trajeados y observando hacia el mar, custodiando las puertas de lo que debía ser la entrada a Foodvalten. Ya esperábamos defensas. No sabíamos cuántas realmente, pero era de esperar que el magnate Nitobo tuviera gente destinada a guardar sus lindes. No obstante, ni a mí, ni a Shoto, ni mucho menos al jefe, nos importaba una mierda cuantos estuvieran allí. No eran suficientes. El lugar estaba plagado de Den Den Mushis. Algunos de ellos normales y corrientes -más allá de su descomunal tamaño- y otros en la ladera de la montaña que parecían observar todo sin perder detalle. — ¿Con público? Me sirve. — pensé mientras observaba los Den Den Mushi visuales gracias a mi perspicaz vista.
Cuando apenas unos treinta metros nos separaban del muelle, una mujer rubia se acercó espada en mano y protegida por los demás escoltas mientras vociferaba hacia un Den Den Mushi que nos alejáramos. El sonido reverberó gracias al gran caracol altavoz en el extremo del muelle, advirtiendo que en caso de no marcharnos, usarían la fuerza. — ”La fuerza”, dice. — dije mirando a Shoto con una mueca burlona casi al borde de estallar de risa para, acto seguido, crujir mi cuello de lado a lado. — It’s showtime. — dije entre dientes para, sin pensarlo demasiado, girarme hacia el muelle y lanzarme de un salto con Shimei Kaeru empuñada por mi zurda. El jefe dijo que sin contenerse, así que estaba vez tomaré la iniciativa. El vuelo describió una parábola perfecta que culminó entre los diez integrantes de la defensa, permitiéndome así desenfundar el negro filo de mi espada y girar violentamente para deshacerme de ellos. Grandes cortes y laceraciones se propinaron en unas décimas de segundos en las que la sangre salpicó hacia todas las direcciones de la placa metálica de muelle, haciendo que se formaba un tenue círculo de color carmesí a mi alrededor mientras los guardias caían derrotados y yo me erguía. Llevando mi filo a la altura de la cara apuntando la palma a mis ojos, realicé un barrido rápido como si apartara una cortina de fina seda, llevando la katana en un arco descendente hasta mi costado izquierdo con precisión milimétrica y dejando la hoja a cuarenta y cinco grados perfectos contra el suelo, permitiendo así que la sangre que se quedó adherida al acero saliera disparada al metal del suelo, esparciéndose del impacto en un charco extenso.
— Compañeros, con permiso, buenas tardes. — dije mientras observaba el estropicio y esperaba el desembarco del jefe.
Cuando apenas unos treinta metros nos separaban del muelle, una mujer rubia se acercó espada en mano y protegida por los demás escoltas mientras vociferaba hacia un Den Den Mushi que nos alejáramos. El sonido reverberó gracias al gran caracol altavoz en el extremo del muelle, advirtiendo que en caso de no marcharnos, usarían la fuerza. — ”La fuerza”, dice. — dije mirando a Shoto con una mueca burlona casi al borde de estallar de risa para, acto seguido, crujir mi cuello de lado a lado. — It’s showtime. — dije entre dientes para, sin pensarlo demasiado, girarme hacia el muelle y lanzarme de un salto con Shimei Kaeru empuñada por mi zurda. El jefe dijo que sin contenerse, así que estaba vez tomaré la iniciativa. El vuelo describió una parábola perfecta que culminó entre los diez integrantes de la defensa, permitiéndome así desenfundar el negro filo de mi espada y girar violentamente para deshacerme de ellos. Grandes cortes y laceraciones se propinaron en unas décimas de segundos en las que la sangre salpicó hacia todas las direcciones de la placa metálica de muelle, haciendo que se formaba un tenue círculo de color carmesí a mi alrededor mientras los guardias caían derrotados y yo me erguía. Llevando mi filo a la altura de la cara apuntando la palma a mis ojos, realicé un barrido rápido como si apartara una cortina de fina seda, llevando la katana en un arco descendente hasta mi costado izquierdo con precisión milimétrica y dejando la hoja a cuarenta y cinco grados perfectos contra el suelo, permitiendo así que la sangre que se quedó adherida al acero saliera disparada al metal del suelo, esparciéndose del impacto en un charco extenso.
— Compañeros, con permiso, buenas tardes. — dije mientras observaba el estropicio y esperaba el desembarco del jefe.
Resumen
Bélico
Haki
Inventario

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