12-08-2025, 07:27 PM
Mis compañeros parecieron entender las indicaciones - breves y sencillas - a la perfección.
Viktor tomó la vanguardia asumiendo su papel de mano ejecutora. Algo que en estos dos años había terminado de calar en él. Entendía que antes de mancharme yo mi mano, se mancharía él los filos de sus katanas. Y eso era la mar de práctico pues no sólo me permitía ahorrar esfuerzos y energías de cara a lo que fuese a venir después, si no que transmitía cierta sensación de invulnerabilidad por mi parte que me hinchaba el ego. Esa presencia de no necesitar hacer nada porque tus enemigos no están a tu altura... era algo con lo que inconscientemente había estado soñando años, y que no sabía lo que me gustaba hasta que lo había probado en mis propias carnes — ¡Gente de Foodvalten! — grité desde el navío — ¡La época de Nitrombos ha terminado! — declaré con seguridad — ¡Reclamo esta tierra en nombre del progreso! ¡Rendíos y disfrutad de los beneficios del nuevo mundo que voy a construir, o luchad y morid! — proclamé dando un aviso y una oportunidad para unirse a los presentes. Realmente cuanta más gente pudiera mantener en este asedio, mejor comprenderíamos antes cómo funciona todo en la isla, y más rápido podríamos ir consiguiendo crear el ejército que estaba ideando.
Viktor y Shoto hablaban de algo a mis espaldas y, como un resorte milimétricamente preparado, Viktor saltó al muelle al terminar mis palabras aterrizando entre los presentes y acabando por sesgar a todos ellos de forma rápida y sin complicaciones — Wryyy ha ha ha ha... — reí por lo bajo viendo como caían esos 'guardias' y volví a alzar la voz — ¡El mensaje es para todos los que estáis al otro lado del Den Den Mushi! — maticé y haciendo un gesto con la mano indicando al científico que moviese el culo — Tira el ancla y baja — le ordené, y flexioné mis cuádriceps para saltar con toda la fuerza que me era posible zarandeando el navío y frenando su avance aterrizando con las piernas completamente flexionadas a diez metros por delante de Viktor. Mi cuerpo se arqueó con el aterrizaje y extendí el brazo hacia fuera, mientras la capa de plumas se ondulaba con el viento. Chasqueé la lengua nuevamente mientras me erguía, y di un par de pasos hacia el Den Den Mushi más cercano — Sed buenos. Ahora trabajáis para mi — dije sonriendo y continué caminando hacia el ascensor, mirando hacia la parte alta del mismo llevándome la mano a modo de visera. Era una distancia considerable, y pensé en saltarla pero no creía que pudiera abarcarla por completo. Además, menos mal que el traje ya no era tan verde, si no entre eso y estos saltos...
Sin dejar de sonreír, volví a flexionar las piernas con fuerza para calentar y estirar los músculos, esperando a que mis compañeros llegasen a mi lado, o tal vez estaba evitando montarme en ese cacharro... Pero no había llegado hasta aquí para echarme atrás ahora. Lo que tenía que hacer era alcanzar esa cima a cualquier costo, así que entré en el ascensor y me quedé observando la palanca que parecía su único engranaje y mecanismo. Pero como estas cosas no eran lo mío y no me fiaba por si acaso... — ¡¡SHOOOOTOOOOO!! — dije gritando, mirando en su dirección y señalando con el dedo índice la palanca, esperando que hicieran lo que tenían que hacer. ¿Qué era yo, ingeniero? Que tirase él de las palancas.
Viktor tomó la vanguardia asumiendo su papel de mano ejecutora. Algo que en estos dos años había terminado de calar en él. Entendía que antes de mancharme yo mi mano, se mancharía él los filos de sus katanas. Y eso era la mar de práctico pues no sólo me permitía ahorrar esfuerzos y energías de cara a lo que fuese a venir después, si no que transmitía cierta sensación de invulnerabilidad por mi parte que me hinchaba el ego. Esa presencia de no necesitar hacer nada porque tus enemigos no están a tu altura... era algo con lo que inconscientemente había estado soñando años, y que no sabía lo que me gustaba hasta que lo había probado en mis propias carnes — ¡Gente de Foodvalten! — grité desde el navío — ¡La época de Nitrombos ha terminado! — declaré con seguridad — ¡Reclamo esta tierra en nombre del progreso! ¡Rendíos y disfrutad de los beneficios del nuevo mundo que voy a construir, o luchad y morid! — proclamé dando un aviso y una oportunidad para unirse a los presentes. Realmente cuanta más gente pudiera mantener en este asedio, mejor comprenderíamos antes cómo funciona todo en la isla, y más rápido podríamos ir consiguiendo crear el ejército que estaba ideando.
Viktor y Shoto hablaban de algo a mis espaldas y, como un resorte milimétricamente preparado, Viktor saltó al muelle al terminar mis palabras aterrizando entre los presentes y acabando por sesgar a todos ellos de forma rápida y sin complicaciones — Wryyy ha ha ha ha... — reí por lo bajo viendo como caían esos 'guardias' y volví a alzar la voz — ¡El mensaje es para todos los que estáis al otro lado del Den Den Mushi! — maticé y haciendo un gesto con la mano indicando al científico que moviese el culo — Tira el ancla y baja — le ordené, y flexioné mis cuádriceps para saltar con toda la fuerza que me era posible zarandeando el navío y frenando su avance aterrizando con las piernas completamente flexionadas a diez metros por delante de Viktor. Mi cuerpo se arqueó con el aterrizaje y extendí el brazo hacia fuera, mientras la capa de plumas se ondulaba con el viento. Chasqueé la lengua nuevamente mientras me erguía, y di un par de pasos hacia el Den Den Mushi más cercano — Sed buenos. Ahora trabajáis para mi — dije sonriendo y continué caminando hacia el ascensor, mirando hacia la parte alta del mismo llevándome la mano a modo de visera. Era una distancia considerable, y pensé en saltarla pero no creía que pudiera abarcarla por completo. Además, menos mal que el traje ya no era tan verde, si no entre eso y estos saltos...
Sin dejar de sonreír, volví a flexionar las piernas con fuerza para calentar y estirar los músculos, esperando a que mis compañeros llegasen a mi lado, o tal vez estaba evitando montarme en ese cacharro... Pero no había llegado hasta aquí para echarme atrás ahora. Lo que tenía que hacer era alcanzar esa cima a cualquier costo, así que entré en el ascensor y me quedé observando la palanca que parecía su único engranaje y mecanismo. Pero como estas cosas no eran lo mío y no me fiaba por si acaso... — ¡¡SHOOOOTOOOOO!! — dije gritando, mirando en su dirección y señalando con el dedo índice la palanca, esperando que hicieran lo que tenían que hacer. ¿Qué era yo, ingeniero? Que tirase él de las palancas.
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Inventario
Bélico

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