[Pasado. Privado] Peace, training and a small talk
#3
Estaba tan enfocado en su entrenamiento que no notó de inmediato una presencia ajena a él en la escena, o al menos no fue hasta que escuchó su voz llegar a él, traída por la brisa suave que serpenteaba entre los árboles. Era una voz que no se alzaba más de lo necesario, modulada, y con una cadencia que evidenciaba práctica y dominio de la palabra. Aquella entonación hizo que sus ojos se desviaran ligeramente, apenas lo suficiente para captarla de reojo. La observó mientras sostenía la Guan Dao desde el asta, percibiendo que ella, aunque distante, parecía analizar cada uno de sus movimientos.

Un suspiro largo escapó de sus labios, cargado no solo de fatiga física, sino también de un extraño cúmulo de expectativa y energía contenida. La sensación de vibraciones internas le recorría el cuerpo, como si cada músculo, cada fibra, exigiera más. Ardían. No por el simple ejercicio, sino por esa necesidad insaciable de perfeccionarse. Él sabía que todavía había mucho por hacer antes de concederse el lujo del descanso.

Respondió con un leve gruñido, un sonido breve, grave y sin forma de palabra. No necesitaba responderle con frases; en ese momento, su diálogo estaba en la precisión y el peso de cada movimiento.

Reajustó el agarre y colocó la Guan Dao en posición a media asta. Respiró hondo, llenando sus pulmones hasta el límite, y entonces la hoja comenzó a bailar. Sus movimientos se transformaron en una serie de golpes perforantes, fluidos y encadenados, cada uno imaginando la defensa de un enemigo invisible. Lo veía en su mente: un adversario firme, armado, que trataba de interponer barreras contra él. Pero cada corte, cada embate, atravesaba esa defensa imaginaria. La hoja se clavaba y desgarraba, tiñéndose con la sangre ficticia de oponentes que no existían más que en su mente.

No era el daño lo que le provocaba satisfacción, sino la exactitud de su técnica en ese escenario simulado. Aunque, en el fondo, se preguntaba si realmente sería suficiente en una lucha real.

El filo descendió en un arco más brusco, y casi sin pensarlo, lanzó una estocada contra un tronco cercano. La hoja no se detuvo al primer contacto: penetró la corteza, hundiéndose hasta partir la madera en dos. El tronco cedió con un crujido seco, quedando apenas el tocón como soporte. El resto cayó a un lado, inerte.

— No es suficiente… — murmuró para sí mismo, y su voz dejó escapar un matiz más humano, cargado de frustración.

Un suspiro, esta vez más pesado, acompañó sus palabras. Con un gesto pausado, apoyó el arma y se dejó caer al suelo, adoptando una posición de piernas cruzadas. La Guan Dao descansaba verticalmente, sostenida por la parte inferior del asta, como si aún necesitara sentir su peso incluso en reposo.

Alzó la vista hacia ella. Su mirada la recorrió sin disimulo, observando detalles que quizá otro pasaría por alto. Sus ropajes no correspondían a la región; la tela, el corte, la forma en que caía sobre su figura hablaban de un origen distinto. Había en su porte una sutileza que no desentonaba con la fuerza implícita en su sola presencia, como una belleza velada por un trasfondo que él no lograba descifrar todavía.

Zhongli no respondió de inmediato a sus palabras. Simplemente, las procesó en silencio. Efectivamente, la hoja que empuñaba era más pesada que cualquier Guan Dao convencional. Pero esa desventaja aparente era, para él, parte de su perfección: un reto que, junto a su fuerza de semioni, se convertía en ventaja abrumadora.

Sus ojos se posaron en el filo. La luz del sol se reflejaba sobre él, delineando sus bordes y resaltando cada pulgada pulida. Ese brillo tenía algo hipnótico, casi tanto como la incógnita que representaba la mujer ante él. Desvió la mirada de nuevo hacia ella, repasándola de pies a cabeza con un examen meticuloso, como si quisiera asegurarse de memorizar cada trazo.

Incluso sentado, aún le superaba en altura. Aquella diferencia física solía ser motivo de incomodidad en ciertos contextos, pero en otros le servía como ventaja tácita. Aquí, no estaba seguro de si importaba. Lo cierto era que su porte, sumado a la sombra proyectada por su altura, le confería un matiz imponente incluso en reposo.

El viento volvió a deslizarse entre ellos, llevando el aroma de tierra, madera cortada y un leve toque metálico proveniente del arma. Él lo inhaló lentamente, como si quisiera grabar en su memoria ese momento, antes de decidir si continuaría con el entrenamiento o si, por una vez, permitiría que la conversación se impusiera a la práctica.
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RE: [Pasado. Privado] Peace, training and a small talk - por Zhongli Quan - 13-08-2025, 05:21 AM

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