[Pasado] Conversación con mi yo pasado
#4
Aquella amenaza se retiró la capucha con un movimiento lento, casi ceremonioso, como si quisiera grabar cada instante en mi memoria. El aire pareció espesarse a su alrededor, hasta que de pronto, un fogonazo estalló desde su espalda. La luz fue tan intensa que la noche se quebró en mil pedazos; la cubierta se iluminó como si el mismo sol hubiera descendido para observarnos. Durante esos segundos mis ojos ardieron, obligándome a entornarlos, y mi corazón dio un vuelco. No era una luz común, había algo antinatural en ella, algo que rugía con un poder que no comprendía del todo. Instintivamente, retrocedí un paso, clavando los talones en la madera húmeda. Mi cuerpo se colocó en guardia, brazos tensos, puños preparados, respiración firme. No era miedo, y lo repetí en mi mente como un mantra. No era miedo. Era precaución, el instinto salvaje de un animal que reconoce un peligro mayor y aún así se planta de frente, y era por eso que mi cuerpo estaba dispuesto a responder. Y sin embargo, incluso en ese momento, había algo que me mantenía entero. La certeza de no estar solo. A mi alrededor, aunque durmieran o descansaran en sus camarotes, estaba mi tripulación, mis Alas Negras. Ellos me habían aceptado, habían hecho de mí uno de los suyos. Esa sola idea me sostuvo, como si me envolviera una capa invisible de confianza. Me obligué a esbozar una media sonrisa, desafiante, y a recordar que en ese barco no había lugar para la derrota. Allí estaba yo, Kenzo Fujiwara, y si aquella figura quería probar su fuerza, no solo me enfrentaría a mí, sino al corazón de todos los que habían apostado por mí.

Acto seguido, aquella figura, que hasta entonces había permanecido envuelta en un halo de misterio, dejó escapar una voz profunda, grave como un trueno contenido, preguntandome si de verdad era capaz de derrotarle. Aquella voz retumbó en mi pecho, haciéndome dudar un instante de si debía atacar primero o esperar su siguiente movimiento. Fue entonces cuando se giró, lentamente, como si quisiera prolongar la tensión hasta el límite. Y allí, bajo la tenue luz que aún persistía del fogonazo, distinguí esa cara inconfundible, marcada por esa sonrisa torcida que solo podía pertenecer a una persona. Fruncí el ceño con rabia, más por la tensión acumulada que por otra cosa, pero al instante sentí cómo mis músculos se relajaban al comprender la verdad: no era un enemigo. Era Yojimbo. Mi capitán. Y, como tantas otras veces, estaba jugando conmigo. -Oye, Yojimbo...- Solté, dejando escapar un bufido entre dientes mientras bajaba la guardia. -Estaba a punto de llamar a toda la tripulación. No creo que a Triana le hubiera hecho gracia despertarse por una bromita.- El tono de mi voz llevaba aún una chispa de enojo, pero no tardó en mezclarse con un deje de alivio y hasta con un reconocimiento forzado. Avancé hacia él, dejando atrás la tensión del momento, mis botas resonando contra la madera de la cubierta. -Pero buena broma, lo admito.- Mis palabras venían acompañadas de una media sonrisa que no pude contener del todo. Y aunque mi corazón todavía latía con fuerza, esa adrenalina ya no era de miedo, sino de una extraña complicidad que solo podía nacer entre un capitán y sus nakamas.

Yojimbo me lanzó la pregunta como si fuese un anzuelo directo a mi pecho. ¿Que era lo que hacía despierto? Era una muy buena pregunta.Su voz sonó grave, pero no autoritaria, más bien como quien quiere arrancar una confesión. Yo, en cambio, no pude sostenerle la mirada. Mis hombros se encogieron solos, como si el peso de la derrota me aplastara aún en ese instante, y bajé la cabeza, sintiéndome como un niño sorprendido en una travesura. Esa sensación incómoda de estar frente a alguien que representaba una mezcla de respeto, admiración y, de alguna manera, autoridad paternal, me dejó sin aire por unos segundos. -Pues… me siento mal.- Admití al fin, con la voz algo rota, como si las palabras me quemaran la garganta. No me atreví a mirarlo directamente mientras hablaba; me limité a clavar la vista en el suelo de madera, repasando las vetas como si allí pudiera esconderme. -No pude hacer nada contra aquel perro marine…- Continué, apretando los puños al recordar el combate, el sabor amargo de la derrota clavándose de nuevo en mi memoria. Tragué saliva con dificultad, intentando no dejar que la rabia se notara demasiado, aunque ya estaba ahí, filtrándose en cada sílaba. Hice una pausa y, con un suspiro pesado, solté lo que más me dolía. -Y seguro que Aspros se quedó en la isla porque vio que soy débil… porque no quiere juntarse con un pringao’ como yo.- Al pronunciar esas palabras, sentí un nudo en el estómago. Era la verdad tal y como la veía en mi mente, desnuda y cruel. No era solo el dolor de perder, sino la idea de ser abandonado, de que alguien a quien consideraba un camarada me hubiera dejado atrás por no estar a la altura. Y en ese instante, aunque la brisa marina intentaba refrescarme el rostro, lo único que sentía era el ardor de la vergüenza y la duda clavándose como espinas bajo mi piel.
[Imagen: oSgdXs8.png]
Alas Negras
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RE: [Pasado] Conversación con mi yo pasado - por Kenzo D. Fujiwara - 19-08-2025, 08:08 AM

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