19-08-2025, 06:34 PM
(Última modificación: 19-08-2025, 06:38 PM por Max D. Bambú.)
Hace 3 años
Devon y Clark son dos sujetos de lo más desafortunados. Inicialmente eran mozos de carga de Nozama. El trabajo era duro y la paga escasa, pero uno no podía quejarse —o los reportarían a sus superiores y perderían el trabajo— y les daba para ver mundo. Quizás el problema fue ese, ver mundo. Vieron tanto mundo que terminaron por avistar un navío en la distancia. Inicialmente, como no tenía bandera negra alguna, los comerciantes iniciaron un acercamiento protocolario en caso de que fueran alguna clase de náufragos o, peor todavía, un barco mercante de eBahía, el enemigo natural de Nozama. Por suerte o por desgracia, esto último no fue el caso. El barco avistado era un navío pirata comandando por el temible capitán Juan Plata el Largo, un humano de casi tres metros de altura, extremadamente flaco, que se dedica a aterrorizar las aguas del Grand Line y, en ocasiones, a las gentes que navegan en ellas. Nozama no tuvo problema con este abordaje, ya que la compañía tiene los barcos asegurados a todo riesgo, pero Devon y Clark tuvieron la desgracia de ser arrebatados de sus puestos de mozos de carga para sustituir dos bajas en el grupo de rufianes de ultramar del capitán Juan Plata. A Nozama no le importó.
Presente
La vida es injusta para según que tipo de personas. A día de hoy, ambos desgraciados son los bufones de la tripulación. Llevan extravagantes atuendos y maquillajes y si se les olvida decir su coletilla les dan una paliza y esa noche no cenan. Ni Devon ni Clark querían hacer aquella guardia —ni nada, ya que estamos—, pero si se rebelan acabarán como ese maldito chucho. Y lo cierto es que no parece estar pasándolo demasiado bien. Viven un poco en su cabeza y otean el horizonte como quien otea una manzana en un frutero. Está ahí, pueden verlo, pero no piensan en nada mientras lo hacen. Quizás fue esto lo que les impidió ver la zorresca figura de Berry saltando y trepando por un árbol para vigilarles desde una posición segura. Quizás fue eso también lo que le permitió a Berry adentrarse en la casa por una ventana e irrumpir en medio de la habitación que estaban usando como cuarto de vigía para empezar a hacer demandas y peticiones mientras su pierna los apisonaba contra el sueño. —¿Piñatas? ¿Perrito? ¿Pífate? —Devon siempre fue el listo de los dos, lo cual no dice mucho de Clark, que en estos momentos se encuentra mirando frenéticamente las escaleras hacia el piso de abajo con la estúpida idea de salir corriendo por su vida. No para alertar a nadie, sino para dejar de estar ahí cuanto antes. Sin embargo la "ligera" patada que tambaleó los cimientos de la casa extremadamente cerca de la cara de Clark le quitó esa idea de la cabeza inmediatamente. —Dice que busca al perro, Devon. ¡Dile todo lo que sabemos!
—Tienes que decir páfate, pífate.
—Tienes razón, Devon. ¡Ahora dile todo lo que sabemos de una maldita vez, páfate!—Es que luego nos dejan sin cenar, pífate...
—¡Díselo ya!
—¡Clark! ¡Pífate!
—¡PÁFATE!
Después de gritarse el uno al otro un rato y con evidentes ganas de que una de tus poderosas piernas descienda sobre el cráneo del otro, finalmente se tranquilizan y Devon empieza a darte las respuestas que necesitas. —Sí, sí, somos "piñatas", ¡pero contra nuestra voluntad, pífate!
—¡Sí! ¡Nos secuestraron hace tres años ya y no podemos huir, páfate!
—¡Y nos obligan a vestirnos así y a hablar como idionas, pífate!
—¡O si no, nos dejan sin cenar, páfate!
—¡Ayúdanos, por pífate!
—¡Por páfate!
Ambos empiezan a llorar cómicamente, como si fueran niños con cuerpos demasiado grandes ya. —¡Tienen al dichoso chucho en el barco, al este de la isla, pífate! —dice Devon, después de haber llorado un rato y sorbiéndose los mocos al no disponer de sus manos para ayudarse.
—¡Llevan muchos días intentando gestionar el traslado, pero el maldito animal es demasiado largo para el barco y no saben muy bien cómo llevárselo, páfate!
—¡Están todos allí! ¡Nos mandaron a vigilar porque no les apetece tenernos delante! ¡Te ayudaremos a llegar si nos sueltas, pífate!
—¡Y no les digas que me olvidé de la coletilla, páfate!
A través de tu kaki, puedes discernir que lo que dicen es la verdad. No parecen buenos mentirosos, de todas formas. Las sensaciones predominantes en sus auras son de ansiedad e impotencia, probablemente debido a que los has inmovilizado con una sola pierna y sin el menor esfuerzo.
—Tienes que decir páfate, pífate.
—Tienes razón, Devon. ¡Ahora dile todo lo que sabemos de una maldita vez, páfate!—Es que luego nos dejan sin cenar, pífate...
—¡Díselo ya!
—¡Clark! ¡Pífate!
—¡PÁFATE!
Después de gritarse el uno al otro un rato y con evidentes ganas de que una de tus poderosas piernas descienda sobre el cráneo del otro, finalmente se tranquilizan y Devon empieza a darte las respuestas que necesitas. —Sí, sí, somos "piñatas", ¡pero contra nuestra voluntad, pífate!
—¡Sí! ¡Nos secuestraron hace tres años ya y no podemos huir, páfate!
—¡Y nos obligan a vestirnos así y a hablar como idionas, pífate!
—¡O si no, nos dejan sin cenar, páfate!
—¡Ayúdanos, por pífate!
—¡Por páfate!
Ambos empiezan a llorar cómicamente, como si fueran niños con cuerpos demasiado grandes ya. —¡Tienen al dichoso chucho en el barco, al este de la isla, pífate! —dice Devon, después de haber llorado un rato y sorbiéndose los mocos al no disponer de sus manos para ayudarse.
—¡Llevan muchos días intentando gestionar el traslado, pero el maldito animal es demasiado largo para el barco y no saben muy bien cómo llevárselo, páfate!
—¡Están todos allí! ¡Nos mandaron a vigilar porque no les apetece tenernos delante! ¡Te ayudaremos a llegar si nos sueltas, pífate!
—¡Y no les digas que me olvidé de la coletilla, páfate!
A través de tu kaki, puedes discernir que lo que dicen es la verdad. No parecen buenos mentirosos, de todas formas. Las sensaciones predominantes en sus auras son de ansiedad e impotencia, probablemente debido a que los has inmovilizado con una sola pierna y sin el menor esfuerzo.
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