19-08-2025, 07:58 PM
Le di un sorbo a la bebida que, sinceramente, estaba lejos de ser la obra maestra que pedí. Ni un destello de arcoíris, ni un beso de dioses, nada. A total disappointment, cariño. Pero ¿sabes qué? yo nunca me quedo con lo malo. Así que tomé el rostro del camarero entre mis manos y le planté un besito azucarado en la mejilla, dejándole un recuerdo que seguro lo haría soñar conmigo toda la noche. Luego, como si fuera la estrella de un espectáculo de variedades, giré en el asiento y volví mi atención a mi público.
Mis ojos exploraban cada rincón, buscando el escenario perfecto para desatar la magia. Yo quería tocar, provocar, incendiar un poquito de pasión en cada rincón del bar. Y entonces, honey, la vi. La camarera. ¡Por Dios y todos los pecados! Aquellos pechos parecían esculpidos con precisión divina, proporcionales, firmes, deliciosamente irresistibles. Estaba charlando con alguien en una mesa, pero yo no iba a dejar que una simple conversación me robara mi destino.
Con pasos que eran cualquier cosa menos sigilosos, me acerqué a ella. Mis manos, traviesas y atrevidas, encontraron su cintura, ascendieron por su torso hasta acariciar su cuello, lentas, juguetonas, como quien sube una escalera hacia el cielo. Mi sonrisa se curvó en pura maldad deliciosa mientras susurré cerca de su oído — You have a wonderful body… consigue unos cuantos chicos preciosos para muaaaa. —
Frente a la mesera, mis ojos no podían ignorarla: una mujer de complexión fornida, su cuerpo irradiaba un odio incontrolable. Pero, cariño, tú sabes que Rosse no se detiene ante nada, no corazón. La vi y, sin un poquito de pudor, because of course, love, I don't know those things, intenté acercarme, pero algo de pronto me detuvo. Esa mujer tenía cicatrices, unas que parecían doler, arder de hecho, como si todo aún estuviera abierto en su piel. Su mirada me pausó, me aclamó que no siguiera porque seguramente no podría contenerse y terminaría matándome. Sus ojos parecían los de un cazador, and tonight I wanted to hunt, not be the prey, honey.
Un escalofrío recorrió mi columna, pero mi sonrisa traviesa se mantuvo firme, porque aunque los juegos de peligro me excitan, siempre se cuándo bailar y cuándo pausar el espectáculo. — Oh cariño, tienes una cara terrible, I'll buy you a drink, or maybe a whole bottle y despues si quieres te invito una noche bonita con cualquier chico de este bar. — le susurré con un guiño pícaro desde la distancia, manteniendo la prudencia… por ahora, porque nadie quiere acabar hecha trizas por esas manos o una espada peligrosa, honey.
Pero, oh, no podía resistirme. Mis dedos juguetones encontraron a la camarera mientras pasaba junto a ella y le di una pequeña nalgada traviesa, lo suficiente para hacerla ruborizar sin control. — Mientras tu, con ese cuerpazo, consigue un hombre para mi, se que tienes toda la capacidad mi cielo. — Mi voz se deslizaba por el aire como caricia caliente, coqueta y provocadora, demasiado lejos para que solo ella la escuchara, demasiado evidente para ignorarla… y yo, amor, estaba completamente entuciasmado con la tensión del momento.
Mis ojos exploraban cada rincón, buscando el escenario perfecto para desatar la magia. Yo quería tocar, provocar, incendiar un poquito de pasión en cada rincón del bar. Y entonces, honey, la vi. La camarera. ¡Por Dios y todos los pecados! Aquellos pechos parecían esculpidos con precisión divina, proporcionales, firmes, deliciosamente irresistibles. Estaba charlando con alguien en una mesa, pero yo no iba a dejar que una simple conversación me robara mi destino.
Con pasos que eran cualquier cosa menos sigilosos, me acerqué a ella. Mis manos, traviesas y atrevidas, encontraron su cintura, ascendieron por su torso hasta acariciar su cuello, lentas, juguetonas, como quien sube una escalera hacia el cielo. Mi sonrisa se curvó en pura maldad deliciosa mientras susurré cerca de su oído — You have a wonderful body… consigue unos cuantos chicos preciosos para muaaaa. —
Frente a la mesera, mis ojos no podían ignorarla: una mujer de complexión fornida, su cuerpo irradiaba un odio incontrolable. Pero, cariño, tú sabes que Rosse no se detiene ante nada, no corazón. La vi y, sin un poquito de pudor, because of course, love, I don't know those things, intenté acercarme, pero algo de pronto me detuvo. Esa mujer tenía cicatrices, unas que parecían doler, arder de hecho, como si todo aún estuviera abierto en su piel. Su mirada me pausó, me aclamó que no siguiera porque seguramente no podría contenerse y terminaría matándome. Sus ojos parecían los de un cazador, and tonight I wanted to hunt, not be the prey, honey.
Un escalofrío recorrió mi columna, pero mi sonrisa traviesa se mantuvo firme, porque aunque los juegos de peligro me excitan, siempre se cuándo bailar y cuándo pausar el espectáculo. — Oh cariño, tienes una cara terrible, I'll buy you a drink, or maybe a whole bottle y despues si quieres te invito una noche bonita con cualquier chico de este bar. — le susurré con un guiño pícaro desde la distancia, manteniendo la prudencia… por ahora, porque nadie quiere acabar hecha trizas por esas manos o una espada peligrosa, honey.
Pero, oh, no podía resistirme. Mis dedos juguetones encontraron a la camarera mientras pasaba junto a ella y le di una pequeña nalgada traviesa, lo suficiente para hacerla ruborizar sin control. — Mientras tu, con ese cuerpazo, consigue un hombre para mi, se que tienes toda la capacidad mi cielo. — Mi voz se deslizaba por el aire como caricia caliente, coqueta y provocadora, demasiado lejos para que solo ella la escuchara, demasiado evidente para ignorarla… y yo, amor, estaba completamente entuciasmado con la tensión del momento.
