19-08-2025, 09:45 PM
Mis golpes caen como dos truenos en la tormenta más hostil. Descendentes, agresivos, fulminantes. Sin embargo, y no menos alejado de mi asombro al empezar la batalla, el pirata vuelve a demostrar una destreza asombrosa y alarde de fuerza fuera de este mundo. Con ambas espadas es capaz de bloquear mi par de ataques. Cada uno, con una mano distinta. El filo de Yggdrasil choca con violencia contra el metal que en empuña con mestria, incapaz de romper su férrea guardia y tan solo mellando ligeramente las hojas, haciendo saltar chispas.
-Impresionante, camarada.- comento sorprendido, con ojos como platos. El tono es bajo, casi un susurro. A estas alturas, y viendo de lo que capaz, ya casi que lo considero un amigo, por mucho que nos acabemos matando. Nadie en mucho tiempo me había hecho sentir tan vivo y con tantas ganas de pelear. Para mí es algo inaudito. No era consciente del nivel tan alto que iba a encontrar en La Gran Line. Pero nada me puede hacer más ilusión. Siempre he deseado el combate, el desafío y la buena vida gamberra. Y que mejor tentempié que un rival a la altura nada más comenzar. Un espadachín enano, pero capaz de sostener tres de mis mejores golpes con total impunidad.
Aunque supongo que no todo lo bueno dura para siempre. Es cierto que aún no he sido capaz de dañarlo, pero él tampoco ha sido capaz de contraatacar o de herirme si quiera. Parece cansado, fatigado. Tal vez el limite de sus fuerzas ha sido darlo todo en sostenerme la primera embestida y ya no da para más. Quizás me he excedido y le he forzado a llegar a gastar todo su arsenal y está en un punto donde ya no puede hacerme frente. Puede que si le dejo de atacar por un rato y recuperar un poco el aire, pueda seguir dándome una buena pelea. Eso haré.
Es entonces cuando la escucho. Un grito con determinación, pasos encharcados de una segunda carga. La mujer no desiste en su empeño de querer derrotarme. En vano, por supuesto. -Que pereza...- susurro al mismo tiempo que suspiro por lo cansina que llega a ser. Aunque puedo reaccionar, la dejo que me golpee, sin girarme si quiera. Esta vez cambia de objetivo. Deja de atacarme en la cabeza para decidirse por un palazo en la pierna. El impacto resuena con fuerza entre los escombros, pero más que doler, genera picazón. De seguro me deja un moretón, pero no creo que pase de ahí. Estoy convencido de que les duele más a sus hombres el ver semejante humillación que a mí en la zona afectada. Una vez le he dejado golpearme, me giro lentamente y la encaro. La observo fijamente, imponente desde lo alto. Mi rostro sombreado intimida al más valiente, con un rostro serio, sin emociones. Los ojos demuestran lo harto que me tiene, con un ceño fruncido que le da firmeza a mis intenciones. Yggdrasil, tan imponente como yo, descansa en mi mano derecha, preparada para actuar en cualquier momento. Entonces, frente a todos, con voz grave e imperativa, ordeno y amenazo. No con un grito primitivo. Sino con la pasividad que precede a la tormenta, la honestidad más pura convertida en promesa de muerte.
-Mira tía, te lo voy a dejar claro. Me gusta tu iniciativa y me gusta tu fuerte carácter. Para serte sincero, incluso me pones un poco.- hago una pausa de un segundo. Pese a que mi cara demuestra la más hostil de las intenciones, me es inevitable ser sincero con ella. Aunque no dudo en ponerla en su lugar rápido. -Pero estoy disfrutando de esto como un crío, y no quiero quitarle a tu colega la importancia que merece. Así que, por favor, déjame saborear el momento tranquilo o tendré que matarte por dar por culo. No te lo volveré a repetir, ¿entendido?-
Espero la respuesta. El valor que le tenga a su vida, se lo pone ella misma. Y la reacción será inmediata. Me es indiferente si el compañero me ataca por la espalda. Bueno, agradecería que respetara el duelo y se sumara a mi para pelear como guerreros. Pero no me sorprendería que, por parte de un pirata traicionero, decidiera ser poco legal. Para él hace. Él decide si quiere morir con su honor intacto o como una rata frente a sus hombres.
-Impresionante, camarada.- comento sorprendido, con ojos como platos. El tono es bajo, casi un susurro. A estas alturas, y viendo de lo que capaz, ya casi que lo considero un amigo, por mucho que nos acabemos matando. Nadie en mucho tiempo me había hecho sentir tan vivo y con tantas ganas de pelear. Para mí es algo inaudito. No era consciente del nivel tan alto que iba a encontrar en La Gran Line. Pero nada me puede hacer más ilusión. Siempre he deseado el combate, el desafío y la buena vida gamberra. Y que mejor tentempié que un rival a la altura nada más comenzar. Un espadachín enano, pero capaz de sostener tres de mis mejores golpes con total impunidad.
Aunque supongo que no todo lo bueno dura para siempre. Es cierto que aún no he sido capaz de dañarlo, pero él tampoco ha sido capaz de contraatacar o de herirme si quiera. Parece cansado, fatigado. Tal vez el limite de sus fuerzas ha sido darlo todo en sostenerme la primera embestida y ya no da para más. Quizás me he excedido y le he forzado a llegar a gastar todo su arsenal y está en un punto donde ya no puede hacerme frente. Puede que si le dejo de atacar por un rato y recuperar un poco el aire, pueda seguir dándome una buena pelea. Eso haré.
Es entonces cuando la escucho. Un grito con determinación, pasos encharcados de una segunda carga. La mujer no desiste en su empeño de querer derrotarme. En vano, por supuesto. -Que pereza...- susurro al mismo tiempo que suspiro por lo cansina que llega a ser. Aunque puedo reaccionar, la dejo que me golpee, sin girarme si quiera. Esta vez cambia de objetivo. Deja de atacarme en la cabeza para decidirse por un palazo en la pierna. El impacto resuena con fuerza entre los escombros, pero más que doler, genera picazón. De seguro me deja un moretón, pero no creo que pase de ahí. Estoy convencido de que les duele más a sus hombres el ver semejante humillación que a mí en la zona afectada. Una vez le he dejado golpearme, me giro lentamente y la encaro. La observo fijamente, imponente desde lo alto. Mi rostro sombreado intimida al más valiente, con un rostro serio, sin emociones. Los ojos demuestran lo harto que me tiene, con un ceño fruncido que le da firmeza a mis intenciones. Yggdrasil, tan imponente como yo, descansa en mi mano derecha, preparada para actuar en cualquier momento. Entonces, frente a todos, con voz grave e imperativa, ordeno y amenazo. No con un grito primitivo. Sino con la pasividad que precede a la tormenta, la honestidad más pura convertida en promesa de muerte.
Rostro de Sigurd
-Mira tía, te lo voy a dejar claro. Me gusta tu iniciativa y me gusta tu fuerte carácter. Para serte sincero, incluso me pones un poco.- hago una pausa de un segundo. Pese a que mi cara demuestra la más hostil de las intenciones, me es inevitable ser sincero con ella. Aunque no dudo en ponerla en su lugar rápido. -Pero estoy disfrutando de esto como un crío, y no quiero quitarle a tu colega la importancia que merece. Así que, por favor, déjame saborear el momento tranquilo o tendré que matarte por dar por culo. No te lo volveré a repetir, ¿entendido?-
Espero la respuesta. El valor que le tenga a su vida, se lo pone ella misma. Y la reacción será inmediata. Me es indiferente si el compañero me ataca por la espalda. Bueno, agradecería que respetara el duelo y se sumara a mi para pelear como guerreros. Pero no me sorprendería que, por parte de un pirata traicionero, decidiera ser poco legal. Para él hace. Él decide si quiere morir con su honor intacto o como una rata frente a sus hombres.
En efecto, cajita feliz

![[Imagen: MHC80qG.jpeg]](https://i.imgur.com/MHC80qG.jpeg)