21-08-2025, 01:17 AM
Escuché las voces detrás de mi, pero no me detuve. Yo quería llegar, e ir directo al grano para no dar tiempo a nadie a reaccionar, y confiaba lo suficiente en mis capacidades y en las de Viktor como para saber que si nos separábamos ninguno de los dos correría ningún peligro extremo que tener en cuenta. Aquel bicho comenzó a charlar y recibió el feedback de Viktor, una conversación rápida que pude captar gracias a mi buen sentido del oído, seguido de un estruendo metálico y poderoso que me hizo pararme por un segundo y mirar por encima del hombro hacia atrás. Viktor había cortado la cadena que funcionaba con las poleas para elevar el ascensor, y este se había precipid¡tado hacia abajo. Bufé sonriendo de medio lado. Viktor estaba tratando de cortar el acceso a los posibles refuerzos que fueran a venir a por nosotros. Era inteligente y resolutivo, y junto con su lealtad era lo que más valoraba, por encima de su propia fuerza. Como también valoraba la inteligencia de Shoto, quien estaba armando con unos chismes e ignoré completamente.
— ¡Oe! ¡Voy tirando! — grité a mis compañeros antes de comenzar a caminar de nuevo en dirección a la ciudad, viendo como Lustig olfateaba al perro con lenguaje extraño — Si quiere formar parte que mueva el culo, y si no matadlo. No se queda nadie atrás para mandar mensajes — repliqué, y ahí comencé a caminar haciendo un gesto con la mano para tratar de indicarles que me siguieran. No quería - ni podía - perder más tiempo. Cada segundo era importante a la hora de gestionar y realizar un asedio, pues cuanto más tardásemos más tiempo tendrían para organizarse, preparar trampas, tropas, obstáculos, y en definitiva organizar la defensa. Y la realidad es que, independientemente de no tener problema con arrasar con todo y con todos en la isla, no quería tener que matar a mis futuros hombres y destruir mi futura casa y si podía conseguir mi objetivo cansándome sólo un poquito, lo prefería antes que tener que cansarme un muchito.
Fuera como fuere, la charla insípida con el perro con camisa ese no iba a detenerme ni un minuto más. Podría estar tratando de ganar tiempo, podría ser un agente de vanguardia adelantado para atacarnos, y hasta podría ser alguien que nos guiase a una trampa. Así que si quería colaborar y tanto odiaba a Nintongo que nos siguiera y viviera el mismo camino que nosotros. El plan era sencillo: De frente y apartar todos los obstáculos, de una forma u otra. Y ni la ciudad frente a mi ni todas las tropas y trampas posibles ocultas en ella me iban a frenar. Ya había sacrificado un brazo y mucho dinero para llegar hasta aquí y era un pago más que elevado para el paseo que tenía que darme hasta encontrarme con el hijo de puta que estaba ocupando mi sillón.
— ¡Oe! ¡Voy tirando! — grité a mis compañeros antes de comenzar a caminar de nuevo en dirección a la ciudad, viendo como Lustig olfateaba al perro con lenguaje extraño — Si quiere formar parte que mueva el culo, y si no matadlo. No se queda nadie atrás para mandar mensajes — repliqué, y ahí comencé a caminar haciendo un gesto con la mano para tratar de indicarles que me siguieran. No quería - ni podía - perder más tiempo. Cada segundo era importante a la hora de gestionar y realizar un asedio, pues cuanto más tardásemos más tiempo tendrían para organizarse, preparar trampas, tropas, obstáculos, y en definitiva organizar la defensa. Y la realidad es que, independientemente de no tener problema con arrasar con todo y con todos en la isla, no quería tener que matar a mis futuros hombres y destruir mi futura casa y si podía conseguir mi objetivo cansándome sólo un poquito, lo prefería antes que tener que cansarme un muchito.
Fuera como fuere, la charla insípida con el perro con camisa ese no iba a detenerme ni un minuto más. Podría estar tratando de ganar tiempo, podría ser un agente de vanguardia adelantado para atacarnos, y hasta podría ser alguien que nos guiase a una trampa. Así que si quería colaborar y tanto odiaba a Nintongo que nos siguiera y viviera el mismo camino que nosotros. El plan era sencillo: De frente y apartar todos los obstáculos, de una forma u otra. Y ni la ciudad frente a mi ni todas las tropas y trampas posibles ocultas en ella me iban a frenar. Ya había sacrificado un brazo y mucho dinero para llegar hasta aquí y era un pago más que elevado para el paseo que tenía que darme hasta encontrarme con el hijo de puta que estaba ocupando mi sillón.
Resumen
Inventario
Bélico

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