26-08-2025, 01:52 AM
Varios encuentros, unos más fortuitos, otros menos, y los que fueron menos le habían marcado negativamente. Había llegado a conservar el mal humor por algunos días, pero nada que su imagen impoluta no pasara desapercibida. El calor, para colmo, era abrasador esos días, nada agraciado con su traje impecable al que estaba habituado. El humo del tabaco lo aliviaba, pese al daño futuro que pudiera ocasionar en sus pulmones, pero por el momento, nada relevante. Ahora mismo, al menos, tenía a alguien nuevo en la cama. Nada nuevo, una nueva noche de desenfreno para aliviar su estrés, usando el sexo como método de fuga para ello. El sol le daba directamente en la cara y parpadeaba para habituarse a la iluminación.
Se sentó en la cama, con calma, pasando su mano alrededor de su cuello para relajar los músculos, apartando las sábanas. Ni se molestó en despertar a su acompañante nocturno, ni esperarlo. No era nadie relevante, probablemente en unos días hasta olvidaría su cara, o vería otra distinta. Nada nuevo. Lo que sí hizo fue abrir el cajón, donde tenía su pequeña caja de metal, donde conservaba sus cigarrillos y, mientras encendía su primero del día, dando las primeras caladas, fue hasta el armario para poder ponerse su ropa. Tres toques en la puerta lo interrumpieron mientras terminaba de acomodarse la corbata. Tres, ya algo rítmico que simbolizaba algo. No dudó, pese a que su acompañante nocturno estaba apenas despertando. Un posible conflicto en su trabajo, debía moverse.
Y así, había terminado con una mañana sin un café, sin desayuno… y para colmo la tarde ahora era abrasadora. Una pesadilla. Su estómago suplicaba por hambre, sensación que odiaba profundamente ya que, por desgracia, lo hacía viajar en recuerdos que no quería conservar, pese a ser tan lejanos. Pudo terminar sus asuntos, dejarlos atrás, pero también decidió ir por su cuenta, mientras se aflojaba la corbata. El mal humor estaba regresando y, pese a su “acción nocturna”, ahora volvía a tener un caos. ¿Motivo? El hambre, por supuesto. Solo deseaba que no hubiera más marines que molestaran a otro cocinero, como cierto encuentro desagradable. Solo de recordarlo le provocaba un gesto de disgusto en su rostro facial.
Eligió un restaurante al azar, ni siquiera se paró a contemplar si estaba bien o mal, qué tipo de comidas servían, o qué era lo que más se utilizaba. Solo entró, pasando su mano por un par de sus flequillos rebeldes, y decidió al fin sentarse en un asiento. No prestó realmente atención a su alrededor, no al menos hasta que el ruido de una campanita lo hizo elevar su mirada, justo en el momento en que estaba por encender un nuevo cigarro. Era la entrada, dejando entrever un nuevo individuo.
Fenomenal, otro monje… Últimamente parecía encontrarse con demasiados. Suspiró largamente, solo encendiendo su cigarrillo y buscando relajarse. El humo logró el efecto deseado. Lo único que esperaba era a los camareros y poder comer de una maldita vez.
![[Imagen: bgiN4Fi.png]](https://i.imgur.com/bgiN4Fi.png)
Se sentó en la cama, con calma, pasando su mano alrededor de su cuello para relajar los músculos, apartando las sábanas. Ni se molestó en despertar a su acompañante nocturno, ni esperarlo. No era nadie relevante, probablemente en unos días hasta olvidaría su cara, o vería otra distinta. Nada nuevo. Lo que sí hizo fue abrir el cajón, donde tenía su pequeña caja de metal, donde conservaba sus cigarrillos y, mientras encendía su primero del día, dando las primeras caladas, fue hasta el armario para poder ponerse su ropa. Tres toques en la puerta lo interrumpieron mientras terminaba de acomodarse la corbata. Tres, ya algo rítmico que simbolizaba algo. No dudó, pese a que su acompañante nocturno estaba apenas despertando. Un posible conflicto en su trabajo, debía moverse.
Y así, había terminado con una mañana sin un café, sin desayuno… y para colmo la tarde ahora era abrasadora. Una pesadilla. Su estómago suplicaba por hambre, sensación que odiaba profundamente ya que, por desgracia, lo hacía viajar en recuerdos que no quería conservar, pese a ser tan lejanos. Pudo terminar sus asuntos, dejarlos atrás, pero también decidió ir por su cuenta, mientras se aflojaba la corbata. El mal humor estaba regresando y, pese a su “acción nocturna”, ahora volvía a tener un caos. ¿Motivo? El hambre, por supuesto. Solo deseaba que no hubiera más marines que molestaran a otro cocinero, como cierto encuentro desagradable. Solo de recordarlo le provocaba un gesto de disgusto en su rostro facial.
Eligió un restaurante al azar, ni siquiera se paró a contemplar si estaba bien o mal, qué tipo de comidas servían, o qué era lo que más se utilizaba. Solo entró, pasando su mano por un par de sus flequillos rebeldes, y decidió al fin sentarse en un asiento. No prestó realmente atención a su alrededor, no al menos hasta que el ruido de una campanita lo hizo elevar su mirada, justo en el momento en que estaba por encender un nuevo cigarro. Era la entrada, dejando entrever un nuevo individuo.
Fenomenal, otro monje… Últimamente parecía encontrarse con demasiados. Suspiró largamente, solo encendiendo su cigarrillo y buscando relajarse. El humo logró el efecto deseado. Lo único que esperaba era a los camareros y poder comer de una maldita vez.
![[Imagen: bTjgVIr.png]](https://i.imgur.com/bTjgVIr.png)
