26-08-2025, 10:40 PM
(Última modificación: 26-08-2025, 10:41 PM por Max D. Bambú.)
El mundo se paralizó brevemente. Por un lado, la horda de piratas buscando como locos a alguien responsable del ataque para que la tripulación no pague la ofensa al contramaestre. Por otro, el capitán pirata mirando con una mezcla de sorpresa e ira su barco destrozado. ¿Cuánto tiempo y dinero había perdido ya intentando llevarse al puto chucho para venderlo al mejor postor en otra isla? Demasiado. El perro no era excepcionalmente fuerte, ni veloz, ni peligroso, sólo es largo de cojones y se dedica a viajar de isla en isla comiendo animales pequeños. Está harto. Harto del perro y de su barco roto y de no poder dormir en su camarote porque está bloqueado por una parte del cuerpo del animal. Si por él fuera lo mataba ahí mismo y se iba con lo que queda de su barco a otra isla más prometedora. El contramaestre, por su parte, sólo piensa en la afrenta cometida. La carne, su espalda engrasada, el perro agitándose. Una vena en su sien palpita peligrosamente mientras su mano empieza a entumecerse de lo fuerte que está agarrando su látigo. Levanta su arma una vez más para propinarle un latigazo al perro. Para ponerlo en su sitio. Para vengarse por algo que no ha hecho. Para maltratarlo como le han maltratado a él. Pero el latigazo no llega. Lo que llega es el dolor. El dolor porque de repente su pierna izquierda se hundió en la arena por la potencia de un impacto que no vio venir, que nadie vio venir. De su boca emergió un aullido gutural de puro dolor. Su brazo derecho descendió sin fuerza alguna. El látigo no se catapultó contra el perro, que de repente tenía delante suya el suculento trozo de carne lleno de arena que tanto necesitaba. Haciendo caso omiso de la situación, empezó a comer con desesperación. —¡Quién eres! —La voz del capitán se alza sobre todas las demás a caballo entre la furia y la sorpresa. Lo que acaba de ver no es normal. Una mink ha aparecido de la nada y ha golpeado con tal fuerza a su contramaestre que su pierna se había coloreado de negro al instante. No es propio de Juan Largo tener miedo, pero es que ni siquiera había visto aparecer a la zorra.
No le gusta la oferta que traes junto con tus patadas. Es, de hecho, más una humillación que un trato justo, pero Juan Largo el Plata está hasta los huevos de lidiar con el animal. El capitán traga saliva mientras delibera. Alza su mano izquierda para detener a la horda de grumetes que ya estaba cargando con fiereza hacia ti. —Deja de aullar, Jaime, te recuperarás. —Con esta reprimenda, el contramaestre guarda silencio repentinamente. Se apagan sus quejidos y se queda muy quieto por temor a ofender a su capitán con una interrupción. —Mi tripulación bastaría para acabar contigo... pero lo que ofreces me favorece. Llévate a este animal inmundo lejos de aquí. Ya saldaremos cuentas algún día, pues te has entrometido en los asuntos del futuro rey de los piratas, muchacha. —El capitán escupe al suelo y manda a sus grumetes alejarse con otro gesto. —Jaime, deja de llorar y vente conmigo de una vez. Dejemos espacio a la zorra para que se lleve lo que ha venido a buscar. —En su voz no hay la menor compasión por el herido, que se levanta y se aleja medio cojeando de tu lado hacia su capitán. Éste ni le mira al pasar, pues sus ojos están clavados en los tuyos. —Te recordaré, mink. —Anuncia en voz alta y se da la vuelta sin mayor ceremonia, alejándose de la playa para darte el espacio necesario para trabajar.
Un grave ladrido a tus espaldas te indica que el perro ha terminado de comer lo que le has ofrecido. Olisquea sonoramente con su nariz tus bolsillos en busca de más alimento, pero no encuentra lo que busca en ellos. Su cuerpo empieza a moverse lentamente por toda la playa y el navío medio destrozado. Necesitará de tu ayuda para soltarse de algunas partes, pero parece tener la intención de marcharse en una dirección diferente a la que han tomado los piratas ahora que es libre. Camina lentamente, guiándose con las patas delanteras, pero contorneando su masivo cuerpo como si de una serpiente gigante se tratara. Quizás el sufrido animal se dirija a la siguiente isla por su cuenta. Sea como fuere, tu misión ha sido un éxito. Has ahuyentado a los piratas con una proeza física de gran poder, pero no has acabado con ellos. Es muy posible que te recuerden y que se conviertan en tus enemigos a partir de este día.
Pero eso es un problema del mañana, Berry.
No le gusta la oferta que traes junto con tus patadas. Es, de hecho, más una humillación que un trato justo, pero Juan Largo el Plata está hasta los huevos de lidiar con el animal. El capitán traga saliva mientras delibera. Alza su mano izquierda para detener a la horda de grumetes que ya estaba cargando con fiereza hacia ti. —Deja de aullar, Jaime, te recuperarás. —Con esta reprimenda, el contramaestre guarda silencio repentinamente. Se apagan sus quejidos y se queda muy quieto por temor a ofender a su capitán con una interrupción. —Mi tripulación bastaría para acabar contigo... pero lo que ofreces me favorece. Llévate a este animal inmundo lejos de aquí. Ya saldaremos cuentas algún día, pues te has entrometido en los asuntos del futuro rey de los piratas, muchacha. —El capitán escupe al suelo y manda a sus grumetes alejarse con otro gesto. —Jaime, deja de llorar y vente conmigo de una vez. Dejemos espacio a la zorra para que se lleve lo que ha venido a buscar. —En su voz no hay la menor compasión por el herido, que se levanta y se aleja medio cojeando de tu lado hacia su capitán. Éste ni le mira al pasar, pues sus ojos están clavados en los tuyos. —Te recordaré, mink. —Anuncia en voz alta y se da la vuelta sin mayor ceremonia, alejándose de la playa para darte el espacio necesario para trabajar.
Un grave ladrido a tus espaldas te indica que el perro ha terminado de comer lo que le has ofrecido. Olisquea sonoramente con su nariz tus bolsillos en busca de más alimento, pero no encuentra lo que busca en ellos. Su cuerpo empieza a moverse lentamente por toda la playa y el navío medio destrozado. Necesitará de tu ayuda para soltarse de algunas partes, pero parece tener la intención de marcharse en una dirección diferente a la que han tomado los piratas ahora que es libre. Camina lentamente, guiándose con las patas delanteras, pero contorneando su masivo cuerpo como si de una serpiente gigante se tratara. Quizás el sufrido animal se dirija a la siguiente isla por su cuenta. Sea como fuere, tu misión ha sido un éxito. Has ahuyentado a los piratas con una proeza física de gran poder, pero no has acabado con ellos. Es muy posible que te recuerden y que se conviertan en tus enemigos a partir de este día.
Pero eso es un problema del mañana, Berry.
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