27-08-2025, 08:12 PM
Mientras que Kisuke y Max entraron en la tienda, Beto optó por la opción sensible y se quedó fuera escuchando. A veces es difícil compaginar tener un gigante en la banda con las actividades de la misma, pero el titánico invidente lo gestionaba bastante bien. Escuchó atentamente lo que Robin estaba diciendo después de haber limpiado su mesa. Un millar de hombres era bastante gente, pero no tenía duda alguna de que lograrían vencerlos de darse la necesidad. ¿Cuál sería el alcance de su haoshoku en caso de necesitarlo? Desconocía el poder absoluto de su voluntad, ya que nunca la había empleado contra tanta gente y lo único que sabía de los hakis era lo que había averiguado a través de la experiencia. Stutely intervino para aclarar que la cifra podría acercarse más al millar y medio. Max emitió un leve silbido ante semejante cantidad de gente. —Sin duda un contingente a tener en cuenta. —Lo comentó mientras imaginaba cómo lo abarcarían entre él y Kisuke, pero le restó importancia en tanto que ya se las apañarían con el tema. No era probable que se enfrentasen a 1500 personas de golpe, de todas formas, ya que eso requeriría una gestión militar del más alto nivel contra un grupo extremadamente pequeño de gente. La mención de la guardia personal del rey le emocionó un poco. Sin duda su objetivo principal era Jamonada, pero saber que había una cantidad tan grande de enemigos interesantes hacía que su lado más belicoso palpitase eufórico.
Asintió, una vez comenzó la explicación del plan, ante la afirmación de que un ataque frontal sería de lo más imprudente. Con su fruta podían ahorrarse esas tonterías de ir de frente y a pecho descubierto, aunque la idea fuera emocionante. Miró con atención el mapa y trató de quedarse con todos los puntos estratégicos en su cabeza. Al oeste estaba el arsenal. Cerró los ojos un momento para intentar recordar dónde estaba el oeste. —Veamos, al llegar había un árbol justo en el norte y luego torcimos a la derecha... y luego aquella tienda... El oeste está por allí. —Miró de reojo en la dirección que creía que podía ser el oeste, justo por donde estaba el catre de Robin. Sin duda alguna el arsenal representaba una opción muy atractiva como alternativa a ir de frente a por el castillo. Disponer de cañones para dinamitar las defensas de la fortaleza podría resultar crucial para el asedio. La prisión le llamó la atención por lo simbólico de su existencia. Allí esperan su final los camaradas externos de la revolución. La gente que tiene el corazón en su sitio y que lleva luchando por sus derechos y esperando al Ejército desde sabe dios cuánto tiempo. Mentiría si dijera que la opción no le atraía más que el arsenal, pero entendería que Kisuke escogiese el arsenal primero, porque sería la opción más lógica dada la fuerza que representaban ellos dos juntos. El hospital y la reserva de alimentos. Quizás esta última fuera una opción igualmente válida para asaltar. Max leyó mucho en su juventud a un filósofo del East Blue, Zsun Tú, que hablaba mucho de la importancia de las vías de suministro. Nadie se da cuenta de cuánto come la gente hasta que tiene dificultades para alimentar a un millar de personas. Lo rápido que se acaba la comida. Lo rápido que las tropas se desmoralizan con el estómago vacío.
Así pues, la propuesta era sencilla: los toros negros irían a un enclave, probablemente uno de los más complicados, y las tropas de Robin irían a otro menos protegido. Dos golpes simultáneos contra el reino. Kisuke no tardó en intervenir con su propuesta, la cual coincidía plenamente con lo que Max había tenido en consideración. —En efecto el arsenal parece la opción más ventajosa para la causa. —Confirmé, quedándome de brazos cruzados mientras meditaba en el resto de palabras de Kisuke. —Diría que cuanto antes mejor. Acabamos de llegar a la isla, todavía no se han dado cuenta de quiénes somos y aunque estén algo más alerta que de costumbre es posible que ni siquiera se esperen un ataque a uno de los puntos más defendidos. Nuestros valerosos camaradas aquí presentes podrán corregirme si me equivoco. —Les dediqué una sonrisa alentadora y esperé sus respuestas.
Asintió, una vez comenzó la explicación del plan, ante la afirmación de que un ataque frontal sería de lo más imprudente. Con su fruta podían ahorrarse esas tonterías de ir de frente y a pecho descubierto, aunque la idea fuera emocionante. Miró con atención el mapa y trató de quedarse con todos los puntos estratégicos en su cabeza. Al oeste estaba el arsenal. Cerró los ojos un momento para intentar recordar dónde estaba el oeste. —Veamos, al llegar había un árbol justo en el norte y luego torcimos a la derecha... y luego aquella tienda... El oeste está por allí. —Miró de reojo en la dirección que creía que podía ser el oeste, justo por donde estaba el catre de Robin. Sin duda alguna el arsenal representaba una opción muy atractiva como alternativa a ir de frente a por el castillo. Disponer de cañones para dinamitar las defensas de la fortaleza podría resultar crucial para el asedio. La prisión le llamó la atención por lo simbólico de su existencia. Allí esperan su final los camaradas externos de la revolución. La gente que tiene el corazón en su sitio y que lleva luchando por sus derechos y esperando al Ejército desde sabe dios cuánto tiempo. Mentiría si dijera que la opción no le atraía más que el arsenal, pero entendería que Kisuke escogiese el arsenal primero, porque sería la opción más lógica dada la fuerza que representaban ellos dos juntos. El hospital y la reserva de alimentos. Quizás esta última fuera una opción igualmente válida para asaltar. Max leyó mucho en su juventud a un filósofo del East Blue, Zsun Tú, que hablaba mucho de la importancia de las vías de suministro. Nadie se da cuenta de cuánto come la gente hasta que tiene dificultades para alimentar a un millar de personas. Lo rápido que se acaba la comida. Lo rápido que las tropas se desmoralizan con el estómago vacío.
Así pues, la propuesta era sencilla: los toros negros irían a un enclave, probablemente uno de los más complicados, y las tropas de Robin irían a otro menos protegido. Dos golpes simultáneos contra el reino. Kisuke no tardó en intervenir con su propuesta, la cual coincidía plenamente con lo que Max había tenido en consideración. —En efecto el arsenal parece la opción más ventajosa para la causa. —Confirmé, quedándome de brazos cruzados mientras meditaba en el resto de palabras de Kisuke. —Diría que cuanto antes mejor. Acabamos de llegar a la isla, todavía no se han dado cuenta de quiénes somos y aunque estén algo más alerta que de costumbre es posible que ni siquiera se esperen un ataque a uno de los puntos más defendidos. Nuestros valerosos camaradas aquí presentes podrán corregirme si me equivoco. —Les dediqué una sonrisa alentadora y esperé sus respuestas.
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