22-09-2023, 09:17 PM
Don Bambú se aproximó un poco más al sujeto al que le estaba hablando. Notó el temblor de la mano que sujetaba el mechero para darle fuego al cigarro y amplió su sonrisa al saber que estaba a punto de caer. —Venga, véndeme tu bill... —Pero entonces el caos se desató. De forma completamente incontrolable, la marabunta de gente que esperaba su turno para entrar en aquellos barcos tan mal organizados decidió que la espera había sido suficiente. La ausencia de una figura de autoridad imponente que los detuviese hizo un daño irreparable en la paciencia del gentío, que cargó hacia los barcos buscándose un lugar en ellos. La presión fue tal que los jóvenes marines que intentaban por todos los medios detener aquel caos fueron absorbidos por la horda de civiles y se perdió por completo la ilusión del control. El panda vio su oportunidad y se unió a la gente, no sin antes sacar su propio mechero y encender su cigarrillo. —Tuviste la oportunidad de ganar dinero, ciudadano anónimo. —Y el panda se marchó dejando tras de sí lo que sin duda sería un sujeto más aliviado que antes. Desde la perspectiva de Don Bambú, la marabunta de gente consistía mayormente en niños que, al ser incapaces de empujarle, le rodeaban echándole miradas de soslayo de vez en cuando. El panda caminó sin dificultades entre la gente hasta uno de los barcos del puerto, preguntándose en ese momento dónde estarían Kovashi, Derya, Khruner y Enma, que debían de estar ya por la zona. La respuesta a aquella pregunta pasó volando a escasos metros del panda, saltando alocadamente de civil en civil hasta uno de los barcos. Kovashi no le había detectado en su camino, pero daba igual. Don Bambú le siguió hasta el barco en el que había embarcado y llegó poco después que él a la embarcación. El barco se llenó increíblemente deprisa y zarpó de inmediato dejando el puerto y a los sollozantes marines atrás. El panda los miró con desprecio desde la cubierta de la embarcación y escupió al mar en señal de absoluto desprecio. Después se dio la vuelta y se encaminó en la dirección en la que creía que había visto al peliblanco. Sin embargo, antes de detectar a su compañero, un trozo de papel impactó sobre la cabeza del panda. Era un periódico, pero un periódico con su cara. El panda se agachó inmediatamente y lo cogió del suelo para empezar a leerlo con atención. Lo primero que identificó eran los carteles de se busca. La cara seria de Kovashi le dio los buenos días con una cifra de 35 millones seguida de la sonrisa inalterable de Derya por valor de 18,5 millones. El panda silbó sorprendido ante las cifras que habían alcanzado sus compañeros. Entonces llegó a su foto, en la que había salido bastante favorecido, aunque no recordaba haber mirado a cámara de aquella forma... Y justo después de él estaba Khruner con un precio igual al del panda: 16,5 millones. Ya podía escuchar la voz socarrona del peliblanco echándole en cara al panda que valía más del doble que él. Se imaginó a si mismo respondiéndole algo muy inteligente y muy hiriente, pero por desgracia no sabía qué respuesta era esa. La lista seguía con lo que era indudablemente un mink ornitorrinco y un... ¿Qué? —Se parece mucho a Baraqqiel... —Se dijo a sí mismo. Baraqqiel era un lunarian y su mera existencia era un milagro. Formaban parte de una raza casi extinta y muy poderosa. Entonces vio la cifra que daban por su cabeza. —Menuda jubilación. —Le dijo de nuevo al aire. Los siguientes no le interesaron tanto. Una mujer de pelo de color... seguramente era rubio, pero no lo identificaba bien, con una sonrisa que daba miedo y que valía 10 millones, un cartel de se busca adornado, una chica de pelo de otro color diferente y un... Lo último era un dibujo de un calamar o algo. Cuando terminó con los carteles, leyó las noticias que estaban en la portada. Un almirante de 16 años le devolvió la mirada con absoluta frialdad y una brillante espada. Sin embargo, el panda no tuvo tiempo de sopesar las implicaciones que tenía el hecho de ascender a menores de edad a los puestos de mayor responsabilidad en una organización como la marina porque la cara de Kovashi le devolvió la mirada desde la primera plana del periódico. Surge un grupo revolucionario bajo el liderazgo de un hombre llamado Kovashi —¡Y una mierda! ¿¡Dónde está!? —Y esta pregunta también se respondió sola, pero de una manera mucho menos agradable que la anterior.
— ¡CAPITÁN! —
El panda identificó al peliblanco en la multitud gracias al estruendo que estaba montando y se encaminó hacia él tropezando con casi todas las personas que había en su camino. Don Bambú era incapaz de evitar a gente tan pequeña. Llegó hasta él inmediatamente con el papel por encima de su cabeza. —¡Esto aún hay que disputarlo! —Protestó agitando el periódico. —Puto Edward Intha. Las noticias que escribe siempre son la basura más imprecisa y sesgada del mundo... —Retomó la lectura del artículo donde la había dejado, decía que habían estado matando civiles. —¡Bah! —Arrojó el periódico al mar desde donde estaba y se cruzó de brazos mirando a su recién nombrado líder. Kovashi parecía eufórico. —Capitán, ¿dónde están los demás? —Le siguió el juego a la broma. La verdad es que ver a su compañero de aquella forma le estaba haciendo gracia.
Entonces miró a su alrededor e identificó la presencia de la gyojin, que estaba leyendo atentamente el periódico a su lado y comentando la jugado. —Ah, Derya, no te había visto, perdón. —Se disculpó el panda. La gyojin le dio algo al capitán, era una figurita de madera bastante chula y una petaca. Ah, el alcohol. Con el tiempo el panda había aprendido que ese era el camino más rápido al corazón del espadachín.
— ¡CAPITÁN! —
El panda identificó al peliblanco en la multitud gracias al estruendo que estaba montando y se encaminó hacia él tropezando con casi todas las personas que había en su camino. Don Bambú era incapaz de evitar a gente tan pequeña. Llegó hasta él inmediatamente con el papel por encima de su cabeza. —¡Esto aún hay que disputarlo! —Protestó agitando el periódico. —Puto Edward Intha. Las noticias que escribe siempre son la basura más imprecisa y sesgada del mundo... —Retomó la lectura del artículo donde la había dejado, decía que habían estado matando civiles. —¡Bah! —Arrojó el periódico al mar desde donde estaba y se cruzó de brazos mirando a su recién nombrado líder. Kovashi parecía eufórico. —Capitán, ¿dónde están los demás? —Le siguió el juego a la broma. La verdad es que ver a su compañero de aquella forma le estaba haciendo gracia.
Entonces miró a su alrededor e identificó la presencia de la gyojin, que estaba leyendo atentamente el periódico a su lado y comentando la jugado. —Ah, Derya, no te había visto, perdón. —Se disculpó el panda. La gyojin le dio algo al capitán, era una figurita de madera bastante chula y una petaca. Ah, el alcohol. Con el tiempo el panda había aprendido que ese era el camino más rápido al corazón del espadachín.
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Karmas
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