29-08-2025, 08:48 PM
(Última modificación: 29-08-2025, 11:44 PM por Max D. Bambú.
Razón: Arreglo de algunos errores debido a que me había liado con el post del narrador.
)
Una vez acordado el objetivo del cual se encargarían los toros negros, sólo restaba trazar las planes concretos para llevar a cabo la misión. Al ser una fuerza de asalto tan pequeña, podrían usar fácilmente el poder de Max D. Bambú para ir por debajo del suelo hasta el corazón mismo del arsenal y asaltarlo desde dentro. Quizás la mayor dificultad sería la de lidiar con Beto, que es gigantesco y no ve absolutamente nada, pero teniendo en cuenta que puede transformarse en arcilla no puede ser tan difícil llevarlo con un túnel a él también. —Por la infiltración no te preocupes, tenemos herramientas para llevarla a cabo. —Afirmé con una sonrisa. Al parecer ninguno de los rebeldes había percatado de que el panda podía viajar por el subsuelo. El tema de salir al alba ya lo tenía más que interiorizado, pero le interesó mucho saber que Jamonada era un especialista en el uso de la lanza y muy peligroso en las distancias largas. Max era conocedor de los inconvenientes de pelear contra gente con armas en el cuerpo a cuerpo. Kovashi, Kisuke y Sohem son claros ejemplos de personas a las que es conveniente no acercarse sin un plan, pero los tres, en mayor o menor medida, tenían el mismo punto débil. —Lo tendremos en cuenta. —Confirmó el oso, dándole vueltas todavía al asunto. Kisuke no se hizo esperar y empezó a trazar un plan. Su propuesta le resultó al panda más interesante incluso que la que él mismo tenía en mente. En lugar de llevarse a Beto por el subsuelo, él aprovecharía su inmunidad para distraer a los guardias y tanto Don Bambú como Kisuke entrarían sin ser detectados para eliminar las amenazas desde dentro. Esta táctica era especialmente jugosa porque si bien Beto atraería la atención inicialmente, de haber alguna amenaza de mayor nivel en el interior del arsenal serían sus dos superiores los que lidiasen con ella sin poder en excesivo riesgo la vida del gigante invidente.
No tardaron mucho en terminar con la reunión y salir al exterior, donde les esperaban unas 70 personas para escuchar hablar a Robin. El joven rebelde anunció a viva voz el plan a ejecutar en la mañana, lo cual nunca es una muy buena idea, ya que no es imprescindible que el resto sepa dónde va a actuar el trío revolucionario. Si el plan se filtrase... eso sí que sería problemático.
Poco después de que comenzasen los preparativos, el trío de mujeres idénticas tanto física como espiritualmente secuestraron a Robin y se lo llevaron a descansar. El sobrino vino a disculparse y a asegurarles de que todo estaba bien, pero eso al panda no le preocupaba en absoluto. Lo que sí le preocupó fue lo de las pertenencias de Oxxy. No se sentía especialmente cómodo haciendo uso de lo que el revolucionario tenía para uso privado, pero la situación bien pudiera irse de madre muy rápido. Entre sus posesiones había una modesta selección de armas punzantes y cortantes a las cuales el panda no podía dar uso correctamente, un den den mushi y un botiquín de los grandes. Como Kisuke no tomó ninguna de las posesiones de Oxxy, Don Bambú se agenció el botiquín grande que tenía y se lo guardó en su bolsa. Algo así bastaría para salvar una situación de necesidad.
Los rebeldes también nos ofrecieron de buenísima fe lo poco que tenían de sus suministros. De entre todas las cosas, lo que más le llamó la atención fue la modesta porción de comida que estaba envuelta en unos trapos. A lo largo de sus entrenamientos de haki sus distintos maestros le dieron de comer al panda comidas sustanciosas para reponer el espíritu y continuar con el entrenamiento intensivo, de modo que vio la utilidad en tener un pequeño tentempié para algún momento crucial de la contienda. Tras pensarlo detenidamente, llegó a la conclusión de que no necesitaba ese pequeño sustento espiritual, ya que Don Bambú se había pasado los últimos dos años entrenándose precisamente para no desfallecer ante el uso excesivo del haki. Teniendo todo esto en cuenta, Don Bambú se conformó con quedarse el botiquín de Oxxy, por si algún ataque de Jamonada le hería más de la cuenta o por si alguno de sus camaradas sufriera heridas demasiado profundas.
Después de que todo el mundo estuvo preparado, el trío se encontró delante del montículo de leña donde el cuerpo de Oxxy sería reducido a cenizas. El panda nunca fue muy de funerales y prefería que ese tipo de ceremonias durasen lo menos posible. Aunque no lo llorase públicamente, el recuerdo de Oxxy perduraría por siempre en su interior. Kisuke por su parte sí que se animó a decir unas palabras. Y qué palabras. Con su discurso no sólo dejó claro que el trío revolucionario estaba ahí para librarles de la tiranía de los hombres malos, sino que además serían las gentes de Mogaro las que ganarían el control de la isla de tal modo que no habría otra tiranía en lugar de la tiranía. —¡SALUD Y REVOLUCIÓN! —Gritó en respuesta a Kisuke, cuadrándose militarmente y alzando el puño por encima de su cabeza, apretándolo con fuerza.
No tardaron mucho en terminar con la reunión y salir al exterior, donde les esperaban unas 70 personas para escuchar hablar a Robin. El joven rebelde anunció a viva voz el plan a ejecutar en la mañana, lo cual nunca es una muy buena idea, ya que no es imprescindible que el resto sepa dónde va a actuar el trío revolucionario. Si el plan se filtrase... eso sí que sería problemático.
Poco después de que comenzasen los preparativos, el trío de mujeres idénticas tanto física como espiritualmente secuestraron a Robin y se lo llevaron a descansar. El sobrino vino a disculparse y a asegurarles de que todo estaba bien, pero eso al panda no le preocupaba en absoluto. Lo que sí le preocupó fue lo de las pertenencias de Oxxy. No se sentía especialmente cómodo haciendo uso de lo que el revolucionario tenía para uso privado, pero la situación bien pudiera irse de madre muy rápido. Entre sus posesiones había una modesta selección de armas punzantes y cortantes a las cuales el panda no podía dar uso correctamente, un den den mushi y un botiquín de los grandes. Como Kisuke no tomó ninguna de las posesiones de Oxxy, Don Bambú se agenció el botiquín grande que tenía y se lo guardó en su bolsa. Algo así bastaría para salvar una situación de necesidad.
Los rebeldes también nos ofrecieron de buenísima fe lo poco que tenían de sus suministros. De entre todas las cosas, lo que más le llamó la atención fue la modesta porción de comida que estaba envuelta en unos trapos. A lo largo de sus entrenamientos de haki sus distintos maestros le dieron de comer al panda comidas sustanciosas para reponer el espíritu y continuar con el entrenamiento intensivo, de modo que vio la utilidad en tener un pequeño tentempié para algún momento crucial de la contienda. Tras pensarlo detenidamente, llegó a la conclusión de que no necesitaba ese pequeño sustento espiritual, ya que Don Bambú se había pasado los últimos dos años entrenándose precisamente para no desfallecer ante el uso excesivo del haki. Teniendo todo esto en cuenta, Don Bambú se conformó con quedarse el botiquín de Oxxy, por si algún ataque de Jamonada le hería más de la cuenta o por si alguno de sus camaradas sufriera heridas demasiado profundas.
Después de que todo el mundo estuvo preparado, el trío se encontró delante del montículo de leña donde el cuerpo de Oxxy sería reducido a cenizas. El panda nunca fue muy de funerales y prefería que ese tipo de ceremonias durasen lo menos posible. Aunque no lo llorase públicamente, el recuerdo de Oxxy perduraría por siempre en su interior. Kisuke por su parte sí que se animó a decir unas palabras. Y qué palabras. Con su discurso no sólo dejó claro que el trío revolucionario estaba ahí para librarles de la tiranía de los hombres malos, sino que además serían las gentes de Mogaro las que ganarían el control de la isla de tal modo que no habría otra tiranía en lugar de la tiranía. —¡SALUD Y REVOLUCIÓN! —Gritó en respuesta a Kisuke, cuadrándose militarmente y alzando el puño por encima de su cabeza, apretándolo con fuerza.
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