31-08-2025, 08:06 PM
¿Acaso importaba?
Mientras el mink avanzaba con nosotros, intentando llevar nuestro paso, nos iba contando cosas sobre su jefe y la isla. Al parecer su ambición por mantener su vida era la suficiente para, junto a su odio a su jefe, rogar por nuestra misericordia y proveernos de información. A fin de cuentas, la información era poder, y poder es lo que más necesitábamos. Tras presentarse ante los dos miembros del gremio, me miró como intentando que me introdujera. — V. — respondí escueto. Tras esto, el mapache comenzó a enumerar las defensas de Foodvalten. La primera línea eran los aldeanos. Los mismos habitantes de la isla hacían las veces de mano de obra como de sacos de boxeo cuando había invasiones, siendo los primeros en manchar la tierra que labraban con sus manos de sangre. Refunfuñé con una notable molestia. — Será hijo de puta… — pensé mientras asumía que cada vez me caía peor ese cabrón. Después de los aldeanos, la élite, los “Lobos de Foodvalten”, un ejército de quinientras personas aproximadamente que protegían la casa del magnate. — ¿Lobos, eh? — murmuré con una media sonrisa — Veremos si son lobos o cachorros. — pero lo peor era el plato final: al magnate Nitobo le protegía una Sichibukai a la que tenía asalariada, dijo el mapache para después advertirnos de su fuerza. Lo miré fijamente sin detener la marcha — Ren “La cazadora” Wanshot. — dije cortándole en cuanto pronunció “Ren” — Sé bien quién es. — Shoto me preguntó de manera indirecta si sabía su recompensa. — No, su última publicación debe ser antigua y no he logrado encontrar datos sobre ella. — dije negando con la cabeza. Había verdad en las palabras del parlanchín mapache, aunque no nos asustaba. Finalmente, el mink mencionó hablando con Shoto que tendría algún tipo de pasadizo secreto, pero, sinceramente, no me importaba. No iba a llegar a utilizarlo. Shoto aseguró que eso sería cosa suya, tras lo cual, guiñé el ojo a mi compañero. Se había vuelto confiable en estos años y aunque en una pelea no iba a ser el protagonista, podía confiarle cualquier cosa que alguien pudiera pensar. Porque si era factible, Shoto descubriría cómo hacerlo. Y en tiempo récord.
Antes incluso de llegar a la ciudad, a lo lejos, pude vislumbrar una enorme mansión. Un lugar lujoso de varias decenas de metros que a todas luces era el hogar de Nitobo, y por lo tanto nuestro objetivo inmediato. — Jefe. — dije llamando la atención de Sohem y señalando con un movimiento de mi cabeza hacia la mansión, orientando así nuestra marcha hacia allá, pasando por la ciudad previamente, donde Tomás decía tener su casa también. Cuando arribamos a ciudad Rupia, una muchedumbre salió a recibirnos. Mujeres, hombres, ancianos y niños empuñando toda clase de armas se acercaron a nosotros amenazantes. Unos con miedo. Otros dispuestos a pelear. — Pobres diablos… condenados a morir por un hombre que los considera una moneda prescindible y sin valor. Muchos no llegarán a las veinte primaveras y ya van a encontrar su final… — pensaba mientras nos acercábamos a ellos. Shoto fue directo, no podría herirlos. Yo tampoco podría acabar con los niños. Aunque no era necesario. Si no pretendían dejarnos pasar por las buenas, existían muchas maneras de hacerlo. — ”La amenaza de una katana mantiene en su saya a la otra”. — pensé, justo antes de dar un paso, llevando mi mano a Shimei Kaeru dispuesto a amenazar mortalmente a la multitud. Sin embargo, mi sorpresa fue tal que Sohem se adelantó.
Frenando en seco y dirigiéndose a ellos como un verdadero líder, el enmascarado pronunció un discurso tal de un rey en épocas feudales. Proponía a los habitantes dejar las armas, serle fiel para vivir bajo su mandato y, a cambio, recibir su protección directa. Iba a dejar que cada habitante de la isla se vengara de él y, después, iba a hacer de Foodvalten un gobierno próspero. Sus palabras estaban cargadas de promesas, pero también de verdad. Era la primera vez que veía a Sohem hablar así. Incluso sabiendo su pasado, sabiendo sus intenciones cuestionables para con la ley… jamás pensé en él como en un líder militar de este calibre. Un protector de aquellos bajo su mando. En ese momento un profundo respeto me conmovió e hizo vibrar mi corazón con fuerza, retumbando al son de las palabras del líder del gremio. Tras sus palabras, un tímido silencio se hizo en la ciudad. Silencio que rompí soltando la mano derecha de mi arma y elevándola al cielo con el puño cerrado.
Mientras el mink avanzaba con nosotros, intentando llevar nuestro paso, nos iba contando cosas sobre su jefe y la isla. Al parecer su ambición por mantener su vida era la suficiente para, junto a su odio a su jefe, rogar por nuestra misericordia y proveernos de información. A fin de cuentas, la información era poder, y poder es lo que más necesitábamos. Tras presentarse ante los dos miembros del gremio, me miró como intentando que me introdujera. — V. — respondí escueto. Tras esto, el mapache comenzó a enumerar las defensas de Foodvalten. La primera línea eran los aldeanos. Los mismos habitantes de la isla hacían las veces de mano de obra como de sacos de boxeo cuando había invasiones, siendo los primeros en manchar la tierra que labraban con sus manos de sangre. Refunfuñé con una notable molestia. — Será hijo de puta… — pensé mientras asumía que cada vez me caía peor ese cabrón. Después de los aldeanos, la élite, los “Lobos de Foodvalten”, un ejército de quinientras personas aproximadamente que protegían la casa del magnate. — ¿Lobos, eh? — murmuré con una media sonrisa — Veremos si son lobos o cachorros. — pero lo peor era el plato final: al magnate Nitobo le protegía una Sichibukai a la que tenía asalariada, dijo el mapache para después advertirnos de su fuerza. Lo miré fijamente sin detener la marcha — Ren “La cazadora” Wanshot. — dije cortándole en cuanto pronunció “Ren” — Sé bien quién es. — Shoto me preguntó de manera indirecta si sabía su recompensa. — No, su última publicación debe ser antigua y no he logrado encontrar datos sobre ella. — dije negando con la cabeza. Había verdad en las palabras del parlanchín mapache, aunque no nos asustaba. Finalmente, el mink mencionó hablando con Shoto que tendría algún tipo de pasadizo secreto, pero, sinceramente, no me importaba. No iba a llegar a utilizarlo. Shoto aseguró que eso sería cosa suya, tras lo cual, guiñé el ojo a mi compañero. Se había vuelto confiable en estos años y aunque en una pelea no iba a ser el protagonista, podía confiarle cualquier cosa que alguien pudiera pensar. Porque si era factible, Shoto descubriría cómo hacerlo. Y en tiempo récord.
Antes incluso de llegar a la ciudad, a lo lejos, pude vislumbrar una enorme mansión. Un lugar lujoso de varias decenas de metros que a todas luces era el hogar de Nitobo, y por lo tanto nuestro objetivo inmediato. — Jefe. — dije llamando la atención de Sohem y señalando con un movimiento de mi cabeza hacia la mansión, orientando así nuestra marcha hacia allá, pasando por la ciudad previamente, donde Tomás decía tener su casa también. Cuando arribamos a ciudad Rupia, una muchedumbre salió a recibirnos. Mujeres, hombres, ancianos y niños empuñando toda clase de armas se acercaron a nosotros amenazantes. Unos con miedo. Otros dispuestos a pelear. — Pobres diablos… condenados a morir por un hombre que los considera una moneda prescindible y sin valor. Muchos no llegarán a las veinte primaveras y ya van a encontrar su final… — pensaba mientras nos acercábamos a ellos. Shoto fue directo, no podría herirlos. Yo tampoco podría acabar con los niños. Aunque no era necesario. Si no pretendían dejarnos pasar por las buenas, existían muchas maneras de hacerlo. — ”La amenaza de una katana mantiene en su saya a la otra”. — pensé, justo antes de dar un paso, llevando mi mano a Shimei Kaeru dispuesto a amenazar mortalmente a la multitud. Sin embargo, mi sorpresa fue tal que Sohem se adelantó.
Frenando en seco y dirigiéndose a ellos como un verdadero líder, el enmascarado pronunció un discurso tal de un rey en épocas feudales. Proponía a los habitantes dejar las armas, serle fiel para vivir bajo su mandato y, a cambio, recibir su protección directa. Iba a dejar que cada habitante de la isla se vengara de él y, después, iba a hacer de Foodvalten un gobierno próspero. Sus palabras estaban cargadas de promesas, pero también de verdad. Era la primera vez que veía a Sohem hablar así. Incluso sabiendo su pasado, sabiendo sus intenciones cuestionables para con la ley… jamás pensé en él como en un líder militar de este calibre. Un protector de aquellos bajo su mando. En ese momento un profundo respeto me conmovió e hizo vibrar mi corazón con fuerza, retumbando al son de las palabras del líder del gremio. Tras sus palabras, un tímido silencio se hizo en la ciudad. Silencio que rompí soltando la mano derecha de mi arma y elevándola al cielo con el puño cerrado.
— ¡BURNEDEAD! ¡BURNEDEAD! ¡BURNEDEAD! —
Resumen
Bélico
Haki
Inventario

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