Antes de que pudiera darme cuenta un loco energúmeno señaló a lo que fuera - pues no podía verlo - alegando que alguien ya se había montado en el barco, y fue cuestión de pocos minutos que la poca paciencia de los presentes explotase y nos llevase arrastrados a todos los presentes en un maremoto de carne y hueso, una avalancha que se aproximaba peligrosamente hacia los distintos barcos. Arqueé una ceja bajo el anonimato de mi casco y caminé siguiendo la turba: era una oportunidad de oro. Podríamos subir a bordo de aquellas embarcaciones y salir del peñazo de Blue en el que nos encontrábamos, con total impunidad, gratis, y encima con un perfil bajo, ocultos entre la muchedumbre. Pero claro, ese razonamiento sin duda no podía ser exclusivo de mi propia mente, ya que seguro que más de un prófugo o criminalucho intentaba aprovecharse de lo mismo para conseguir escapar... era una solución para unos, y un problema para los demás.
Daba igual. Mis botas aplastaban las tablas de la embarcación produciendo un crujido típico de la madera y eso me devolvió a la realidad: Iba a salir de aquí. Eso era todo lo que importaba.
Gentío a partes iguales entraba en sendos barcos anclados a la orilla con una variedad sin parangón... y yo no conocía a nadie. Pero tampoco es que lo necesitase. Si quería formarme un nombre tendría que ser sólo. Nadie consigue ser el más fuerte si tiene que cuidar de otros, o si recibe la ayuda de los mismos y no los deja atrás en un determinado momento. El apoyo de un compañero era una escalera, no un podio. Había que usarlos para ascender hasta un nivel distinto, y luego continuar tu camino, no establecerte en ese escalón, pues cuando faltasen - que faltarían por su debilidad - tu podio se vendría abajo. De nuevo divagaba. Me eché a un lado de una familia metiendo el hombro entre ellos y otro tipo, justo cuando los graznidos de las gaviotas bañaron el cielo, haciéndome alzar la mirada, contemplando la lluvia de periódicos. Caían por cientos, parecía ser algo importante.
Extendí la mano hasta hacerme con uno y contemplé las noticias: Un niño nombrado Almirante, algo que me decepcionó un poco pues confirmaba un poco mis sospechas de que el cuerpo había pasado mejores momentos, al recordar haberle dado una paliza a dos tipos de esos hacía unas semanas. Debajo anunciaban a varios criminales... un tal Kovashi Shimatsu... un tío lleno de cicatrices en la cara y un tupé de lo más hortera... no me sonaba de nada. Debajo había un tío negro con cara de estatua antigua que según rezaba el titular quería convertirse en el Rey de los Piratas, y no pude evitar soltar un bufido con sorna al leerlo: Otro soñador idiota que acabaría muerto en cuanto entrase en el Grand Line. Pero la sorpresa creció cuando bajo estas noticias observé mi máscara, mi nombre, y al lado la foto de otro tío con cuernos, un tal Taka... que me sonaba una barbaridad, pero no caía. La noticia reportaba que el índice de criminalidad había bajado en el East Blue gracias a esos "dos cazarrecompensas"... no pude pensar en otra cosa que en competencia. Si el tío este, Claka y yo andábamos por ahí cazando piratas era poco rentable un Blue tan pequeño y pacífico. Sólo esperaba que ninguno estuviera en estos barcos y se quedasen limpiando el patio del recreo mientras yo accedía al coto de caza mayor.
Las siguientes noticias del periódico no eran para nada desdeñables: La inauguración de un casino - que seguramente necesitasen cobradores - una festividad en la isla Momoiro - donde habría presas bajo los efectos del alcohol - y un enfrentamiento entre los dos gremios más grandes e imponentes de entre todos los que conformaban los Cazadores de Recompensas. All Hunt y Crusaders... Shiraion... heredero del gremio... ese tipo tenía cara de no decir que no a una pelea. Ese era uno de los escalones a alcanzar y superar.
Por último las noticias reportaban una alianza entre un Shichibukai - una presa interesante en cuanto a reputación pero siempre engañosa, pues sus recompensas llevaban mucho tiempo congeladas y no se podían cobrar - y una tal Alice Stroheim. Tendría que investigar sobre eso, si era tan famosa tendría que tener algún cabo suelto del que tirar. La reconstrucción de la base de la Marina sólo me hacía darme cuenta de que mis suposiciones sobre la debilidad de la entidad eran ciertas.
Entonces, al cerrar el periódico la sorpresa aceleró mi corazón, ya que por el borde superior del mismo asomaban unos papeles oscurecidos, color que a todas luces representaba a los carteles de se busca: Mi pan.
Desplegué de nuevo las hojas de papel hasta llegar a esa parte, observando que los cuatro primeros carteles correspondían con una de las primeras noticias... no, definitivamente no sabía quien era ese tío, pero era un grupito que valía más de ochenta millones... sin duda para tenerlo en cuenta. El siguiente era un pato que apenas valía un millón con algo más. Ojo, un millón daba para bastantes meses tranquilo, pero para qué molestarme por cazar un pato si con un poco más de esfuerzo seguramente pudiera cazar a alguno de los osos que había antes, total, ya tenía experiencia, y la diferencia eran quince millones.
Lo siguiente si que fue increíble. Otro de los tipos que salían en la portada, el que quería ser el Rey de los Piratas, tenía setenta millones de recompensa por su cabeza. Casi lo mismo que toda la panda del de las cicatrices, y el esfuerzo debía de ser mucho menor. Chasqueé la lengua. Quizá no era tan fantoche si valía tanto... la banda de Alas Negras. Tras su cartel había un dibujo de un pulpo y otra chiquilla sujetando una... ¿patata? que tampoco valían mucho más que el pato. Echando cuentas no llegaban ni a diez millones entre los tres. Pero la que si llegaba era la maciza rubia con cicatrices, un wanted que estaba al lado de un recorte de revista de un modelo, que se debía de haber colado entre las recompensas, el cual descarté rápidamente y guardé el resto en mi bolsillo izquierdo.
El ajetreo y el ruido del ambiente, las conversaciones, los ruidos del barco zarpando, de la marina en el puerto y de las gaviotas alejándose me devolvieron a la realidad cuando aparté los ojos de aquellos papeles, observando justo a un grupo de hombres junto a una mujer enorme con un cuerno y medio tener una discusión acalorada, a tiempo de llegar otro tipo enorme, con dos cuernos también - que me sonaba extrañamente de algo, pero no caía - a comenzar a hablar con ellos. Por lo que pude discernir con mi buen oído, hablaban de ir a por un tal Alas Negras, señalando en dirección a otros barcos. Alas negras, el tío del periódico de los setenta millones. ¿Eran cazadores de recompensa también? ¿venían en grupo y pretendían hacerse con una presa de setenta millones? Ni muerto.
Comencé a caminar hacia ellos entre la gente cuando uno de ellos, visiblemente de los más jóvenes y algo más alto que yo, con el pelo lila y cara de idiota, comenzó a vociferar que iba a ir a por él sin importarle quien le acompañase, sin recibir más feedback de sus compañeros - quienes por su conversación debían de ser Marines - que unas palabras de calma, ignorándolas y empezando a transformarse en una cosa horrorosa con varias alas insectoides que brotaban de su espalda, empezando a levitar un poco por encima del nivel del suelo. Putos Marines.
Alcancé el grupo justo cuando empezó a zumbar con sus alas molestas de grillo o lo que fuera elevándose un poco del suelo, llevando mi mano hacia su codo con fuerza para agarrarle y detener su vuelo — ¡Oe oe! — dije bajando el brazo para que el tipo tomase tierra — Tranquilo chiquillo, no querrás hacerte daño ¿verdad? — le pregunté con sorna, con una incógnita que sonaba más a advertencia que a preocupación, apretando más el agarre — Setenta millones es mucho pan para tan poco... pollo — dije, dudando — ...o mucha miel para tan poca mosca, o lo que seas — añadí, echando un vistazo general a todos los presentes — Además que los funcionarios deberían preocuparse de establecer el orden en las cubiertas y dejarnos a los mayores hacer nuestro trabajo — y miré al tío mosca — Porque quien me quita el pan es mi enemigo — maticé, sonriendo bajo el casco. A su lado había un tío con una larga melena pelirroja, otro con el pelo naranja y gafas de sol, otro más con un bigote de lo más extraño, la tipa del cuerno y medio y el otro tío enorme que tenía dos cuernos. Cuatro humanos de los cuales uno era una mosca, y dos onis o semionis... bichos grandes con cuernos.
Chasqueé la lengua de nuevo tras ese par de segundos mirándolos y solté el agarre del brazo del crío con fuerza hacia delante, hacia sus amigos o compañeros — Los piratas viajan en grupo. Ir volando tú sólo con esas cosas de tu espalda y esa cara de chupapolen gritando sólo haría que te derribasen antes de llegar y te murieses ahogado — le dije como última advertencia, dilucidando que dicha transformación tenía que ser como las de los otros Marines que enfrenté en las costas de... no recordaba donde.
— A los piratas no se les enfrenta. Se les caza — dije, dándome dos toques con el índice de mi siniestra en la sien del mismo flanco, como símbolo de que tenían que usar la cabeza.
Daba igual. Mis botas aplastaban las tablas de la embarcación produciendo un crujido típico de la madera y eso me devolvió a la realidad: Iba a salir de aquí. Eso era todo lo que importaba.
Gentío a partes iguales entraba en sendos barcos anclados a la orilla con una variedad sin parangón... y yo no conocía a nadie. Pero tampoco es que lo necesitase. Si quería formarme un nombre tendría que ser sólo. Nadie consigue ser el más fuerte si tiene que cuidar de otros, o si recibe la ayuda de los mismos y no los deja atrás en un determinado momento. El apoyo de un compañero era una escalera, no un podio. Había que usarlos para ascender hasta un nivel distinto, y luego continuar tu camino, no establecerte en ese escalón, pues cuando faltasen - que faltarían por su debilidad - tu podio se vendría abajo. De nuevo divagaba. Me eché a un lado de una familia metiendo el hombro entre ellos y otro tipo, justo cuando los graznidos de las gaviotas bañaron el cielo, haciéndome alzar la mirada, contemplando la lluvia de periódicos. Caían por cientos, parecía ser algo importante.
Extendí la mano hasta hacerme con uno y contemplé las noticias: Un niño nombrado Almirante, algo que me decepcionó un poco pues confirmaba un poco mis sospechas de que el cuerpo había pasado mejores momentos, al recordar haberle dado una paliza a dos tipos de esos hacía unas semanas. Debajo anunciaban a varios criminales... un tal Kovashi Shimatsu... un tío lleno de cicatrices en la cara y un tupé de lo más hortera... no me sonaba de nada. Debajo había un tío negro con cara de estatua antigua que según rezaba el titular quería convertirse en el Rey de los Piratas, y no pude evitar soltar un bufido con sorna al leerlo: Otro soñador idiota que acabaría muerto en cuanto entrase en el Grand Line. Pero la sorpresa creció cuando bajo estas noticias observé mi máscara, mi nombre, y al lado la foto de otro tío con cuernos, un tal Taka... que me sonaba una barbaridad, pero no caía. La noticia reportaba que el índice de criminalidad había bajado en el East Blue gracias a esos "dos cazarrecompensas"... no pude pensar en otra cosa que en competencia. Si el tío este, Claka y yo andábamos por ahí cazando piratas era poco rentable un Blue tan pequeño y pacífico. Sólo esperaba que ninguno estuviera en estos barcos y se quedasen limpiando el patio del recreo mientras yo accedía al coto de caza mayor.
Las siguientes noticias del periódico no eran para nada desdeñables: La inauguración de un casino - que seguramente necesitasen cobradores - una festividad en la isla Momoiro - donde habría presas bajo los efectos del alcohol - y un enfrentamiento entre los dos gremios más grandes e imponentes de entre todos los que conformaban los Cazadores de Recompensas. All Hunt y Crusaders... Shiraion... heredero del gremio... ese tipo tenía cara de no decir que no a una pelea. Ese era uno de los escalones a alcanzar y superar.
Por último las noticias reportaban una alianza entre un Shichibukai - una presa interesante en cuanto a reputación pero siempre engañosa, pues sus recompensas llevaban mucho tiempo congeladas y no se podían cobrar - y una tal Alice Stroheim. Tendría que investigar sobre eso, si era tan famosa tendría que tener algún cabo suelto del que tirar. La reconstrucción de la base de la Marina sólo me hacía darme cuenta de que mis suposiciones sobre la debilidad de la entidad eran ciertas.
Entonces, al cerrar el periódico la sorpresa aceleró mi corazón, ya que por el borde superior del mismo asomaban unos papeles oscurecidos, color que a todas luces representaba a los carteles de se busca: Mi pan.
Desplegué de nuevo las hojas de papel hasta llegar a esa parte, observando que los cuatro primeros carteles correspondían con una de las primeras noticias... no, definitivamente no sabía quien era ese tío, pero era un grupito que valía más de ochenta millones... sin duda para tenerlo en cuenta. El siguiente era un pato que apenas valía un millón con algo más. Ojo, un millón daba para bastantes meses tranquilo, pero para qué molestarme por cazar un pato si con un poco más de esfuerzo seguramente pudiera cazar a alguno de los osos que había antes, total, ya tenía experiencia, y la diferencia eran quince millones.
Lo siguiente si que fue increíble. Otro de los tipos que salían en la portada, el que quería ser el Rey de los Piratas, tenía setenta millones de recompensa por su cabeza. Casi lo mismo que toda la panda del de las cicatrices, y el esfuerzo debía de ser mucho menor. Chasqueé la lengua. Quizá no era tan fantoche si valía tanto... la banda de Alas Negras. Tras su cartel había un dibujo de un pulpo y otra chiquilla sujetando una... ¿patata? que tampoco valían mucho más que el pato. Echando cuentas no llegaban ni a diez millones entre los tres. Pero la que si llegaba era la maciza rubia con cicatrices, un wanted que estaba al lado de un recorte de revista de un modelo, que se debía de haber colado entre las recompensas, el cual descarté rápidamente y guardé el resto en mi bolsillo izquierdo.
El ajetreo y el ruido del ambiente, las conversaciones, los ruidos del barco zarpando, de la marina en el puerto y de las gaviotas alejándose me devolvieron a la realidad cuando aparté los ojos de aquellos papeles, observando justo a un grupo de hombres junto a una mujer enorme con un cuerno y medio tener una discusión acalorada, a tiempo de llegar otro tipo enorme, con dos cuernos también - que me sonaba extrañamente de algo, pero no caía - a comenzar a hablar con ellos. Por lo que pude discernir con mi buen oído, hablaban de ir a por un tal Alas Negras, señalando en dirección a otros barcos. Alas negras, el tío del periódico de los setenta millones. ¿Eran cazadores de recompensa también? ¿venían en grupo y pretendían hacerse con una presa de setenta millones? Ni muerto.
Comencé a caminar hacia ellos entre la gente cuando uno de ellos, visiblemente de los más jóvenes y algo más alto que yo, con el pelo lila y cara de idiota, comenzó a vociferar que iba a ir a por él sin importarle quien le acompañase, sin recibir más feedback de sus compañeros - quienes por su conversación debían de ser Marines - que unas palabras de calma, ignorándolas y empezando a transformarse en una cosa horrorosa con varias alas insectoides que brotaban de su espalda, empezando a levitar un poco por encima del nivel del suelo. Putos Marines.
Alcancé el grupo justo cuando empezó a zumbar con sus alas molestas de grillo o lo que fuera elevándose un poco del suelo, llevando mi mano hacia su codo con fuerza para agarrarle y detener su vuelo — ¡Oe oe! — dije bajando el brazo para que el tipo tomase tierra — Tranquilo chiquillo, no querrás hacerte daño ¿verdad? — le pregunté con sorna, con una incógnita que sonaba más a advertencia que a preocupación, apretando más el agarre — Setenta millones es mucho pan para tan poco... pollo — dije, dudando — ...o mucha miel para tan poca mosca, o lo que seas — añadí, echando un vistazo general a todos los presentes — Además que los funcionarios deberían preocuparse de establecer el orden en las cubiertas y dejarnos a los mayores hacer nuestro trabajo — y miré al tío mosca — Porque quien me quita el pan es mi enemigo — maticé, sonriendo bajo el casco. A su lado había un tío con una larga melena pelirroja, otro con el pelo naranja y gafas de sol, otro más con un bigote de lo más extraño, la tipa del cuerno y medio y el otro tío enorme que tenía dos cuernos. Cuatro humanos de los cuales uno era una mosca, y dos onis o semionis... bichos grandes con cuernos.
Chasqueé la lengua de nuevo tras ese par de segundos mirándolos y solté el agarre del brazo del crío con fuerza hacia delante, hacia sus amigos o compañeros — Los piratas viajan en grupo. Ir volando tú sólo con esas cosas de tu espalda y esa cara de chupapolen gritando sólo haría que te derribasen antes de llegar y te murieses ahogado — le dije como última advertencia, dilucidando que dicha transformación tenía que ser como las de los otros Marines que enfrenté en las costas de... no recordaba donde.
— A los piratas no se les enfrenta. Se les caza — dije, dándome dos toques con el índice de mi siniestra en la sien del mismo flanco, como símbolo de que tenían que usar la cabeza.
Karmas
Agarre
Resumen del turno

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