24-09-2023, 12:45 PM
Mientras el panda miraba fijamente a Kovashi, la voz grave de Khruner interrumpió sus pensamientos para señalarle cómo salían en el periódico. La verdad es que lo que decía era cierto. Salían muy guapos. Incluso Khruner que era particularmente feo para los minks salía bastante favorecido. Pero el panda nunca le decía nada de su apariencia exterior, pues la belleza no era garante de cualidades excepcionales como las que el oso poseía. —Oye, ten cuidado que te van a salir admiradoras, ¿eh? —Le dijo el panda dándole una palmada en el hombro. Entonces llegó Enma. Siempre tan susurrante, tan honesto. Parecía ser capaz de darle un sonido a los puntos suspensivos. Al menos Don Bambú tenía sensación de sobredosis de ellos cuando hablaba con él. Sin embargo dijo algo que le hizo gracia, que Kovashi no tenía pinta de capitán. El panda sonrió ante el comentario, pero antes de que pudiera decir nada al respecto, Derya le lanzó a darle un abrazo por el mes que llevaban sin verse. —Bueno, no dudaba que volvería a verte. —Dijo, como si eso fuera excusa para algo. Le agradó saber que estaba leyendo el libro que le había prestado. —Fantástico, ya me contarás qué tal cuando lo acabes. —Y recibió con tremenda sorpresa el regalo de la gyojin. Era un libro sobre Skypiea. Lo abrió inmediatemente por la primera página y luego por la última, buscando los datos de impresión del documento. Al no encontrarlos por ningún lado, lo abrió por la mitad y corroboró la sospecha que había desarrollado en aquellos segundos. —¡Pero si es un manuscrito! —Los ojos del panda casi tenían brillo propio. Que fuera un manuscrito lo convertía en un libro único, no en una copia de otros tantos. No estaba seguro de que ninguno de los presentes fuera consciente de su valor como libro, pero siendo justos, muy pocos lo eran. Se guardó el libro en su pequeña bolsa, colocándolo ordenadamente dentro de ella. Así de especial era. Lo había ordenado dentro del caos que era aquella bolsa, donde las cosas estaban puestas de cualquier forma. No creía que nadie se fuera a dar cuenta de aquello tampoco. Cerró la bolsa con la cremallera y se la colgó de nuevo del hombro, protegiéndola inconscientemente con la mano. Al hacerlo, la ilusión del orden dentro de aquella bolas se desvaneció, pues el panda sintió como el libro se movía de su sitio. Pero eso nadie lo sabría jamás. —Muchas gracias, Derya, no habrá bondad que te lo pueda pagar. —Y le sonrió ampliamente, preocupando quizás a uno o dos pasajeros que tenía cerca.
Kovashi mencionó entonces lo del almirante de 16 años. —O es noble o es capaz de deshacer montañas él solo. No se me ocurren más alternativas para esto. —Cogió el periódico que le había pasado el peliblanco. Ya se le había pasado el cabreo con Intha, así que decidió continuar leyendo donde lo había dejado. Hablaban del lunarian, confirmando las sospechas del panda. Y al final de todo, como si fuera lo menos importante, mencionaban las reparaciones de la base G-2 debido al ataque del Ejército Revolucionario. —La G-28 también necesitará unos arreglos. —Sentenció el panda, aunque ni de lejos le habían provocado tantos destrozos como para hacerla completamente disfuncional, solo una pared rota y poco más. Absorto en su lectura, el panda solo escuchó algunas palabras más de lo que se comentaba a su alrededor. ¿Recultar al lunarian? —Sí... ¿Por qué no? Si le veo me aproximaré a él. —Sopesó la idea con seriedad y luego volvió a repasar los carteles de se busca. 70 millonazos. Volvió a silbar.
Entonces la pregunta se hizo. Y menos mal que se hizo, porque era una pregunta muy importante. ¿Quién estaba llevando aquel barco? Instintivamente el panda miró a Derya a los ojos. No se fiaba de nadie más que ella para llevar una embarcación. Sobre todo después de que la gyojin consiguiese hacer llegar a puerto aquella zarrapastrosa embarcación en la que llegaron a Loguetown antes de que se hundiese allí mismo. Derya tomó las riendas de la situación de inmediato y entonces el panda analizó la situación en la que se encontraban. Ya estaban lejos de tierra, muy lejos. Y la verticalidad del barco empezaba a ser peligrosa. Inmediatamente el panda se agarró a uno de los mástiles del barco con fuerza y procuró llamar la atención algunos civiles que vio débiles y de Enma, que debía tener la fuerza de un gato enfermo a ojos del panda. —Enma, sujétate a mí, no te vayas a caer. —El resto sabía que podían arreglárselas solos, pero por lo que había leído de la corriente ascendente no era un viaje sencillo.
Kovashi mencionó entonces lo del almirante de 16 años. —O es noble o es capaz de deshacer montañas él solo. No se me ocurren más alternativas para esto. —Cogió el periódico que le había pasado el peliblanco. Ya se le había pasado el cabreo con Intha, así que decidió continuar leyendo donde lo había dejado. Hablaban del lunarian, confirmando las sospechas del panda. Y al final de todo, como si fuera lo menos importante, mencionaban las reparaciones de la base G-2 debido al ataque del Ejército Revolucionario. —La G-28 también necesitará unos arreglos. —Sentenció el panda, aunque ni de lejos le habían provocado tantos destrozos como para hacerla completamente disfuncional, solo una pared rota y poco más. Absorto en su lectura, el panda solo escuchó algunas palabras más de lo que se comentaba a su alrededor. ¿Recultar al lunarian? —Sí... ¿Por qué no? Si le veo me aproximaré a él. —Sopesó la idea con seriedad y luego volvió a repasar los carteles de se busca. 70 millonazos. Volvió a silbar.
Entonces la pregunta se hizo. Y menos mal que se hizo, porque era una pregunta muy importante. ¿Quién estaba llevando aquel barco? Instintivamente el panda miró a Derya a los ojos. No se fiaba de nadie más que ella para llevar una embarcación. Sobre todo después de que la gyojin consiguiese hacer llegar a puerto aquella zarrapastrosa embarcación en la que llegaron a Loguetown antes de que se hundiese allí mismo. Derya tomó las riendas de la situación de inmediato y entonces el panda analizó la situación en la que se encontraban. Ya estaban lejos de tierra, muy lejos. Y la verticalidad del barco empezaba a ser peligrosa. Inmediatamente el panda se agarró a uno de los mástiles del barco con fuerza y procuró llamar la atención algunos civiles que vio débiles y de Enma, que debía tener la fuerza de un gato enfermo a ojos del panda. —Enma, sujétate a mí, no te vayas a caer. —El resto sabía que podían arreglárselas solos, pero por lo que había leído de la corriente ascendente no era un viaje sencillo.
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