06-09-2025, 06:08 PM
Sohem dio varios pasos hacia adelante para desarrollar uno de los discursos más épicos vistos al momento, antes de darlo comprendió la importancia de no herir a los infantes, ya que de momento nos quedaba humanidad para seguir realizando nuestros planes. Permanecí en silencio, inmóvil, durante su discurso. Sus palabras tenían la cadencia, el ritmo de alguien criado en las altas esferas, como si de un politólogo se tratara. - Así que también llevas una mascará en la lengua... - Aquellas palabras no solo iban reforzadas de carisma, determinación y orgullo, sino que lo realmente intensifico aquello fue su explosión de Haki, una ola invisible, un estallido que en cierta manera paralizó a todos los presentes como si el aire hubiera cambiado de densidad. Por mi parte, simplemente sentí unas leves palpitaciones en el pecho, nada nuevo, acostumbrado ya a su uso durante todos estos años.
No solo miré con admiración a mi líder y sus sabias palabras, sino que me giré cuando vi a Viktor corear su apellido, las palabras del enmascarado junto a los vítores de Viktor proporcionaban fe y esperanza… Palabras simples, pero muy letales cuando se clavan en los corazones de la población. Nuestro amigo peliblanco había gritado hasta quedarse ronco, y aquello había encendido algo en mí que no podía ignorar. Sin pensarlo demasiado, cerré mi puño derecho y lo alcé con toda la fuerza, no al cielo, sino de frente, en dirección a los aldeanos y lugareños. Un gesto silencios, pero suficiente para decir por dentro - Yo también creo en esta empresa. Volví a mirar a Viktor con mis ojos para confirmar que había comprendido el mensaje solo con mi mirada. A medida que las palabras calaban, y nos adentrábamos en la multitud, el pequeño mapache voló hacia su casa, buscando aquellos recursos que necesitaba. Lo que más me sorprendió de ello fue su solidaridad conmigo, cuando apareció y me llamo, para darme algo, así que con las mismas me agache un poco, extendí mis manos y recogí con gusto aquellas provisiones médicas y alimentarias. Abrí mi gabardina-bata y dispuse todo en bolsillos amplios, diseñados, para instrumentos tanto científicos como médicos, ahora iban a albergar un nuevo botiquín y un par de macedonias. - Gracias Tomás, haré el mejor uso de ello en el día de hoy si hiciera falta. - Esto es mucho más de lo que esperaba. - Mis palabras fueron breves, pero sinceras, aquel mapache se había ganado mi respeto a pesar de ser un taladro con la dialéctica.
En ese instante, cuando recupere mi vista al frente, fue cuando mis ojos se fijaron en los más pequeños. Los cuchillos y las armas habían caído de sus manos, y algún filo con la vibración, aún tintineaba en el ambiente. Fue cuando me fui abriendo entre la multitud hasta que alcancé la primera línea de ellos. Me incliné un poco, posando una de mis rodillas en el camino, frente a uno de los niños que no había decidido retroceder al verme. El crío temblaba como una gelatina sin ser capaz de soltar un ápice de la tensión acumulada del momento. Lo miré a sus ojos, con total naturalidad y franqueza, le dije lo siguiente. - Tú y los demás... Ya habéis hecho suficiente. Ahora solo necesito que corráis a vuestras casas, con vuestras madres y las abracéis muy fuerte. Decid en cada puerta, ventana, callejón y rincón escondido de esta isla, lo que habéis visto con vuestros propios ojos. Nitobo no es invencible y hay esperanza en el cambio. - Mientras posaba mi mano sobre la cabeza del chaval. - Esa es vuestra verdadera batalla… Y es más importante que la nuestra. - El niño asintió con la cabeza, y pronto los demás lo imitaron, alejándose totalmente de la línea de la batalla.
Acompañados por nuestras nuevas fuerzas, el poder del pueblo, Viktor, Sohem, Lustig y yo nos volvimos a encontrar un grupo algo mejor preparado, que esta vez nos podía dar algo más que dolores de cabeza. - Una formación rectangular, cerrada y de forma simétrica, pero al fin y al cabo, aldeanos disfrazados de soldados. - Antes de que pudiera pensar alguna opción, un hombre muy corpulento que portaba un escudo, se dirigió hacia nosotros, suplicando una oportunidad de convencer a los suyos. Lo observé durante unos segundos, mientras me rascaba el mentón pensando. - Un mediador que podría crear una pequeña fisura en su voluntad... Sería más letal que una embestida frontal. Además, si ocurre algo, Viktor sabrá qué hacer. Si este hombre está en lo cierto, tendremos menos cadáveres en nuestra contra. Una apuesta totalmente válida. - Volví en sí cuando asentí con mi cabeza a su proposición, esperando que el resto de mis compañeros asumiera el sí de la operación. - Vik no le pierdas de vista, este hombre está mostrando alto valor a una idea totalmente suicida para él. - Dije con total determinación. Los tres sabíamos que si la conversación se torcía la sangre debía correr y desde mi punto de vista, Viktor es el mejor en este tipo de trabajos.
Volví a meter las manos en mis bolsillos, guardando silencio otra vez, dejando que el destino respirara unos segundos antes de que lanzará una moneda al aire.
No solo miré con admiración a mi líder y sus sabias palabras, sino que me giré cuando vi a Viktor corear su apellido, las palabras del enmascarado junto a los vítores de Viktor proporcionaban fe y esperanza… Palabras simples, pero muy letales cuando se clavan en los corazones de la población. Nuestro amigo peliblanco había gritado hasta quedarse ronco, y aquello había encendido algo en mí que no podía ignorar. Sin pensarlo demasiado, cerré mi puño derecho y lo alcé con toda la fuerza, no al cielo, sino de frente, en dirección a los aldeanos y lugareños. Un gesto silencios, pero suficiente para decir por dentro - Yo también creo en esta empresa. Volví a mirar a Viktor con mis ojos para confirmar que había comprendido el mensaje solo con mi mirada. A medida que las palabras calaban, y nos adentrábamos en la multitud, el pequeño mapache voló hacia su casa, buscando aquellos recursos que necesitaba. Lo que más me sorprendió de ello fue su solidaridad conmigo, cuando apareció y me llamo, para darme algo, así que con las mismas me agache un poco, extendí mis manos y recogí con gusto aquellas provisiones médicas y alimentarias. Abrí mi gabardina-bata y dispuse todo en bolsillos amplios, diseñados, para instrumentos tanto científicos como médicos, ahora iban a albergar un nuevo botiquín y un par de macedonias. - Gracias Tomás, haré el mejor uso de ello en el día de hoy si hiciera falta. - Esto es mucho más de lo que esperaba. - Mis palabras fueron breves, pero sinceras, aquel mapache se había ganado mi respeto a pesar de ser un taladro con la dialéctica.
En ese instante, cuando recupere mi vista al frente, fue cuando mis ojos se fijaron en los más pequeños. Los cuchillos y las armas habían caído de sus manos, y algún filo con la vibración, aún tintineaba en el ambiente. Fue cuando me fui abriendo entre la multitud hasta que alcancé la primera línea de ellos. Me incliné un poco, posando una de mis rodillas en el camino, frente a uno de los niños que no había decidido retroceder al verme. El crío temblaba como una gelatina sin ser capaz de soltar un ápice de la tensión acumulada del momento. Lo miré a sus ojos, con total naturalidad y franqueza, le dije lo siguiente. - Tú y los demás... Ya habéis hecho suficiente. Ahora solo necesito que corráis a vuestras casas, con vuestras madres y las abracéis muy fuerte. Decid en cada puerta, ventana, callejón y rincón escondido de esta isla, lo que habéis visto con vuestros propios ojos. Nitobo no es invencible y hay esperanza en el cambio. - Mientras posaba mi mano sobre la cabeza del chaval. - Esa es vuestra verdadera batalla… Y es más importante que la nuestra. - El niño asintió con la cabeza, y pronto los demás lo imitaron, alejándose totalmente de la línea de la batalla.
Acompañados por nuestras nuevas fuerzas, el poder del pueblo, Viktor, Sohem, Lustig y yo nos volvimos a encontrar un grupo algo mejor preparado, que esta vez nos podía dar algo más que dolores de cabeza. - Una formación rectangular, cerrada y de forma simétrica, pero al fin y al cabo, aldeanos disfrazados de soldados. - Antes de que pudiera pensar alguna opción, un hombre muy corpulento que portaba un escudo, se dirigió hacia nosotros, suplicando una oportunidad de convencer a los suyos. Lo observé durante unos segundos, mientras me rascaba el mentón pensando. - Un mediador que podría crear una pequeña fisura en su voluntad... Sería más letal que una embestida frontal. Además, si ocurre algo, Viktor sabrá qué hacer. Si este hombre está en lo cierto, tendremos menos cadáveres en nuestra contra. Una apuesta totalmente válida. - Volví en sí cuando asentí con mi cabeza a su proposición, esperando que el resto de mis compañeros asumiera el sí de la operación. - Vik no le pierdas de vista, este hombre está mostrando alto valor a una idea totalmente suicida para él. - Dije con total determinación. Los tres sabíamos que si la conversación se torcía la sangre debía correr y desde mi punto de vista, Viktor es el mejor en este tipo de trabajos.
Volví a meter las manos en mis bolsillos, guardando silencio otra vez, dejando que el destino respirara unos segundos antes de que lanzará una moneda al aire.
Info Turno
Contenido Oculto
