07-09-2025, 04:11 PM
Aquel hombre, reservado, comentaba que su negocio se enfocaba en transacciones y ventas, desde luego el tono en el que lo dijo sonó oscuro y perverso, pero decidí no desconfiar. -Ah, es usted vendedor, señor Onizuka. Eso debe llevarle por lugares exóticos e interesantes.- Sonreí de manera amplia y aniñada, con una pureza a ingenuidad no propias de un adulto.
El siguiente plato llegó a la mesa y, como no podía ser de otra manera, comencé a comer a toda prisa para no perder tiempo en aquella competición. Por otro lado, mi acompañante, que comía a una velocidad bastante lenta, se veía interesado por como podía ser feliz aún siendo un vagabundo. Lo primero que hizo fue preguntar por qué mendigaba, era una pregunta de fácil respuesta.-¿ Qué por qué mendigo? Porque tengo hambre.- Comencé a reír de una manera sonora, pero no escandalosa, era curioso como intentaba siempre modular el volumen y tono de mi voz para que sonase tranquila. Después de la risotada negué con la cabeza. -La siguiente observación es aún mas sencilla, amigo mío. No dejo que mi felicidad dependa exclusivamente de mi estómago.- Seguí comiendo tras eso, sin descanso, sin miedo a las represalias o cólicos, esa noche iba a comer suficiente como para no necesitar comer una semana, costase lo que costase.
Me detuve un segundo a beber agua y observar al otro comensal con cierta felicidad. -Tu, en cambio..., Pareces bastante afligido teniendo dinero suficiente para comer.- Volví a dejar el vaso en la mesa y relajé mi velocidad comiendo, aún así iba mas rápido que Jin.-Parece que el dinero no es lo que da la felicidad.- En el momento lo miré fijamente, sin desviar ni un ápice mis ojos, no obstante no se me vería amenazante, al contrario, procuré mostrar una cara relajada y comprensiva.-Soy bueno escuchando, así que si quieres contarme qué te ocurre... Aquí estoy, comiendo.- La oferta estaba clara, ahora solo quedaba que él la tomase o no. Yo por mi parte volví a comer sin descanso, había mucha noche por delante, si, pero esta se acabaría en algún momento y tendría que dejar de comer.
Los camareros parecían que no habían visto una competición de comida, aunque aquello, mas que un duelo, parecía ser que era ver como yo me hinchaba y Jin simplemente estaba sentado frente a mi, algo mórbido y extraño, sin duda alguna. El cocinero, viendo lo que se venía, comenzó a preparar otro plato sin que se lo hubiéramos pedido, él si que parecía conocer el protocolo de este tipo de situaciones. Los clientes, algo asqueados y molestos por la forma salvaje de comer que tenía comenzaban a irse y sin pretenderlo el local terminaría quedando solo con nosotros dos y los empleados del negocio.
El siguiente plato llegó a la mesa y, como no podía ser de otra manera, comencé a comer a toda prisa para no perder tiempo en aquella competición. Por otro lado, mi acompañante, que comía a una velocidad bastante lenta, se veía interesado por como podía ser feliz aún siendo un vagabundo. Lo primero que hizo fue preguntar por qué mendigaba, era una pregunta de fácil respuesta.-¿ Qué por qué mendigo? Porque tengo hambre.- Comencé a reír de una manera sonora, pero no escandalosa, era curioso como intentaba siempre modular el volumen y tono de mi voz para que sonase tranquila. Después de la risotada negué con la cabeza. -La siguiente observación es aún mas sencilla, amigo mío. No dejo que mi felicidad dependa exclusivamente de mi estómago.- Seguí comiendo tras eso, sin descanso, sin miedo a las represalias o cólicos, esa noche iba a comer suficiente como para no necesitar comer una semana, costase lo que costase.
Me detuve un segundo a beber agua y observar al otro comensal con cierta felicidad. -Tu, en cambio..., Pareces bastante afligido teniendo dinero suficiente para comer.- Volví a dejar el vaso en la mesa y relajé mi velocidad comiendo, aún así iba mas rápido que Jin.-Parece que el dinero no es lo que da la felicidad.- En el momento lo miré fijamente, sin desviar ni un ápice mis ojos, no obstante no se me vería amenazante, al contrario, procuré mostrar una cara relajada y comprensiva.-Soy bueno escuchando, así que si quieres contarme qué te ocurre... Aquí estoy, comiendo.- La oferta estaba clara, ahora solo quedaba que él la tomase o no. Yo por mi parte volví a comer sin descanso, había mucha noche por delante, si, pero esta se acabaría en algún momento y tendría que dejar de comer.
Los camareros parecían que no habían visto una competición de comida, aunque aquello, mas que un duelo, parecía ser que era ver como yo me hinchaba y Jin simplemente estaba sentado frente a mi, algo mórbido y extraño, sin duda alguna. El cocinero, viendo lo que se venía, comenzó a preparar otro plato sin que se lo hubiéramos pedido, él si que parecía conocer el protocolo de este tipo de situaciones. Los clientes, algo asqueados y molestos por la forma salvaje de comer que tenía comenzaban a irse y sin pretenderlo el local terminaría quedando solo con nosotros dos y los empleados del negocio.
