08-09-2025, 12:02 PM
La repentina actuación de aquella persona que acababa de presentarse como Maki me dejó callada; tal vez por respeto a su música, tal vez porque no había forma de que mi voz sobrepasase los decibelios alcanzados por una guitarra. Fuera como fuese, me quedé en silencio unos segundos, observando cómo el eco de la guitarra de Maki aún vibraba en el aire y saboreando las palabras de Rosse, que aún chisporroteaban como bengalas sobre la mesa. Ante ambas personas solo pude sonreír con una mezcla de ironía y ternura. Había identificado a Maki como una persona más bien seria, elegante, lo contrario a Rosse, pero de repente se pusieron al mismo nivel de extravagancia.
— Vaya… un escenario, un espectáculo y un himno a la libertad, todo servido en la misma mesa. —dije, acariciando con los dedos el borde de mi dedal como si fuera una copa de cristal. Mis ojos subieron primero a Maki, luego a Rosse—. Lo curioso es que ambos habláis de lo mismo, aunque con disfraces distintos: uno canta para que el viento le recuerde, el otro baila para que nadie lo olvide.
Hice una pequeña reverencia desde mi asiento improvisado sobre la mesa, dejando que la seda raída de mi vestido improvisado acompañara el gesto.
— El mundo del cabaret me enseñó que el aplauso es efímero, pero la memoria… la memoria, esa puede ser cruel o justa dependiendo de quién la guarde. Un placer, soy Alana.
Una presentación menos llamativa, más escueta, más cohibida. Y aunque con las palabras de Rosse de repente me sentí rodeada de luces, como si fuese el centro del espectáculo de su querido cabaret, me sentía reticente a avanzar hasta el centro del escenario. ¿Yo, siendo el centro de todas las miradas? ¿Para qué? ¿Para que me roben mi trabajo, una vez más? Confiar en alguien se me antojaba difícil.
Me giré hacia Rosse, mi sonrisa ladeada.
— Pirata del Cabaret… me tienta tu propuesta. Pero, darling, yo no brillo sola ni acompañada: yo observo, diagnostico, diseco la escena hasta encontrar la verdad. Y créeme, a veces eso apaga más reflectores que los que enciende —ni negué ni asentí, solo advertí.
Luego miré a Maki, divertida.
— Y tú, artista del viento… tienes razón, los besos no se anuncian. Se roban. Pero también se curan, si salen mal. Ahí entro yo.
Levanté el dedal con un gesto firme, como si fuera la copa más elegante del lugar. Al contrario de lo que creía aquel hombre, era pésima resistiendo los efectos del alcohol. Más bien subían más rápido de lo que quisiera admitir. Mi guardia estaba más bajada de lo que debía admitir.
— Brindemos entonces, no por cadenas ni por aplausos, sino por lo único que nos une hoy: el arte de sobrevivir siendo uno mismo en un mundo empeñado en que seamos cualquiera menos nosotros, to drama, to danger, to unforgettable nights —repetí sin pensarlo las palabras de Rosse, con cierta diversión en el tono, abandonando la melancolía que las palabras traían consigo, dejando que el alcohol las arrastrase con furia.
— Vaya… un escenario, un espectáculo y un himno a la libertad, todo servido en la misma mesa. —dije, acariciando con los dedos el borde de mi dedal como si fuera una copa de cristal. Mis ojos subieron primero a Maki, luego a Rosse—. Lo curioso es que ambos habláis de lo mismo, aunque con disfraces distintos: uno canta para que el viento le recuerde, el otro baila para que nadie lo olvide.
Hice una pequeña reverencia desde mi asiento improvisado sobre la mesa, dejando que la seda raída de mi vestido improvisado acompañara el gesto.
— El mundo del cabaret me enseñó que el aplauso es efímero, pero la memoria… la memoria, esa puede ser cruel o justa dependiendo de quién la guarde. Un placer, soy Alana.
Una presentación menos llamativa, más escueta, más cohibida. Y aunque con las palabras de Rosse de repente me sentí rodeada de luces, como si fuese el centro del espectáculo de su querido cabaret, me sentía reticente a avanzar hasta el centro del escenario. ¿Yo, siendo el centro de todas las miradas? ¿Para qué? ¿Para que me roben mi trabajo, una vez más? Confiar en alguien se me antojaba difícil.
Me giré hacia Rosse, mi sonrisa ladeada.
— Pirata del Cabaret… me tienta tu propuesta. Pero, darling, yo no brillo sola ni acompañada: yo observo, diagnostico, diseco la escena hasta encontrar la verdad. Y créeme, a veces eso apaga más reflectores que los que enciende —ni negué ni asentí, solo advertí.
Luego miré a Maki, divertida.
— Y tú, artista del viento… tienes razón, los besos no se anuncian. Se roban. Pero también se curan, si salen mal. Ahí entro yo.
Levanté el dedal con un gesto firme, como si fuera la copa más elegante del lugar. Al contrario de lo que creía aquel hombre, era pésima resistiendo los efectos del alcohol. Más bien subían más rápido de lo que quisiera admitir. Mi guardia estaba más bajada de lo que debía admitir.
— Brindemos entonces, no por cadenas ni por aplausos, sino por lo único que nos une hoy: el arte de sobrevivir siendo uno mismo en un mundo empeñado en que seamos cualquiera menos nosotros, to drama, to danger, to unforgettable nights —repetí sin pensarlo las palabras de Rosse, con cierta diversión en el tono, abandonando la melancolía que las palabras traían consigo, dejando que el alcohol las arrastrase con furia.
