25-09-2023, 09:05 PM
Lo que en un principio iba a ser un ascenso accidentado se convirtió en... Bueno, en nada, fue un ascenso accidentado. La percepción premonitoria de su naturaleza fue acertada. Lo que quizás fue imprevisto, aunque Don Bambú había hecho una buena jugada, fue que la corriente ascendente fuese tan fuerte. Los libros que había leído no se acercaban a describir con precisión cuán poderosa era aquella corriente que llevaba los barcos por encima del Red Line y luego los precipitaba hacia el vacío, desembocando inevitablemente en el paraíso que era la primera mitad del Grand Line. Entre el caos que se formó, no se escapó de la vista del panda que el barco que iba delante de todos los barcos de pasajeros se estaba escorando hacia un lateral, impactando finalmente contra una de las paredes del Red Line y resquebrajándose su madera, rompiéndose sus sogas y desajustando sus velas. El barco deceleró rápidamente quedándose atrás y encontrándose al final de su camino con el barco que más atrasado iba, que corrió el mismo destino que el primero. ¿Cuántas vidas se habían perdido en un instante? Don Bambú no se atrevió a aventurar una cifra. No sabía si tendría estómago para soportarlo sin flaquear. Y necesitaba no flaquear, porque protegidos contra su cuerpo por su brazo izquierdo y parte del derecho, que era el que agarraba fuertemente el mástil central del barco como si fuera abrazadera, se encontraban seis civiles, aquellos que el panda había visto más flojos y que sabía que no podrían soportar el ascenso que él se imaginaba. Eran 3 niños, 1 señor mayor además de un hombre y una mujer que estaban particularmente flacuchos. Cubiertos por la enorme masa corporal del panda y sujetos gracias a su hercúlea fuerza, aquellos sujetos podrían aguantar el ascenso sin salir despedidos. Otra historia fue Enma. El pobre chaval decidió agarrarse al cuello del panda como si fuera un niño yendo a caballito, y aunque el panda no le dio importancia, esa postura no era la más segura para el descenso tan poderoso del que pronto iban a ser víctimas. El barco alcanzó la cúspide del Red Line y el mundo se abrió ante ellos como si fuera un mapa en tamaño real. Por unos instantes, la calma reinó en el navío. Todo permaneció más o menos inmóvil, aunque el panda notaba los temblores de los sujetos que tenía entre su brazo y su torso. Sin embargo, pronto comenzó el brutal descenso.
Cuando la hora de la verdad llegó, numerosísimos civiles salieron despedidos y se chocaron contra paredes, contra mástiles, contra barriles o incluso, quizás lo peor de todo, precipitándose hacia el vacío y sufriendo una muerte segura. En esta tragedia, sin embargo, no solo los civiles fueron víctimas. El panda pudo cómo el abrazo del muchacho se iba haciendo más y más débil, pero no podía liberar ninguno de sus brazos para sujetarlo bien, porque eso significaría perder múltiples vidas civiles que dependían de él. El panda intentó en vano gritar, pero finalmente las manos del muchacho se desprendieron de su cuello y éste salió volando hacia un destino incierto. —ENMAAAAAAAA —Gritó el panda desesperado, pero de nada iba a servir. Tenía que aguantar. La fuerza del viento que impactaba contra su peluda cara se había incrementado considerablemente. Notó como la inercia le intentaba hacer perder su agarre, pero Don Bambú apretó los dientes e hizo todavía más fuerza para no perderlo, logrando mantener su posición a pesar de todo. No se atrevió a mirar a los lados o siquiera detrás suya a ver cómo lo estaba llevando Derya. Tenía completa fe en sus compañeros, pero seguía temiendo por la vida de Enma.
El panda observó cómo los cabos gemelos, el final del camino en la desembocadura de la corriente ascendente (ahora descendente), se aproximaba a toda velocidad. Supo entonces que el impacto contra el agua tranquila a semejante velocidad iba a ser considerable e hizo acopio de todas su fuerzas para continuar agarrado y resistirlo todo. Estaba decidido a convertirse en el muro que parase los envites del aciago destino sobre aquellos que eran más débiles.
Cuando la hora de la verdad llegó, numerosísimos civiles salieron despedidos y se chocaron contra paredes, contra mástiles, contra barriles o incluso, quizás lo peor de todo, precipitándose hacia el vacío y sufriendo una muerte segura. En esta tragedia, sin embargo, no solo los civiles fueron víctimas. El panda pudo cómo el abrazo del muchacho se iba haciendo más y más débil, pero no podía liberar ninguno de sus brazos para sujetarlo bien, porque eso significaría perder múltiples vidas civiles que dependían de él. El panda intentó en vano gritar, pero finalmente las manos del muchacho se desprendieron de su cuello y éste salió volando hacia un destino incierto. —ENMAAAAAAAA —Gritó el panda desesperado, pero de nada iba a servir. Tenía que aguantar. La fuerza del viento que impactaba contra su peluda cara se había incrementado considerablemente. Notó como la inercia le intentaba hacer perder su agarre, pero Don Bambú apretó los dientes e hizo todavía más fuerza para no perderlo, logrando mantener su posición a pesar de todo. No se atrevió a mirar a los lados o siquiera detrás suya a ver cómo lo estaba llevando Derya. Tenía completa fe en sus compañeros, pero seguía temiendo por la vida de Enma.
El panda observó cómo los cabos gemelos, el final del camino en la desembocadura de la corriente ascendente (ahora descendente), se aproximaba a toda velocidad. Supo entonces que el impacto contra el agua tranquila a semejante velocidad iba a ser considerable e hizo acopio de todas su fuerzas para continuar agarrado y resistirlo todo. Estaba decidido a convertirse en el muro que parase los envites del aciago destino sobre aquellos que eran más débiles.
Resumen
