13-09-2025, 02:26 PM
Mink y cocodrilo viajan por las infinitas llanuras y colinas de Long Ring Long Land en paz mientras el día se va volviendo más y más raro con el paso del tiempo. Un pueblo abandonado les da la bienvenida, pero Berry es cauta, mucho más de lo que pudiera parecer a simple vista. Activa su percepción extrasensorial en un radio de 40 metros para inspeccionar la casa y, aunque no la abarca toda inicialmente, según sus sentidos avanzan por la estructura no detecta absolutamente nada. Coco, por otro lado, aunque tu Kenbunshoku te transmite cierta tranquilidad al no existir presencias hostiles en las inmediaciones, está algo inquieto. Baila de una forma extraña, apoyando su peso en su lateral izquierdo y luego en su lateral derecho alternativamente. Su nariz abananada emite graves sonidos aspiración, evidenciando que está detectando algún olor que le ha llamado la atención. Sin orden ni permiso, el cocodrilo empieza a avanzar a pisotones por la plantación de dansías, aplastando todas las que se encuentran en su camino y tiñendo el huerto de rojo y rosa. Si se puede sacar algo bueno de todo esto, es que la plantación del próximo año ya está hecha.
El avance del cocodrilo es directo y brutal. Las estrechas vallas de madera que hacen de barrera entre el huerto y el exterior colapsan al paso del gigante sin oponer resistencia aparente, como si fueran cuatro palos atados con un trozo de hierba endeble. El cocodrilo se planta delante de la casa en la que no detectas presencia alguna y golpea la puerta con su morro gentilmente, pidiéndote que la abras. Y mientras espera a que esto suceda, olisquea sonoramente por debajo de la puerta lo que le ha llamado la atención.
Ahora que estás frente a la casa tú también lo detectas. Lo que ha llamado la atención de Coco tan fuerte como para no detenerse cuando tú lo has querido ha sido el inconfundible olor de la sangre. Allí dentro ha sangrado alguien, y no poco además. Es posible que estés a punto de descubrir qué ha ocurrido en aquel pueblo, si es que quieres abrir la puerta.
El avance del cocodrilo es directo y brutal. Las estrechas vallas de madera que hacen de barrera entre el huerto y el exterior colapsan al paso del gigante sin oponer resistencia aparente, como si fueran cuatro palos atados con un trozo de hierba endeble. El cocodrilo se planta delante de la casa en la que no detectas presencia alguna y golpea la puerta con su morro gentilmente, pidiéndote que la abras. Y mientras espera a que esto suceda, olisquea sonoramente por debajo de la puerta lo que le ha llamado la atención.
Ahora que estás frente a la casa tú también lo detectas. Lo que ha llamado la atención de Coco tan fuerte como para no detenerse cuando tú lo has querido ha sido el inconfundible olor de la sangre. Allí dentro ha sangrado alguien, y no poco además. Es posible que estés a punto de descubrir qué ha ocurrido en aquel pueblo, si es que quieres abrir la puerta.
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