El peligro era inminente y había asumido que la sangre mancharía el suelo de Foodvalten tarde o temprano, fuera por nuestra mano o por ajena.
La muchedumbre foodvaltiense comenzó a discutir entre sí, algunos dudosos comenzaron a soltar sus armas y otros apoyaron las palabras del jefe. Otros, sin embargo, decidieron que era mejor idea mantener sus convicciones y luchar por lo que consideraban su tierra y su líder. Temí por los pobres incautos que osaran ponerse en el camino del enmascarado hacia el trono del inframundo. Sohem pareció comportarse de nuevo como un verdadero líder y estratega. Su voz potente resonó de nuevo dando a los que dudaban la posibilidad de pensarlo. De, incluso, abandonar si no querían seguirle. Pero los encomiaba a acompañarle y marchar si no querían pertenecer al futuro que prometía. Al futuro que les prometía el gremio. Lamentablemente la pugna verbal dio lugar a una física cuando, el Den Den Mushi negro de Sohem captó una conversación lejana. Esto hizo que todos nos alertáramos en el área y, quizá los más experimentados, como Sohem y yo, en la batalla sabíamos que el lugar se volvería una carnicería inmediatamente. Ya había mejorado mis sentidos para poder detectar ataques, esperando que vinieran a por nosotros, mas la sorpresa fue cuando una salva de disparos ejecutados desde los edificios frente a nosotros dirigieron sus plomos a la gente de Foodvalten. Al tener mi Kenbunshoku medio activo, cuando las balas alcanzaron la zona de la muchedumbre pude percibir todas y cada una de ellas.
Los segundos se hicieron eternos mientras, con una evidente mueca de dolor y tristeza, cerraba amargamente los ojos y percibía cada bala acercándose a un hombre trabajador que había dado su vida y salud por la isla que lo vio crecer. A una mujer valiente que defendía a su familia y sus costumbres. La mujer que unos instantes antes intentaba convencer a su viejo padre de unirse a nosotros pudo observar como el hombre caía desplomado por un disparo. Una lágrima quiso caer de mi ojo derecho mientras mis carrillos se apretaban. El olor a sangre y plomo llenaba el ambiente como una nube densa que te permitía cortarla con una katana afilada. Fue entonces cuando Shoto, mostrando por primera vez en un entorno realista su poder de la Akuma no mi -la cual por cierto, no ha pagado aún- lanzó una serie de canicas a Sohem, gritando su nombre a pleno pulmón y consiguiendo la atención del jefe del gremio. Sohem por su parte, bateó con Ein Hauch las canicas, rompiéndolas en el proceso y proyectándolas hacia los enemigos a lo lejos, descubriendo así que las pequeñas perlas contenían balas de cañon que, desperdigadas hacia los tiradores, dejaron la zona hecha añicos mientras un sonido de aullidos resonaban a lo lejos.
Mis carrillos comenzaron a rechinar. Ya conocía la muerte, era una vieja amiga. Y había matado yo mismo, por trabajo, por venganza, por placer y por poder. Pero nunca por traición. Aquellos que traicionan a los suyos no merecen respirar. Poco a poco, cerca de Sohem, comenzaba a encorvarme y flexionar mis rodillas mientras mi piel comenzaba a taparse muy lentamente por pelaje blanco. Mis músculos se tensaban por la cólera y mis manos se cerraban poco a poco mientras garras afiladas brotaban de ellas. El frío a mi alrededor arrebató por completo el calor a aquellos que aún pudieran mantenerse a nuestro lado sin huir y, una simple orden fue suficiente para poner en marcha al Lobo blanco. “A por ellos." Como una centella, me lancé al frente, en dirección al suelo, transformándome en mi forma completa. Mi estatura se redujo y adopté la posición cuadrúpeda del Lobo blanco, comenzando a correr como alma que llevaba el diablo con las fauces abiertas y salivantes entre los campesinos de Foodvalten, esquivándolos a todos como si supiera a donde ir de manera instintiva, como si llevara un localizador incorporado en mi presa y solo tuviera que seguir su rastro. Cuando pasé gran parte de ellos y alcancé la linea trasera salté poderosamente todo lo que pude mientras gruñía de manera ronca. En el aire observé el desastre producido por Sohem y Shoto, amplificando más y más mis sentidos para observar mi alrededor mientras aterrizaba y aullaba de forma amenazante a todo lo que mis pulmones permitían. Si quedaban “lobos” delante de mí, conocerían mis fauces. Ahora no tenía miedo. En mi mente solo estaba proteger y vengar a los caídos pues, si algo valoraba en la vida era la amistad y la lealtad y no soportaba la idea del hecho que acababa de presenciar. Era el momento de desatar al Lobo.
“No hay funerales para leones.”
La muchedumbre foodvaltiense comenzó a discutir entre sí, algunos dudosos comenzaron a soltar sus armas y otros apoyaron las palabras del jefe. Otros, sin embargo, decidieron que era mejor idea mantener sus convicciones y luchar por lo que consideraban su tierra y su líder. Temí por los pobres incautos que osaran ponerse en el camino del enmascarado hacia el trono del inframundo. Sohem pareció comportarse de nuevo como un verdadero líder y estratega. Su voz potente resonó de nuevo dando a los que dudaban la posibilidad de pensarlo. De, incluso, abandonar si no querían seguirle. Pero los encomiaba a acompañarle y marchar si no querían pertenecer al futuro que prometía. Al futuro que les prometía el gremio. Lamentablemente la pugna verbal dio lugar a una física cuando, el Den Den Mushi negro de Sohem captó una conversación lejana. Esto hizo que todos nos alertáramos en el área y, quizá los más experimentados, como Sohem y yo, en la batalla sabíamos que el lugar se volvería una carnicería inmediatamente. Ya había mejorado mis sentidos para poder detectar ataques, esperando que vinieran a por nosotros, mas la sorpresa fue cuando una salva de disparos ejecutados desde los edificios frente a nosotros dirigieron sus plomos a la gente de Foodvalten. Al tener mi Kenbunshoku medio activo, cuando las balas alcanzaron la zona de la muchedumbre pude percibir todas y cada una de ellas.
Los segundos se hicieron eternos mientras, con una evidente mueca de dolor y tristeza, cerraba amargamente los ojos y percibía cada bala acercándose a un hombre trabajador que había dado su vida y salud por la isla que lo vio crecer. A una mujer valiente que defendía a su familia y sus costumbres. La mujer que unos instantes antes intentaba convencer a su viejo padre de unirse a nosotros pudo observar como el hombre caía desplomado por un disparo. Una lágrima quiso caer de mi ojo derecho mientras mis carrillos se apretaban. El olor a sangre y plomo llenaba el ambiente como una nube densa que te permitía cortarla con una katana afilada. Fue entonces cuando Shoto, mostrando por primera vez en un entorno realista su poder de la Akuma no mi -la cual por cierto, no ha pagado aún- lanzó una serie de canicas a Sohem, gritando su nombre a pleno pulmón y consiguiendo la atención del jefe del gremio. Sohem por su parte, bateó con Ein Hauch las canicas, rompiéndolas en el proceso y proyectándolas hacia los enemigos a lo lejos, descubriendo así que las pequeñas perlas contenían balas de cañon que, desperdigadas hacia los tiradores, dejaron la zona hecha añicos mientras un sonido de aullidos resonaban a lo lejos.
Mis carrillos comenzaron a rechinar. Ya conocía la muerte, era una vieja amiga. Y había matado yo mismo, por trabajo, por venganza, por placer y por poder. Pero nunca por traición. Aquellos que traicionan a los suyos no merecen respirar. Poco a poco, cerca de Sohem, comenzaba a encorvarme y flexionar mis rodillas mientras mi piel comenzaba a taparse muy lentamente por pelaje blanco. Mis músculos se tensaban por la cólera y mis manos se cerraban poco a poco mientras garras afiladas brotaban de ellas. El frío a mi alrededor arrebató por completo el calor a aquellos que aún pudieran mantenerse a nuestro lado sin huir y, una simple orden fue suficiente para poner en marcha al Lobo blanco. “A por ellos." Como una centella, me lancé al frente, en dirección al suelo, transformándome en mi forma completa. Mi estatura se redujo y adopté la posición cuadrúpeda del Lobo blanco, comenzando a correr como alma que llevaba el diablo con las fauces abiertas y salivantes entre los campesinos de Foodvalten, esquivándolos a todos como si supiera a donde ir de manera instintiva, como si llevara un localizador incorporado en mi presa y solo tuviera que seguir su rastro. Cuando pasé gran parte de ellos y alcancé la linea trasera salté poderosamente todo lo que pude mientras gruñía de manera ronca. En el aire observé el desastre producido por Sohem y Shoto, amplificando más y más mis sentidos para observar mi alrededor mientras aterrizaba y aullaba de forma amenazante a todo lo que mis pulmones permitían. Si quedaban “lobos” delante de mí, conocerían mis fauces. Ahora no tenía miedo. En mi mente solo estaba proteger y vengar a los caídos pues, si algo valoraba en la vida era la amistad y la lealtad y no soportaba la idea del hecho que acababa de presenciar. Era el momento de desatar al Lobo.
“No hay funerales para leones.”
Resumen
Bélico
Haki
Inventario

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