17-09-2025, 02:45 PM
Cómo se nota que estamos viviendo en las partes más bajas del mundo, la pobreza no es extrema pero se puede ver que no es como que abunden los recursos. Las personas no pueden ocultar la sencillez con la que viven cada día. Mi atención centrada en lo que me rodea mientras espero se ve interrumpida. Galopes se escuchan y no solo llaman mi atención si no la de todos, algunos ya escondiendo a sus hijos y algunos cerrando ventanas y puertas. Veo a los lados un poco confundido, buscando una explicación también donde ocultarme yo. Mas vale prevenir que lamentar.
Pero no soy el único sin escondite. La veo huir, no parece estar nada bien esa persona, también la veo caer al suelo fangoso. ¿Ella a que le está huyendo? Los galopes se escuchan más fuertes.
—¡Rápido no la dejes que se escape!—
—¡Esa se fue por aquí!—
—¡Cogela!—
Normalmente un ser cuerdo no se metería en esta situación, osea mirala, todos se escondieron en sus casas, esa persona está a su suerte y no hay nadie que pueda hacer nada por ella. Me dio un remordimiento que me dolió en la boca del estómago. Me vi reflejado en ella como alguien a quien nadie ayuda. No, si yo estoy aquí no dejaré que le hagan daño. Este complejo de héroe se apodera de mi, me da esa valentía. La ayudaré pero no buscando confrontar a quienes la persiguen.
Corrí bajo la lluvia y la busque llevar arrastrada, cargada, como ella misma me lo permitiera, pero, a la fuerza. Llevarla hasta detrás de unos barriles y unos sacos con botellas rotas y restos de madera. Bien podría dejarle allí y pegar la carrera, pero no será suficiente para ocultarla.
Está empapada por la lluvia, sucia, parece que lo ha pasado bastante mal, se ve toda quemada. Debe ser por eso que está huyendo. Mi tunica la cubre y si se queda quieta puede pasar desapercibida. Podría quedarme aquí con ella. Pero soy gigante y mis ropas con joyería falsa, torso desnudo, alas, y ropa como de flamenca llena de adornos no me hacen muy fácil de ocultar. —Quedate oculta, no importa lo que pase no vayas a dejarte ver.—
Puede que no parezca muy convincente pero quiero ayudarla. Entonces me asomo de inmediato al medio de la ruta principal. Inmediato me ven. Bueno, es que llamo la atención. —¡Epa tu! No te muevas.— Quieren llamar mi atención pero trato de jugar al sordo y voy caminando cada vez alejándome. Escucho los galopes por mi y de inmediato veo que uno de ellos me corta el camino.
Lo veo, estamos a alturas no tan distantes, me ve desafiante y yo sigo tratando de verme sin dar atención. —Detrás de ti imbecil.— El otro cuatrero baja de su montura sacando un látigo corto. —¿Acaso piensas que estoy jugando contigo? Grandote. Si te hablo, tu te detienes.— Es bastante malhumorado y prepotente, pero con eso en su mano siento que él está en control de la situación.
—Lo siento es que no soy de por aquí.— Una obvia mentira pero suficiente para pasar disfrazada. Estoy nervioso, quizá estaría comenzando a sentir calor, pero la lluvia fría me lo impide. Pronto mi ropa se ciñe a mi cuerpo y se comienza a hacer incómoda.
—Como sea. ¿No has visto a una mujer por aquí? Es nuestra amiga, se perdió y la tenemos que llevar a casa.— El compañero se ríe en burla. Ladeo del uno al otro fingiendo confusión. —No, nada que ver, yo solo estaba caminando buscando donde hospedarme.— Sigo en mi papel, pero en eso entonces puedo ver que un niñito, de los que estaba jugando en la lluvia, aparece corriendo y al ver a los hombre busca huir a su casa con su mamá.
Entonces es cuando lo llama el señor lo ve y sin dudar demasiado le sirve al niño que no se detiene y corre en desespero. El bandolero con el látigo no duda y lo sigue, es más veloz que el niño y lo veo hacer el gesto para darle con el látigo al niño inocente. Lo puedo ver, mi corazón en ese momento comienza a latir lento y lo veo como si el tiempo quisiera que el momento se quedará grabado en mi mente. Me pregunto si debo ayudar al niño, quiero hacerlo, pero al mismo tiempo sé que no voy a alcanzar.
Se escucha de inmediato y luego de eso un grito infantil que desgarra la lluvia. Perdí la razón. Ningún niño merece tal trato. Todo comenzó a tornarse rojo para mi. No comprendí que me pasó, no me hicieron nada, pero sentí aquel golpe tan próximo que es como si me hubieran dado con el látigo a mi. Mi piel se erizó y simplemente no pensé. Agarré al cuatrero en el caballo y se lo lancé a su compañero. El tipo voló, el caballo relincho y pego la carrera y los maleantes se encontraron en el fango.
El niño no les hizo nada. El niño no les hizo nada. El niño no les hizo nada. El niño no les hizo nada. El niño no les hizo nada.
Los veo próximos a mí y entonces comencé a soltar golpe tras golpe. Estos humanos son livianos y cuando quieren golpear de vuelta basta con agarrarlos del cuello y lanzarlos al fango de nuevo. No salgo ileso, tampoco es que yo sea experto en esto de las peleas, solo que perdí el miedo por un instante y me abalance contra ellos sin pensar.
Pero no soy el único sin escondite. La veo huir, no parece estar nada bien esa persona, también la veo caer al suelo fangoso. ¿Ella a que le está huyendo? Los galopes se escuchan más fuertes.
—¡Rápido no la dejes que se escape!—
—¡Esa se fue por aquí!—
—¡Cogela!—
Normalmente un ser cuerdo no se metería en esta situación, osea mirala, todos se escondieron en sus casas, esa persona está a su suerte y no hay nadie que pueda hacer nada por ella. Me dio un remordimiento que me dolió en la boca del estómago. Me vi reflejado en ella como alguien a quien nadie ayuda. No, si yo estoy aquí no dejaré que le hagan daño. Este complejo de héroe se apodera de mi, me da esa valentía. La ayudaré pero no buscando confrontar a quienes la persiguen.
Corrí bajo la lluvia y la busque llevar arrastrada, cargada, como ella misma me lo permitiera, pero, a la fuerza. Llevarla hasta detrás de unos barriles y unos sacos con botellas rotas y restos de madera. Bien podría dejarle allí y pegar la carrera, pero no será suficiente para ocultarla.
Está empapada por la lluvia, sucia, parece que lo ha pasado bastante mal, se ve toda quemada. Debe ser por eso que está huyendo. Mi tunica la cubre y si se queda quieta puede pasar desapercibida. Podría quedarme aquí con ella. Pero soy gigante y mis ropas con joyería falsa, torso desnudo, alas, y ropa como de flamenca llena de adornos no me hacen muy fácil de ocultar. —Quedate oculta, no importa lo que pase no vayas a dejarte ver.—
Puede que no parezca muy convincente pero quiero ayudarla. Entonces me asomo de inmediato al medio de la ruta principal. Inmediato me ven. Bueno, es que llamo la atención. —¡Epa tu! No te muevas.— Quieren llamar mi atención pero trato de jugar al sordo y voy caminando cada vez alejándome. Escucho los galopes por mi y de inmediato veo que uno de ellos me corta el camino.
Lo veo, estamos a alturas no tan distantes, me ve desafiante y yo sigo tratando de verme sin dar atención. —Detrás de ti imbecil.— El otro cuatrero baja de su montura sacando un látigo corto. —¿Acaso piensas que estoy jugando contigo? Grandote. Si te hablo, tu te detienes.— Es bastante malhumorado y prepotente, pero con eso en su mano siento que él está en control de la situación.
—Lo siento es que no soy de por aquí.— Una obvia mentira pero suficiente para pasar disfrazada. Estoy nervioso, quizá estaría comenzando a sentir calor, pero la lluvia fría me lo impide. Pronto mi ropa se ciñe a mi cuerpo y se comienza a hacer incómoda.
—Como sea. ¿No has visto a una mujer por aquí? Es nuestra amiga, se perdió y la tenemos que llevar a casa.— El compañero se ríe en burla. Ladeo del uno al otro fingiendo confusión. —No, nada que ver, yo solo estaba caminando buscando donde hospedarme.— Sigo en mi papel, pero en eso entonces puedo ver que un niñito, de los que estaba jugando en la lluvia, aparece corriendo y al ver a los hombre busca huir a su casa con su mamá.
Entonces es cuando lo llama el señor lo ve y sin dudar demasiado le sirve al niño que no se detiene y corre en desespero. El bandolero con el látigo no duda y lo sigue, es más veloz que el niño y lo veo hacer el gesto para darle con el látigo al niño inocente. Lo puedo ver, mi corazón en ese momento comienza a latir lento y lo veo como si el tiempo quisiera que el momento se quedará grabado en mi mente. Me pregunto si debo ayudar al niño, quiero hacerlo, pero al mismo tiempo sé que no voy a alcanzar.
WHIPLASH
Se escucha de inmediato y luego de eso un grito infantil que desgarra la lluvia. Perdí la razón. Ningún niño merece tal trato. Todo comenzó a tornarse rojo para mi. No comprendí que me pasó, no me hicieron nada, pero sentí aquel golpe tan próximo que es como si me hubieran dado con el látigo a mi. Mi piel se erizó y simplemente no pensé. Agarré al cuatrero en el caballo y se lo lancé a su compañero. El tipo voló, el caballo relincho y pego la carrera y los maleantes se encontraron en el fango.
El niño no les hizo nada. El niño no les hizo nada. El niño no les hizo nada. El niño no les hizo nada. El niño no les hizo nada.
Los veo próximos a mí y entonces comencé a soltar golpe tras golpe. Estos humanos son livianos y cuando quieren golpear de vuelta basta con agarrarlos del cuello y lanzarlos al fango de nuevo. No salgo ileso, tampoco es que yo sea experto en esto de las peleas, solo que perdí el miedo por un instante y me abalance contra ellos sin pensar.
