26-09-2023, 09:40 PM
Agarrado a la soga del mástil la indiferencia me servía de arma y escudo a partes iguales para con las situaciones adversas del trayecto: Ni tenía que estar pendiente de lo que pasaba o decían los viajeros, ni tenía que preocuparme de estar en el interior del barco sin ver lo que sucedía y privándome de la opción de reacción. Afortunadamente, pude contemplar el futuro.
La subida terminó en un punto álgido y brevemente tranquilo desde el cual se podía apreciar la totalidad del mundo en su esplendor más inmediato. La vista alcanzaba a ver en la lejanía varios pedruscos y formaciones rocosas que se extendían como las gotas de pintura que salpicaban un lienzo, dejando a nuestro parecer y entender que aquellos destinos podrían ser los nuestros. Pero la observación duró más bien poco, pues abruptamente el barco comenzó a descender. Al mismo tiempo algunas personas en cubierta salían volando. Gritos. "Ayúdame" y "coge mi mano" eran lo más recurrente en el ambiente y la velocidad del navío se incrementaba con fuerza conforme más descendía. El viento entraba por los agujeros de mi casco y producía un efecto ensordecedor dentro del mismo. El aire frío azotaba mi piel y refrescaba mi testa al punto de sentir la adrenalina casi fluyendo por mis venas con la misma intensidad candente que mis sentimientos de libertad.
— ¡ ¡ W R Y Y Y Y H A H A H A H A H A H A ! ! — reí, a gritos, feliz de vivir este momento. Feliz de estar vivo. Los que volaban y caían por la borda eran bultos a superar en el camino. Cuerpos que debían apilarse para poder formar una montaña sobre la que elevarse. Una montaña que me acercaría aun más a mi destino de ser el más fuerte. ¡Esto era la libertad! Jamás podría haber imaginado que pudiera haber vivido algo así oculto entre el lujo y la opulencia de mi destino sanguíneo. ¡Necesitaba más! ¡Quería ver más aún! Sólo unos metros más y el barco llegaría al final de la cascada, y tras ellos, algunas horas hasta el primer destino, la primera isla desde la que poder tomar rumbo plenamente libre y en pos de una nueva aventura. Y ahora no pensaba ni en gremios ni en sacar tajada, tan solo, en el inenarrable placer de poder sentir que el mundo me había elegido, allí, solo sobre esa cubierta agarrado a un triste cuerda, por encima de todos los demás presos de sus convicciones y sus motivaciones o deberes morales. Yo era el que iba a sobresalir por encima de todos ellos. Aunque tuviera que ser a la fuerza.
La subida terminó en un punto álgido y brevemente tranquilo desde el cual se podía apreciar la totalidad del mundo en su esplendor más inmediato. La vista alcanzaba a ver en la lejanía varios pedruscos y formaciones rocosas que se extendían como las gotas de pintura que salpicaban un lienzo, dejando a nuestro parecer y entender que aquellos destinos podrían ser los nuestros. Pero la observación duró más bien poco, pues abruptamente el barco comenzó a descender. Al mismo tiempo algunas personas en cubierta salían volando. Gritos. "Ayúdame" y "coge mi mano" eran lo más recurrente en el ambiente y la velocidad del navío se incrementaba con fuerza conforme más descendía. El viento entraba por los agujeros de mi casco y producía un efecto ensordecedor dentro del mismo. El aire frío azotaba mi piel y refrescaba mi testa al punto de sentir la adrenalina casi fluyendo por mis venas con la misma intensidad candente que mis sentimientos de libertad.
— ¡ ¡ W R Y Y Y Y H A H A H A H A H A H A ! ! — reí, a gritos, feliz de vivir este momento. Feliz de estar vivo. Los que volaban y caían por la borda eran bultos a superar en el camino. Cuerpos que debían apilarse para poder formar una montaña sobre la que elevarse. Una montaña que me acercaría aun más a mi destino de ser el más fuerte. ¡Esto era la libertad! Jamás podría haber imaginado que pudiera haber vivido algo así oculto entre el lujo y la opulencia de mi destino sanguíneo. ¡Necesitaba más! ¡Quería ver más aún! Sólo unos metros más y el barco llegaría al final de la cascada, y tras ellos, algunas horas hasta el primer destino, la primera isla desde la que poder tomar rumbo plenamente libre y en pos de una nueva aventura. Y ahora no pensaba ni en gremios ni en sacar tajada, tan solo, en el inenarrable placer de poder sentir que el mundo me había elegido, allí, solo sobre esa cubierta agarrado a un triste cuerda, por encima de todos los demás presos de sus convicciones y sus motivaciones o deberes morales. Yo era el que iba a sobresalir por encima de todos ellos. Aunque tuviera que ser a la fuerza.

![[Imagen: mz3XEoL.png]](https://i.imgur.com/mz3XEoL.png)