21-09-2025, 07:14 AM
Lo que menos podría haber esperado es que la víctima se convirtiera en victimario. Yo fuí incluso removido del camino por la embestida de ¿ella? No es que dude de su género. Lo que se ve no se pregunta, solo que su fuerza en ese momento era tal que dejaba sin palabras a cualquiera que viera lo que ocurría. Tal despliegue de fuerza y de enojo. Ahora estoy dudando de si ayudé a la persona correcta o si ayudé a desatar a la bestia encarnada.
Tal vez era solo adrenalina. Diablos, esto llamó mucho la atención. Estos sucesos no me motivan en absoluto. Esto es un completo desastre, pero sería cobarde dejarla allí, aunque le salvé, creo que fue más que ella me salvó a mi. Si necesitaba de ese nivel de fuerza para encargarme de ellos, creo que no habría podido. No va conmigo eso, no la voy a dejar a su suerte.
Ponerme de pie sin sacudirse el barro, solo acomodé mi coleta. —Bien. Ya hiciste tu desastre. Pudieron haber resuelto todo hablando. — Aún ahora, luego de la violencia, aun creo que podríamos haber llegado a un acuerdo en el que no le hicieran daño a nadie. Me llevaré a este cuerpo poseído conmigo, seguramente sacudimos un panal y seguro algunas abejas restantes vendrán en venganza.
Intenté subirme al hombro a la muchacha, ni siquiera se su nombre, ni siquiera detalle si tiene cosas de valor consigo. No olvido la túnica o la guitarra que carga consigo. Es mucho peso así que toca arrastrar con todo esto lejos de la zona del crimen. Me tocó caminar bajo la lluvia fría ahora cargando con una gran cantidad de peso y ahora cargo conmigo otra inseguridad. Cómo si no fuera suficiente con saber que puede tener ojos observando.
Me tomó lo suyo, a pesar de mis largas zancadas, hasta que conseguí una casa abandonada. No son sorpresa, no todos pueden mantener un hogar y este no es precisamente acogedor, tiene goteras, las ventanas se nota que las intentan tapar con tablas pero algún vagabundo las profanó. Me toca meterte ahí por la misma ventana y pasar después por ese espacio tan reducido. Allí adentro huele a animal, como si las ratas hubieran marcado este lugar. Deplorable pero nos mantendrá ocultos y nos cuida de la lluvia.
Recargo tu pequeño instrumento de la esquina. No parece que lo uses para música, pero, no la dejaré por ahí. Igual ya se que puedo golpear a alguien si se acercan demasiado. Escurro la túnica hasta sacar toda el agua. Te vuelvo a arropar y me toca dejarte en esa habitación un rato. Recorro la ruina, múltiples cuartos, una zona común donde todas se conectan. Pudo ser una casa de alquiler o de una familia numerosa.
Me sacudo el exceso de agua y pronto escurro mis ropas que constan de la mitad de abajo de una túnica y joyería barata. Nada brillante, solo adornos de madera pintados que uso porque me recuerdan a las ropas que usaba desde antes.
Necesito alejar el calor así que en mi semidesnudez busqué la cocina de aquel abandonado sitio y encontré un horno de barro. Lo encendí con una pequeña llama que podía hacer con mis palmas y madera de mala calidad que había en el suelo. Lejos de ser el mejor plan, esto me mantendrá caliente. Entonces volvería por la peleadora para atraerla al fuego, ella seguramente estaría más helada que yo al huir de esos bandidos bajo la lluvia. Ella me da un poco de lástima, está toda quemada. De seguro habrían sido ellos mismos. Bueno, la aprecie así como a sus cicatrices, son hermosas, pero una lastima que tuviera que pasar por todo ese dolor. —Creo que es hora de llevarte al fuego.—
La gran envergadura de mis brazos sería suficiente para abrazarla y usando mis piernas la quise llevar de un extremo a otro esperando ahora que tenemos una fuente de calor pueda descansar mejor.
Tal vez era solo adrenalina. Diablos, esto llamó mucho la atención. Estos sucesos no me motivan en absoluto. Esto es un completo desastre, pero sería cobarde dejarla allí, aunque le salvé, creo que fue más que ella me salvó a mi. Si necesitaba de ese nivel de fuerza para encargarme de ellos, creo que no habría podido. No va conmigo eso, no la voy a dejar a su suerte.
Ponerme de pie sin sacudirse el barro, solo acomodé mi coleta. —Bien. Ya hiciste tu desastre. Pudieron haber resuelto todo hablando. — Aún ahora, luego de la violencia, aun creo que podríamos haber llegado a un acuerdo en el que no le hicieran daño a nadie. Me llevaré a este cuerpo poseído conmigo, seguramente sacudimos un panal y seguro algunas abejas restantes vendrán en venganza.
Intenté subirme al hombro a la muchacha, ni siquiera se su nombre, ni siquiera detalle si tiene cosas de valor consigo. No olvido la túnica o la guitarra que carga consigo. Es mucho peso así que toca arrastrar con todo esto lejos de la zona del crimen. Me tocó caminar bajo la lluvia fría ahora cargando con una gran cantidad de peso y ahora cargo conmigo otra inseguridad. Cómo si no fuera suficiente con saber que puede tener ojos observando.
Me tomó lo suyo, a pesar de mis largas zancadas, hasta que conseguí una casa abandonada. No son sorpresa, no todos pueden mantener un hogar y este no es precisamente acogedor, tiene goteras, las ventanas se nota que las intentan tapar con tablas pero algún vagabundo las profanó. Me toca meterte ahí por la misma ventana y pasar después por ese espacio tan reducido. Allí adentro huele a animal, como si las ratas hubieran marcado este lugar. Deplorable pero nos mantendrá ocultos y nos cuida de la lluvia.
Recargo tu pequeño instrumento de la esquina. No parece que lo uses para música, pero, no la dejaré por ahí. Igual ya se que puedo golpear a alguien si se acercan demasiado. Escurro la túnica hasta sacar toda el agua. Te vuelvo a arropar y me toca dejarte en esa habitación un rato. Recorro la ruina, múltiples cuartos, una zona común donde todas se conectan. Pudo ser una casa de alquiler o de una familia numerosa.
Me sacudo el exceso de agua y pronto escurro mis ropas que constan de la mitad de abajo de una túnica y joyería barata. Nada brillante, solo adornos de madera pintados que uso porque me recuerdan a las ropas que usaba desde antes.
Necesito alejar el calor así que en mi semidesnudez busqué la cocina de aquel abandonado sitio y encontré un horno de barro. Lo encendí con una pequeña llama que podía hacer con mis palmas y madera de mala calidad que había en el suelo. Lejos de ser el mejor plan, esto me mantendrá caliente. Entonces volvería por la peleadora para atraerla al fuego, ella seguramente estaría más helada que yo al huir de esos bandidos bajo la lluvia. Ella me da un poco de lástima, está toda quemada. De seguro habrían sido ellos mismos. Bueno, la aprecie así como a sus cicatrices, son hermosas, pero una lastima que tuviera que pasar por todo ese dolor. —Creo que es hora de llevarte al fuego.—
La gran envergadura de mis brazos sería suficiente para abrazarla y usando mis piernas la quise llevar de un extremo a otro esperando ahora que tenemos una fuente de calor pueda descansar mejor.
