26-09-2025, 02:45 AM
(Última modificación: 26-09-2025, 11:17 PM por Sohem.
Razón: Autorizado por el Narrador: Añadir el gasto de Espíritu
)
No me detuve, pero no acostumbraba a correr. La verdad es que no me gustaba tener que desplazarme haciendo esfuerzos físicos pues sentía que si no tenía ambos pies puestos en el suelo estaba desaprovechando mi punto de equilibrio y eso me hacía vulnerable. Eso y que correr era de cobardes, y yo ya había corrido lo suficiente cuando tuve que hacerlo. Y pensar en ello me caldeaba. Y cuanto más corría, más lo pensaba y más me enfadaba.
Tras el último kanabazo al aire, con mi grito de furia, pensé en que yo no era un cazador de recompensas convencional ni mucho menos. Yo no perseguía a nadie... la gente se metía en mi camino. ¿Por qué iba a tener que correr para encontrar nada ni a nadie? Yo mataba a todo el que osase interponerse en mi camino, pero no los perseguía. Los encontraba y los destruía con toda mi furia y mi poder, y esa Shichibukai de la isla no iba a ser la excepción.
Ya viendo a Viktor terminar de correr por la calle, por el espacio hacia la puerta, saltar la puerta, correr por el espacio hastal palacio y saltar dentro del palacio, o saltar al interior de donde cojones fuera, entendí que la seguridad de Shoto - por desgracia - era cosa mía, así que decidí usar una de mis más recientes habilidades: El Kenbunshoku Haki.
Lamentablemente aun era un poco abrupto con esta... o no es que le prestase especial atención a la medición de la misma, así que lo expandí dos centenares de metros tratando de encontrar a aquella persona invisible que había pegado un patadón o un puñetazo o lo que fuera a Viktor en este camino, y entonces la sentí, en lo alto del palacio donde estábamos dirigiendo nuestros pasos. Un aura como las llamas de una fogata, con el color de las brasas y el humo en medio de un bosque. Era fuerte, posiblemente pudiera suponer un desafío tanto para Viktor como para mi... pero no contra los dos. Desde luego su plan de tratar de abatir a uno de los dos antes de llegar al palacio era inteligente, pero se habían acabado ya las tonterías.
Estaba realmente molesto. Llevaba todo el puto día caminando. Caminé por un puerto, caminé por una loma, caminé por unas chabolas, caminé por una calle... y encima tuve que aguantar al castor ese con fimosis en la lengua que se nos había pegado antes como una lapa. Como que el mar genera espuma que iba a destrozar la cabeza de esa puta con mi propia mano para desquitarme.
Tras el último kanabazo al aire, con mi grito de furia, pensé en que yo no era un cazador de recompensas convencional ni mucho menos. Yo no perseguía a nadie... la gente se metía en mi camino. ¿Por qué iba a tener que correr para encontrar nada ni a nadie? Yo mataba a todo el que osase interponerse en mi camino, pero no los perseguía. Los encontraba y los destruía con toda mi furia y mi poder, y esa Shichibukai de la isla no iba a ser la excepción.
Ya viendo a Viktor terminar de correr por la calle, por el espacio hacia la puerta, saltar la puerta, correr por el espacio hastal palacio y saltar dentro del palacio, o saltar al interior de donde cojones fuera, entendí que la seguridad de Shoto - por desgracia - era cosa mía, así que decidí usar una de mis más recientes habilidades: El Kenbunshoku Haki.
Lamentablemente aun era un poco abrupto con esta... o no es que le prestase especial atención a la medición de la misma, así que lo expandí dos centenares de metros tratando de encontrar a aquella persona invisible que había pegado un patadón o un puñetazo o lo que fuera a Viktor en este camino, y entonces la sentí, en lo alto del palacio donde estábamos dirigiendo nuestros pasos. Un aura como las llamas de una fogata, con el color de las brasas y el humo en medio de un bosque. Era fuerte, posiblemente pudiera suponer un desafío tanto para Viktor como para mi... pero no contra los dos. Desde luego su plan de tratar de abatir a uno de los dos antes de llegar al palacio era inteligente, pero se habían acabado ya las tonterías.
Estaba realmente molesto. Llevaba todo el puto día caminando. Caminé por un puerto, caminé por una loma, caminé por unas chabolas, caminé por una calle... y encima tuve que aguantar al castor ese con fimosis en la lengua que se nos había pegado antes como una lapa. Como que el mar genera espuma que iba a destrozar la cabeza de esa puta con mi propia mano para desquitarme.
Resumen
Inventario
Bélico

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