26-09-2025, 02:50 AM
Su pregunta la hizo reír, quizás debería sentirse indignada, pero no ocurrió. Es un sonido que sale desde el estónago, con un par de movimientos del mismo. Porque le ha causado gracia.
—A veces lo soy.
Pero solo se da cuenta cuando ya es muy tarde. Como lo que ha ocurrido en su mano, una que seguramente le mostrará a alguien del pueblo para que le ayude en busca de una cura — ¿Diagnóstico? — porque ha tenido muchos, pero son por el resfrío o cualquier malestar — No lo sé. Nunca he ido al doctor por esto, nací así — habría soltado un “Dios lo quiso así” pero son palabras que hacen quedar mal a aquel que adora como a nadie más.
—Así que eres doctor — confesó, mientras aparece un regaño que la obligó a tensar su sonrisa — Uh… a veces lo soy — como ahora, como mañana y quizás toda la semana. Porque siempre pasa algo que la obliga a suspirar y seguir adelante poniendo buena cara — Intentaré no causar problemas, Doctor.
Porque no le ha dicho su nombre, tampoco sabe nada de él, pero ya parece confiable, simplemente por sus ansias de sanar a los demás — Claro, te ayudo — no hubo reparo ni duda, simplemente esperó la instrucción, mientras sus manos buscan el objeto que le ha ofrecido en el aire, encontrándolo luego de un par de intentos — ¿Desinfectar? ¿Qué es eso? — es un término desconocido, porque se balancea entre la ceguera y la ignorancia, en dos tipos de corte de su visión — Nunca usaron ese término en la iglesia.
No se habla de lo que no sirve. Hay términos que aparecen y la gente suele responder sin problema, pero ¿Y si no aparecen de dónde los aprende?
—¿Cómo se trabajan para que no sean venenosas, Doctor? — porque no ha visto jamás el trabajo de alguien así, de un boticario. Tampoco conoce ningún oficio en realidad, pero sabe que algunos existen porque hay maneras de comprobar que están.
Su pregunta la hizo pensar, mientras sus manos se pasean por las flores, tirando unas cuantas — Desde siempre. ¿Debería ser distinto? — porque no conoce la maldad, encerrada en una jaula que tiene la puerta abierta, se ha quedado ahí en la comodidad de una vida simple que aparenta ser feliz — ¿Por qué debería preocuparme si no puedo verlo?
Volteó su rostro de donde vienen las palabras — No podría salir a ningún lugar — tiró con fuerza una de las flores, tanta que necesitó usar sus piernas para hacer más presión — Esa no es vida.
Le pareció preferible la muerte en ese caso.
Cuando finalmente sacó la flor su cuerpo terminó con la espalda en el piso — Además, el mundo no es tan malo como todos me habían dicho — se sentó, con un par de pétalos atrapados en su cabello — ¿O es que crees lo contrario?
—A veces lo soy.
Pero solo se da cuenta cuando ya es muy tarde. Como lo que ha ocurrido en su mano, una que seguramente le mostrará a alguien del pueblo para que le ayude en busca de una cura — ¿Diagnóstico? — porque ha tenido muchos, pero son por el resfrío o cualquier malestar — No lo sé. Nunca he ido al doctor por esto, nací así — habría soltado un “Dios lo quiso así” pero son palabras que hacen quedar mal a aquel que adora como a nadie más.
—Así que eres doctor — confesó, mientras aparece un regaño que la obligó a tensar su sonrisa — Uh… a veces lo soy — como ahora, como mañana y quizás toda la semana. Porque siempre pasa algo que la obliga a suspirar y seguir adelante poniendo buena cara — Intentaré no causar problemas, Doctor.
Porque no le ha dicho su nombre, tampoco sabe nada de él, pero ya parece confiable, simplemente por sus ansias de sanar a los demás — Claro, te ayudo — no hubo reparo ni duda, simplemente esperó la instrucción, mientras sus manos buscan el objeto que le ha ofrecido en el aire, encontrándolo luego de un par de intentos — ¿Desinfectar? ¿Qué es eso? — es un término desconocido, porque se balancea entre la ceguera y la ignorancia, en dos tipos de corte de su visión — Nunca usaron ese término en la iglesia.
No se habla de lo que no sirve. Hay términos que aparecen y la gente suele responder sin problema, pero ¿Y si no aparecen de dónde los aprende?
—¿Cómo se trabajan para que no sean venenosas, Doctor? — porque no ha visto jamás el trabajo de alguien así, de un boticario. Tampoco conoce ningún oficio en realidad, pero sabe que algunos existen porque hay maneras de comprobar que están.
Su pregunta la hizo pensar, mientras sus manos se pasean por las flores, tirando unas cuantas — Desde siempre. ¿Debería ser distinto? — porque no conoce la maldad, encerrada en una jaula que tiene la puerta abierta, se ha quedado ahí en la comodidad de una vida simple que aparenta ser feliz — ¿Por qué debería preocuparme si no puedo verlo?
Volteó su rostro de donde vienen las palabras — No podría salir a ningún lugar — tiró con fuerza una de las flores, tanta que necesitó usar sus piernas para hacer más presión — Esa no es vida.
Le pareció preferible la muerte en ese caso.
Cuando finalmente sacó la flor su cuerpo terminó con la espalda en el piso — Además, el mundo no es tan malo como todos me habían dicho — se sentó, con un par de pétalos atrapados en su cabello — ¿O es que crees lo contrario?
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