La situación rozaba los límites de lo inverosímil de forma tan criminal que la actitud tremendamente inocente de Gwen hacía que Owen echase aún más chispas. ÉL era el mentiroso, ÉL era el estafador y no existe peor sentimiento hacia el ladrón que ser robado, y más ante alguien que durante minutos había demostrado tener una fragilidad sin precedentes o...una capacidad excelsa para fingir debilidad y ceguera. No podía ser, esta chica o era la mejor tramposa que conoció en su vida o era literalmente una enviada del todopoderoso para hacer pagar al pelirrojo por todos y cada uno de sus pecados.
La veía dando manotazos en el aire, forzando aún más el hecho de que ella, de verdad, era ciega. Bueno, podía ser ciega y ser una estafadora de primera, ¿No? Pero...dentro de la cabeza de Owen surcada una idea que le confundía aún más, llenando su mente de estática y duda, una que le hizo bajar un par de decibeles -Pero...¿Qué querría conseguir engañándome con los dados?- el tiempo pareció detenerse durante unos cuantos segundos, mientras veía cómo quería tocarle estando total y profundamente incapaz de hacerlo de forma regular, tal y como cuando se cae algo debajo de un mueble y solo queda estirar la mano hasta llegar al objetivo -Si es capaz de elegir qué valores de números salen, podría haber buscado fallar hasta apostar conmigo y sacarme hasta las ganas de existir. Esto...es...- y buscando unos ojos que permanecían cerrados y protegidos por aquel velito de forma de verja blanca, sutil y suave, su atención se clavó en ese rostro tan absolutamente espectacular y angelical. Era una muñeca, ni siquiera parecía real -...de verdad, ¿Obra de un Dios?- todo el tono caricaturesco empezó a tornarse relativamente serio. Si el pelirrojo tenía interés por la no-vidente, ahora era incapaz de no pensar en otra cosa que no fuese ella.
Gwen hablaba, buscaba evitar destacar, calmar la situación, ¡Incluso parecía ella estarle perdonando! Lo que, a esta altura del partido para la cabeza del pelirrojo teñido era algo real, como si estuviese delante de un confesionario eclesiástico mientras poco a poco la situación y el griterío de Owen había llamado poderosamente la atención de todos los residentes, turistas, donde los gritos se coordinaban en: "¡EH! ¡HAY UNA MONJA QUE CUMPLE MILAGROS!", "¿¡Milagros!? ¿¡En la Isla del Karate!?", "Voy a pedirle que mi esposa me perdone. Tener un hijo con otra mujer no puede ser tan grave.", una sucesión de frases que se acumulaban entre cuchicheos, susurros, boca-en-boca y una mujercita espectacularmente preciosa que se mostraba tan débil, temerosa, frágil y penosa que se dio contra la mesa que tenía exactamente delante de ella, empujándola ligeramente al son de un ¡IIK! muy veloz.
Ella parecía querer buscar silenciar o, al menos, reducir el escándalo provocado por el pelirrojo. ¿Acaso quería pasar un poco más desapercibida? La chica, pese a su condición, tenía un buen sentido de la orientación. Aunque, bueno, realmente tampoco había que ser un radar humano para poder ubicar a la campana ruidosa de Owen Yang y, en un movimiento grácil como suave -¡!- fue silenciado por una mano que resultó ser tan suave, delicada y maravillosa que le apagó el sistema momentáneamente. ¿Acaso Gwen tenía algún superpoder para mover los hilos del comportamiento? No le dio tiempo ni siquiera a pensar como sentirse...porque, ahora sí, se agolpó el desastre.
"¡Ayúdame! ¡Mi negocio está yendo mal y no sé como encararlo!"
Cada petición más ridícula que la anterior, pero cuando toda esperanza está perdida solo toca una cosa: Pedirle al elemento santificado que te saque de la penuria en la que tú, solito, decidiste meterte. Ni Owen con su mejor estafa había conseguido un cúmulo de cabezas y personas apelotonadas alrededor de la chica de tal calibre como lo estaba originando; Colas y colas de personas buscando meterse en aquel hostal debido a lo rapidísimo que había corrido la voz y el aspecto de Gwen, progresivamente, se había vuelto pálido, confuso y, por sobre todas las cosas, muy incómodo. Sin siquiera un contacto visual, el pelirrojo volteó y se aproximó casi pegando su rostro con el de ella para poder escucharle, mirándole como un niño curioso.
Automáticamente dio un respingo debido al susto de que la mujercita preciosa, en un segundo, pudiese desmayarse o ponerse aún peor. Si él no hubiese llamado la atención con tanta brusquedad, probablemente, no la estarían hostigando de una forma tan atronadora y que, encima, ahora, podría tener problemas si continuaba en aquel lugar.
En un grácil movimiento y mientras la suprema incomodidad del lugar asechaba, El pelirrojo le hablaba con un tono burlón y chispeante a la pequeña monjita que se veía claramente agotada mentalmente. Su cuerpo se veía inclinado hacia atrás, como si estuviese preparado para llevarla a caballito y, de reojo, vislumbrando la salida perfecta entre el berenjenal de personas -Tú solamente déjate caer y yo haré el resto. Te sacaré de aquí.- y si la muchachita accedía, no demoraría ni diez segundos en agacharse, atrapar sus piernas, dar un pequeño brinco para acomodarla mejor y salir pitando por exactamente el mismo pasillo generado por las personas pero desviándose hacia la salida del lugar que Owen desatoró a patada limpia.
Aquel día sí que había sido loco: De estar atado en los caminos a los dojos de combate al hostal, y del hostal, a uno de los lugares favoritos del muchacho de cabellos rojos. Si Owen tenía una cualidad particular era de ser un oteador sin igual; Siempre revisaba la totalidad de sus alrededores para poder buscar oportunidades, negocios, engaños y, por sobre todas las cosas, lugares que puedan fascinar y despertar su interés. Era un muchacho que adoraba compartir todo lo que le gustaba y añoraba y siempre, pero siempre llevaba a las personas que le agradaba a los lugares que despertaban cierto fulgor en su corazón.
Había pasado un rato entre trotando y caminando. Sabía que iba a volver a ser difícil acercarse a aquel hostal al haber sido identificado con una absurda facilidad (Y más con esa cara tan vivaz y pilla que posee) pero...esta vez, tenía un plan diferente. Volvió a reclinarse, encorvado, dándole un punto de apoyo a la muchachita no-vidente mientras volteaba hacia atrás y dirigirse hacia ella con su tono brillante y agradable -Te traje a uno de los lugares que más me gustan de la isla. Bueno, que más no, EL que más.- subrayó el "El" elevando ligeramente más el tono, mientras una brisa detrás de otra agitaban sus ropajes y cabello. A veces con mimo y otras de un sacudón -¿Te encuentras menos agobiada de lo de hace un rato?- había pasado ya una hora entre caminata y transición hacia aquel lugar, pero, a muy pocos metros de ellos, tenían uno de los templos de meditación más importantes de toda la isla. Este tenía un jardín central natural que lo decoraba en demasía, casi de forma caprichosa y selectiva, con una variedad de flores de varios colores y subtipos de la misma especie, como si alguien se hubiese tomado la molestia tiempo atrás de que aquello tuviese exactamente ese aspecto años después. Imperturbable, incorruptible, virgen, pero accesible para todo el mundo -Aquí no hace falta que uses tu bastón ni nada. En cuanto corras peligro yo te socorro, pero sé libre.- No la conocía, poco le importaba, pero...Owen era un liberador y, al menos en su mente, no existía mayor sensación que el de la libertad absoluta -También me rob-tomé comida del hostal, al dueño seguro que no le importó.- se corrigió, con una expresión casi inmutable ante la mentira. En sus bolsillos tenía tres dangos de diferentes colores primarios, seguido de una cantimplora azul que colgaba de manera diagonal en su cuerpo y posada al lado de su bolsillo -¿Eras consciente de que estabas sacando el mejor número de dados una y otra vez y lo hiciste sin cesar durante veinte veces? Eres...absolutamente increíble. El todopoderoso te trajo hasta mi para que seas mi diosa de la fortuna, seguro.-.
La veía dando manotazos en el aire, forzando aún más el hecho de que ella, de verdad, era ciega. Bueno, podía ser ciega y ser una estafadora de primera, ¿No? Pero...dentro de la cabeza de Owen surcada una idea que le confundía aún más, llenando su mente de estática y duda, una que le hizo bajar un par de decibeles -Pero...¿Qué querría conseguir engañándome con los dados?- el tiempo pareció detenerse durante unos cuantos segundos, mientras veía cómo quería tocarle estando total y profundamente incapaz de hacerlo de forma regular, tal y como cuando se cae algo debajo de un mueble y solo queda estirar la mano hasta llegar al objetivo -Si es capaz de elegir qué valores de números salen, podría haber buscado fallar hasta apostar conmigo y sacarme hasta las ganas de existir. Esto...es...- y buscando unos ojos que permanecían cerrados y protegidos por aquel velito de forma de verja blanca, sutil y suave, su atención se clavó en ese rostro tan absolutamente espectacular y angelical. Era una muñeca, ni siquiera parecía real -...de verdad, ¿Obra de un Dios?- todo el tono caricaturesco empezó a tornarse relativamente serio. Si el pelirrojo tenía interés por la no-vidente, ahora era incapaz de no pensar en otra cosa que no fuese ella.
Gwen hablaba, buscaba evitar destacar, calmar la situación, ¡Incluso parecía ella estarle perdonando! Lo que, a esta altura del partido para la cabeza del pelirrojo teñido era algo real, como si estuviese delante de un confesionario eclesiástico mientras poco a poco la situación y el griterío de Owen había llamado poderosamente la atención de todos los residentes, turistas, donde los gritos se coordinaban en: "¡EH! ¡HAY UNA MONJA QUE CUMPLE MILAGROS!", "¿¡Milagros!? ¿¡En la Isla del Karate!?", "Voy a pedirle que mi esposa me perdone. Tener un hijo con otra mujer no puede ser tan grave.", una sucesión de frases que se acumulaban entre cuchicheos, susurros, boca-en-boca y una mujercita espectacularmente preciosa que se mostraba tan débil, temerosa, frágil y penosa que se dio contra la mesa que tenía exactamente delante de ella, empujándola ligeramente al son de un ¡IIK! muy veloz.
Ella parecía querer buscar silenciar o, al menos, reducir el escándalo provocado por el pelirrojo. ¿Acaso quería pasar un poco más desapercibida? La chica, pese a su condición, tenía un buen sentido de la orientación. Aunque, bueno, realmente tampoco había que ser un radar humano para poder ubicar a la campana ruidosa de Owen Yang y, en un movimiento grácil como suave -¡!- fue silenciado por una mano que resultó ser tan suave, delicada y maravillosa que le apagó el sistema momentáneamente. ¿Acaso Gwen tenía algún superpoder para mover los hilos del comportamiento? No le dio tiempo ni siquiera a pensar como sentirse...porque, ahora sí, se agolpó el desastre.
"¡Ayúdame! ¡Mi negocio está yendo mal y no sé como encararlo!"
"¡Por favor! ¡Mi esposa me dejó después de haberla engañado! ¡Solo fue un desliz! ¡Bueno, fueron ocho!"
"¿Alguien sabe dónde está el baño? ¡Oh! ¿¡Están regalando dinero!?"
"¡Quiero riqueza! ¡Mucha! ¡Bendice mi negocio de plantaciones de bananas en la montaña!"
Cada petición más ridícula que la anterior, pero cuando toda esperanza está perdida solo toca una cosa: Pedirle al elemento santificado que te saque de la penuria en la que tú, solito, decidiste meterte. Ni Owen con su mejor estafa había conseguido un cúmulo de cabezas y personas apelotonadas alrededor de la chica de tal calibre como lo estaba originando; Colas y colas de personas buscando meterse en aquel hostal debido a lo rapidísimo que había corrido la voz y el aspecto de Gwen, progresivamente, se había vuelto pálido, confuso y, por sobre todas las cosas, muy incómodo. Sin siquiera un contacto visual, el pelirrojo volteó y se aproximó casi pegando su rostro con el de ella para poder escucharle, mirándole como un niño curioso.
— Me gustaría ir al cuarto, me siento mal —
![[Imagen: 63100a82269dec594fe45bce4f433cea.jpg]](https://i.pinimg.com/736x/63/10/0a/63100a82269dec594fe45bce4f433cea.jpg)
-¡! ¡Gwen, tranquila, tía! ¡Espera!-
Automáticamente dio un respingo debido al susto de que la mujercita preciosa, en un segundo, pudiese desmayarse o ponerse aún peor. Si él no hubiese llamado la atención con tanta brusquedad, probablemente, no la estarían hostigando de una forma tan atronadora y que, encima, ahora, podría tener problemas si continuaba en aquel lugar.
-¡EEEEEEEEEEEEEEEEEEEH!-
Una exclamación tan absolutamente ruidosa que hizo que el tumulto, casi en un segundo, enmudeciera.
-¡ERES TÚ! ¡ERES EL PUTO GILIPOLLAS QUE ME ENGAÑÓ JUGANDO A LAS CARTAS!-
El dedo acusador de un sujeto semi-calvo en la parte superior apareció debido a que la aglomeración se partió a la mitad como Moises abre las aguas, generando una línea de vínculo y de contacto visual entre Owen y lo que parecía ser un sujeto...relativamente reconocido: El dueño del Hostal.
![[Imagen: 062ef95410f5a3e840f813ce75e5da7a.jpg]](https://i.pinimg.com/736x/06/2e/f9/062ef95410f5a3e840f813ce75e5da7a.jpg)
-¡La única que te engaña aquí es tu esposa, subnormal!-
-¡¿QUÉ DIJISTE, MALDITO DEGENERADO?!-
Y si la cosa se podría haber caldeado más...no había hecho más que empezar.
![[Imagen: 5b1bd8f29e434ba00605133c21029acd.jpg]](https://i.pinimg.com/originals/5b/1b/d8/5b1bd8f29e434ba00605133c21029acd.jpg)
-Gwen, tírate hacia adelante. Confía en mi.-
En un grácil movimiento y mientras la suprema incomodidad del lugar asechaba, El pelirrojo le hablaba con un tono burlón y chispeante a la pequeña monjita que se veía claramente agotada mentalmente. Su cuerpo se veía inclinado hacia atrás, como si estuviese preparado para llevarla a caballito y, de reojo, vislumbrando la salida perfecta entre el berenjenal de personas -Tú solamente déjate caer y yo haré el resto. Te sacaré de aquí.- y si la muchachita accedía, no demoraría ni diez segundos en agacharse, atrapar sus piernas, dar un pequeño brinco para acomodarla mejor y salir pitando por exactamente el mismo pasillo generado por las personas pero desviándose hacia la salida del lugar que Owen desatoró a patada limpia.
17:30
Isla del Karate
Verano, 27 Cº
Templo: "純粋な魂"
(Alma pura)
![[Imagen: sGACEJI.png]](https://i.imgur.com/sGACEJI.png)
![[Imagen: 660e1d83f64e80a6ad89f409e639a168.jpg]](https://i.pinimg.com/736x/66/0e/1d/660e1d83f64e80a6ad89f409e639a168.jpg)
(Alma pura)
![[Imagen: sGACEJI.png]](https://i.imgur.com/sGACEJI.png)
![[Imagen: 660e1d83f64e80a6ad89f409e639a168.jpg]](https://i.pinimg.com/736x/66/0e/1d/660e1d83f64e80a6ad89f409e639a168.jpg)
-Gwencita, ahora sí, bájate sin miedo.-
Aquel día sí que había sido loco: De estar atado en los caminos a los dojos de combate al hostal, y del hostal, a uno de los lugares favoritos del muchacho de cabellos rojos. Si Owen tenía una cualidad particular era de ser un oteador sin igual; Siempre revisaba la totalidad de sus alrededores para poder buscar oportunidades, negocios, engaños y, por sobre todas las cosas, lugares que puedan fascinar y despertar su interés. Era un muchacho que adoraba compartir todo lo que le gustaba y añoraba y siempre, pero siempre llevaba a las personas que le agradaba a los lugares que despertaban cierto fulgor en su corazón.
Había pasado un rato entre trotando y caminando. Sabía que iba a volver a ser difícil acercarse a aquel hostal al haber sido identificado con una absurda facilidad (Y más con esa cara tan vivaz y pilla que posee) pero...esta vez, tenía un plan diferente. Volvió a reclinarse, encorvado, dándole un punto de apoyo a la muchachita no-vidente mientras volteaba hacia atrás y dirigirse hacia ella con su tono brillante y agradable -Te traje a uno de los lugares que más me gustan de la isla. Bueno, que más no, EL que más.- subrayó el "El" elevando ligeramente más el tono, mientras una brisa detrás de otra agitaban sus ropajes y cabello. A veces con mimo y otras de un sacudón -¿Te encuentras menos agobiada de lo de hace un rato?- había pasado ya una hora entre caminata y transición hacia aquel lugar, pero, a muy pocos metros de ellos, tenían uno de los templos de meditación más importantes de toda la isla. Este tenía un jardín central natural que lo decoraba en demasía, casi de forma caprichosa y selectiva, con una variedad de flores de varios colores y subtipos de la misma especie, como si alguien se hubiese tomado la molestia tiempo atrás de que aquello tuviese exactamente ese aspecto años después. Imperturbable, incorruptible, virgen, pero accesible para todo el mundo -Aquí no hace falta que uses tu bastón ni nada. En cuanto corras peligro yo te socorro, pero sé libre.- No la conocía, poco le importaba, pero...Owen era un liberador y, al menos en su mente, no existía mayor sensación que el de la libertad absoluta -También me rob-tomé comida del hostal, al dueño seguro que no le importó.- se corrigió, con una expresión casi inmutable ante la mentira. En sus bolsillos tenía tres dangos de diferentes colores primarios, seguido de una cantimplora azul que colgaba de manera diagonal en su cuerpo y posada al lado de su bolsillo -¿Eras consciente de que estabas sacando el mejor número de dados una y otra vez y lo hiciste sin cesar durante veinte veces? Eres...absolutamente increíble. El todopoderoso te trajo hasta mi para que seas mi diosa de la fortuna, seguro.-.
-Hablo- , Narro , -Pienso-
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