29-09-2025, 01:02 AM
Fe, fe, fe… ¿De qué sirve la fe? ¿Tener esperanza? ¿Confiar en que todo saldrá bien por arte de magia? No, las cosas pasan cuando uno las hace con sus propias manos. Esa es la creencia de Kiyoshi, la vida lo hizo así. — Lo que se pierde no puede recuperarse. Ni ellos, ni la fe. Nada. — Pero más importante aún es la revelación que ella hace, la que provoca que Kiyoshi guarde silencio unos cuantos segundos. No es el tipo de persona que disfruta metiéndose en la vida ajena, pues odia cuando lo hacen en la propia, pero considera que alguien aquí se hizo el listillo con la pobre chica frente a él.
— Solo tú podías decidir si querías ver el mundo. Qué tonta es la persona que te dijo lo contrario, pero bueno, no te veo triste por ello. — Cosa que no entiende. — Supongo que algún día madurarás y entenderás que esa persona no te hizo ningún bien. — Pero es problema suyo. Kiyoshi no tiene planeado quedarse en esta isla demasiado tiempo, por lo que quizás sus caminos nunca más vuelvan a cruzarse. Eso sí, difícilmente vaya a olvidar un caso en el corto plazo.
Incluso siente cierta curiosidad por ir a ver dónde vive y con quiénes, pero sería demasiado trabajo para su débil cuerpo. Quizás es muy lejos y la resistencia no le dé. Ya suficiente con caminar por estos lados bajo este sol tan abrasador.
— Me llamo Kiyoshi Maeda, ya sabes que soy doctor. Si alguna vez vas a la Isla Swallow o tienes conocidos que van, recomiéndales mi consulta. Si me dicen que van de parte de la ciega de las flores, les daré el 5 % de descuento en la primera revisión. — Qué cagado es para que sea solo cinco. Para peor, seguramente ni les dé ese descuento aunque ni se lo digan.
Ante la presencia del ave, la cual cada vez se escucha más cerca, se agacha para tomar a la chica de la ropa y ayudar a levantarse. — No te quedes ahí, no podemos permanecer en campo abierto. — Ahora sí ya se prepara y saca el arma de su espalda, una que Gwen no puede ver, pero sí oír cuando introduce la munición. — Son enormes, y se encargan de proteger su territorio. A menudo combaten con los nativos de aquí cuando recolectan sus plantas. Por eso me extrañó verte caminando sola… así, ciega. — Lo recalca, como si ella misma no lo supiera.
— Avanza en línea recta, debemos alejarnos del árbol principal o nos comerán vivos. No dejes de recoger las flores que huelan como te indiqué, yo nos cubriré. — Realmente Kiyoshi prefiere apuntar y disparar, que agacharse todo el tiempo. Confía en que no los atacarán en manada, así que podrá ser un buen agente defensivo. No es su especialidad, debe admitir, pero ha debido aprender para mantenerse seguro cuando no puede contratar a alguien que lo ayude.
Durante los primeros minutos al reanudar la caminata, o más bien huida de la zona, no sucede nada. Es ahora cuando se escucha más fuerte el graznido y, en cosa de segundos, desciende justo frente a ellos. De más está decir que sus intenciones no son buenas. Kiyoshi, en vez de intentar calmarla, le dispara en la frente, matándola en el acto. La sangre no tarda en manchar toda planta o tierra que hay bajo su cuerpo.
Lo hizo a sangre fría.
— No sigas recolectando. Seguramente el disparo alertará a más y vendrán por nosotros. ¿Puedes correr? — Porque Kiyoshi no, y si Gwen acelera el paso, el médico se tomará de sus prendas para intentar seguirle el ritmo, porque sí o sí será más lento que ella. Con el agarre busca impedir que se aleje de él. A fin de cuentas, es uno el que está armado, separarse no tiene mucho sentido.
Lo normal es escucharlo toser varias veces, incluso su respiración se dificulta pronto. Se ve obligado a bajarse la mascarilla para que el aire entre mejor a sus pulmones. Odia cuando pasan estas cosas, ojalá pudiera caminar tranquilito toda la vida.
Llega un punto en el que simplemente llega a su límite y se detiene, sentándose en el piso sin poner una manta ni nada. No puede preocuparse por la suciedad. Está exhausto. — Tú vete, no estamos tan lejos del poblado. Yo solo necesito… descansar un poco… — Aunque las aves siguen sobrevolando la zona, buscando algo.
— Solo tú podías decidir si querías ver el mundo. Qué tonta es la persona que te dijo lo contrario, pero bueno, no te veo triste por ello. — Cosa que no entiende. — Supongo que algún día madurarás y entenderás que esa persona no te hizo ningún bien. — Pero es problema suyo. Kiyoshi no tiene planeado quedarse en esta isla demasiado tiempo, por lo que quizás sus caminos nunca más vuelvan a cruzarse. Eso sí, difícilmente vaya a olvidar un caso en el corto plazo.
Incluso siente cierta curiosidad por ir a ver dónde vive y con quiénes, pero sería demasiado trabajo para su débil cuerpo. Quizás es muy lejos y la resistencia no le dé. Ya suficiente con caminar por estos lados bajo este sol tan abrasador.
— Me llamo Kiyoshi Maeda, ya sabes que soy doctor. Si alguna vez vas a la Isla Swallow o tienes conocidos que van, recomiéndales mi consulta. Si me dicen que van de parte de la ciega de las flores, les daré el 5 % de descuento en la primera revisión. — Qué cagado es para que sea solo cinco. Para peor, seguramente ni les dé ese descuento aunque ni se lo digan.
Ante la presencia del ave, la cual cada vez se escucha más cerca, se agacha para tomar a la chica de la ropa y ayudar a levantarse. — No te quedes ahí, no podemos permanecer en campo abierto. — Ahora sí ya se prepara y saca el arma de su espalda, una que Gwen no puede ver, pero sí oír cuando introduce la munición. — Son enormes, y se encargan de proteger su territorio. A menudo combaten con los nativos de aquí cuando recolectan sus plantas. Por eso me extrañó verte caminando sola… así, ciega. — Lo recalca, como si ella misma no lo supiera.
— Avanza en línea recta, debemos alejarnos del árbol principal o nos comerán vivos. No dejes de recoger las flores que huelan como te indiqué, yo nos cubriré. — Realmente Kiyoshi prefiere apuntar y disparar, que agacharse todo el tiempo. Confía en que no los atacarán en manada, así que podrá ser un buen agente defensivo. No es su especialidad, debe admitir, pero ha debido aprender para mantenerse seguro cuando no puede contratar a alguien que lo ayude.
Durante los primeros minutos al reanudar la caminata, o más bien huida de la zona, no sucede nada. Es ahora cuando se escucha más fuerte el graznido y, en cosa de segundos, desciende justo frente a ellos. De más está decir que sus intenciones no son buenas. Kiyoshi, en vez de intentar calmarla, le dispara en la frente, matándola en el acto. La sangre no tarda en manchar toda planta o tierra que hay bajo su cuerpo.
Lo hizo a sangre fría.
— No sigas recolectando. Seguramente el disparo alertará a más y vendrán por nosotros. ¿Puedes correr? — Porque Kiyoshi no, y si Gwen acelera el paso, el médico se tomará de sus prendas para intentar seguirle el ritmo, porque sí o sí será más lento que ella. Con el agarre busca impedir que se aleje de él. A fin de cuentas, es uno el que está armado, separarse no tiene mucho sentido.
Lo normal es escucharlo toser varias veces, incluso su respiración se dificulta pronto. Se ve obligado a bajarse la mascarilla para que el aire entre mejor a sus pulmones. Odia cuando pasan estas cosas, ojalá pudiera caminar tranquilito toda la vida.
Llega un punto en el que simplemente llega a su límite y se detiene, sentándose en el piso sin poner una manta ni nada. No puede preocuparse por la suciedad. Está exhausto. — Tú vete, no estamos tan lejos del poblado. Yo solo necesito… descansar un poco… — Aunque las aves siguen sobrevolando la zona, buscando algo.
![[Imagen: u2oxCl9.png]](https://i.imgur.com/u2oxCl9.png)
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