30-09-2025, 02:36 AM
(Última modificación: 30-09-2025, 02:36 AM por Kiyoshi Maeda.)
Su disparo falla. Sí, falla. Si en algo se tiene confianza, es al apuntar. Pero el errar no es por falta de habilidad propia, sino porque, en un acto de valentía o loquería, la muchacha a su lado desvía el arma. Realmente, durante un segundo, Kiyoshi experimenta una sensación horrible. ¿Es que la niña no sabe que eso puede ser peligroso? El solo hecho de pensar que pudo haberla lastimado lo deja en shock un momento. Cuando normalmente debería alzar la voz y regañarla, habla con un tono bajo y preocupado. — No vuelvas a hacer algo así, tonta. — Es un médico. Por mucho que no sea un apasionado, sigue teniendo la vocación de sanar, no destruir, menos a alguien inocente.
Sin embargo, aquello no es lo más increíble que Gwendolyn. Mientras Kiyoshi está tenso por la cercanía de semejante animal, la muchacha intenta comunicarse con la bestia. — Tranquila, yo te ayudaré. —Y sin cobrarle, pues se siente culpable. Además, ¿cómo le pondrá precio cuando ella, de alguna forma, está logrando que puedan irse de ahí sin ser heridos? Bueno, al menos Kiyoshi está a salvo.
Durante el contacto hecho con el ave, Kiyoshi amenaza nuevamente con disparar, pero queda solo en una intención al tener una mano tomada de rehén por la muchacha. A diferencia de ella, el varón sí tiene miedo. Tan cerca, tan vulnerable. No confía en ser lo suficientemente rápido para huir en caso de ser atacado. ¿Sería tan maldito como para intentar hacerlo por su cuenta y dejar a Gwen sola? No parece necesario, pues ella está siendo la que salva el día.
Lo consigue, realmente están siguiendo su camino sin ser atacados. — ¿Cómo hiciste eso? — Porque le cuesta creer que todo haya fluido de forma tan natural… Como mencionó, ha conocido personas exentas de vista en el pasado, pero ninguna poseía esta aura tan especial que ha envuelto a Gwen durante los últimos minutos. Lo normal sería pensar seriamente en contratarla para recolectar flores aprovechando que puede moverse con seguridad por la zona, pero Kiyoshi está tan impactado, que por su cabeza pasan otras ideas.
El hecho de apretar más su mano, mientras que la propia se nota sudada, es una muestra de que sigue nervioso, no solo por lo que acaba de pasar, sino también por la presencia de la joven. ¿Esconderá algo? Intenta sacarse el pensamiento aquel de la cabeza, pues debe concentrarse en algo más importante. — Estoy bien, solo… cansado. — Y es que todo lo ocurrido le ha dado más estrés a su cuerpo. Gotas de sudor caen desde su frente hasta el césped, su respiración está agitada y su pecho suena, producto de su asma. Aun así, no frena los pasos hasta alejarse lo suficiente del terreno de las aves, encontrando un sitio lo suficientemente cómodo como para descansar.
— Ven, siéntate acá. Con cuidado, no te apures. — Escoge una piedra lo suficientemente grande para que haga de silla. Y como la tiene sujeta por la mano, él mismo la guía hasta que tome asiento.
Recién ahora baja su mascarilla para respirar mejor. También se asegura de guardar su arma en el bolso que lleva en la espalda, no queriendo verla por un rato. El solo hecho de imaginar disparándole a la muchacha le molesta. Sí saca utensilios que pueden ayudarle en lo que quiere. Dijo que no anda con su equipo médico, pero puede improvisar. — Te ayudaré con el problema de los oídos. Confía en mí, sé lo que hago. — Ni se le pasa por la cabeza decirle que está así por él y no por la ave. No se atreve. Lo peor es que si le pregunta directamente, no podrá mentirle. Porque si algo no hace él, es mentir.
Saca un paño seco, de los que usa siempre para limpiar. Lo empapa con agua que trae en una botella y, tras estrujarlo bien hasta que deja de gotear, lo coloca sobre la zona externa del oído y presiona con cuidado. — El frío ayudará a que calme el dolor. Nos quedaremos aquí hasta que se vaya el mareo, así que no te preocupes. — Aunque el más preocupado es él. — De todos modos la recomendación siempre es que vayas a que te chequee un médico para descartar cualquier problema.
Lamentablemente no tiene otro paño de los mismos, al menos no completamente limpio, así que lo va intercalando en ambas orejas tras cada tanto. — ¿Alguna vez has sentido miedo? ¿No temes que esa confianza tuya pueda ser tu fin algún día? — Curiosidad tanto médica como personal. Kiyoshi es alguien con un trauma que no puede superar. En ciertas situaciones, el miedo lo consume. ¿Podrá sacar alguna ayuda psicológica de esta charla? Habrá que verlo.
— Ve diciéndome si te sientes mejor. Cualquier cosa que te duela, dímelo. Buscaré la forma de ayudarte con lo que tengo a mano. — Y ahora sí odia el no haber traído todo consigo. Le preocupaba cansarse más rápido con tanto equipaje encima, pero tal vez habría valido la pena el esfuerzo extra.
Sin embargo, aquello no es lo más increíble que Gwendolyn. Mientras Kiyoshi está tenso por la cercanía de semejante animal, la muchacha intenta comunicarse con la bestia. — Tranquila, yo te ayudaré. —Y sin cobrarle, pues se siente culpable. Además, ¿cómo le pondrá precio cuando ella, de alguna forma, está logrando que puedan irse de ahí sin ser heridos? Bueno, al menos Kiyoshi está a salvo.
Durante el contacto hecho con el ave, Kiyoshi amenaza nuevamente con disparar, pero queda solo en una intención al tener una mano tomada de rehén por la muchacha. A diferencia de ella, el varón sí tiene miedo. Tan cerca, tan vulnerable. No confía en ser lo suficientemente rápido para huir en caso de ser atacado. ¿Sería tan maldito como para intentar hacerlo por su cuenta y dejar a Gwen sola? No parece necesario, pues ella está siendo la que salva el día.
Lo consigue, realmente están siguiendo su camino sin ser atacados. — ¿Cómo hiciste eso? — Porque le cuesta creer que todo haya fluido de forma tan natural… Como mencionó, ha conocido personas exentas de vista en el pasado, pero ninguna poseía esta aura tan especial que ha envuelto a Gwen durante los últimos minutos. Lo normal sería pensar seriamente en contratarla para recolectar flores aprovechando que puede moverse con seguridad por la zona, pero Kiyoshi está tan impactado, que por su cabeza pasan otras ideas.
El hecho de apretar más su mano, mientras que la propia se nota sudada, es una muestra de que sigue nervioso, no solo por lo que acaba de pasar, sino también por la presencia de la joven. ¿Esconderá algo? Intenta sacarse el pensamiento aquel de la cabeza, pues debe concentrarse en algo más importante. — Estoy bien, solo… cansado. — Y es que todo lo ocurrido le ha dado más estrés a su cuerpo. Gotas de sudor caen desde su frente hasta el césped, su respiración está agitada y su pecho suena, producto de su asma. Aun así, no frena los pasos hasta alejarse lo suficiente del terreno de las aves, encontrando un sitio lo suficientemente cómodo como para descansar.
— Ven, siéntate acá. Con cuidado, no te apures. — Escoge una piedra lo suficientemente grande para que haga de silla. Y como la tiene sujeta por la mano, él mismo la guía hasta que tome asiento.
Recién ahora baja su mascarilla para respirar mejor. También se asegura de guardar su arma en el bolso que lleva en la espalda, no queriendo verla por un rato. El solo hecho de imaginar disparándole a la muchacha le molesta. Sí saca utensilios que pueden ayudarle en lo que quiere. Dijo que no anda con su equipo médico, pero puede improvisar. — Te ayudaré con el problema de los oídos. Confía en mí, sé lo que hago. — Ni se le pasa por la cabeza decirle que está así por él y no por la ave. No se atreve. Lo peor es que si le pregunta directamente, no podrá mentirle. Porque si algo no hace él, es mentir.
Saca un paño seco, de los que usa siempre para limpiar. Lo empapa con agua que trae en una botella y, tras estrujarlo bien hasta que deja de gotear, lo coloca sobre la zona externa del oído y presiona con cuidado. — El frío ayudará a que calme el dolor. Nos quedaremos aquí hasta que se vaya el mareo, así que no te preocupes. — Aunque el más preocupado es él. — De todos modos la recomendación siempre es que vayas a que te chequee un médico para descartar cualquier problema.
Lamentablemente no tiene otro paño de los mismos, al menos no completamente limpio, así que lo va intercalando en ambas orejas tras cada tanto. — ¿Alguna vez has sentido miedo? ¿No temes que esa confianza tuya pueda ser tu fin algún día? — Curiosidad tanto médica como personal. Kiyoshi es alguien con un trauma que no puede superar. En ciertas situaciones, el miedo lo consume. ¿Podrá sacar alguna ayuda psicológica de esta charla? Habrá que verlo.
— Ve diciéndome si te sientes mejor. Cualquier cosa que te duela, dímelo. Buscaré la forma de ayudarte con lo que tengo a mano. — Y ahora sí odia el no haber traído todo consigo. Le preocupaba cansarse más rápido con tanto equipaje encima, pero tal vez habría valido la pena el esfuerzo extra.
![[Imagen: u2oxCl9.png]](https://i.imgur.com/u2oxCl9.png)
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