30-09-2025, 03:19 PM
—¿Hacer qué? — no es que sepa lo que ha hecho en realidad. Es lo de siempre, creer que el animal nada le hará, en una seguridad tan ciega como ella. Es una calma que se contagia, como una enfermedad, aunque parece ser que no ha llegado a el aun.
No le importó que la mano de quien la acompaña esté ligeramente húmeda, se escucha cansado, por lo tanto culpó a eso y luego de su confirmación no hizo nada más que soltar un “Ah” corto que la obligó a bajar el ritmo de sus pisadas, que de por sí no son muy rápidas.
Hizo caso, lo primero que avanzó fue su mano tocando la roca, para luego intentar caer sobre la piedra. Es raro andar al revés, es un vértigo que aun no se acostumbra.
Su voz cambió ligeramente y no hizo nada más que voltearse a él — ¿Ha pasado algo? Suena distinto — más claro, como el agua. Como si le hubiesen quitado algo de arriba, algo que no pudo ver en ningún momento — Gracias, lo necesito para andar mejor. — porque los golpes que da con el bastón significan muchas cosas. Es una textura, un obstáculo o simplemente un camino despejado — No pensé que tendríamos que irnos tan pronto — no se mostró triste, tampoco molesta, es aceptar lo que ha pasado sin reparos o miramientos. Como todo lo que le ocurre.
—Pero tú eres médico ¿No? — no entendió que deben ser varios chequeos, uno debería ser suficiente, porque siempre han sido así para ella. Una visita, preguntas y luego vuelve a donde está, esperando que el dolor pase ya. Hasta un rezo a Dios aparece en esos días — Podrías revisarme… creo.
Ya no está muy segura, porque desconoce tanto que esperó que él le confirme lo que cree.
Juntó sus manos y pensó unos segundos. En un “Hm” que se alarga demás, hasta que finalmente encontró la respuesta.
—Sí, lo he sentido. Pero vino por la preocupación por otros y la duda. El barco en el que viajaba se perdió en el mar, y no he podido encontrar a mi familia desde entonces — es una historia triste sin muchos detalles, porque no los quiere recordar — El miedo no es por mi o lo que puedan hacerme los demás. Todo el mundo ha sido bueno conmigo hasta ahora — sonrió al decir eso. Son palabras comprometedoras, porque todo el mundo suena a mucho, pero cada persona hasta ahora le parece amable, incluso aquellos que se han aprovechado de su ceguera y otras cosas.
No puede ver la maldad, porque está atrapada en un mundo de ingenuidad.
—No tengo miedo de morir ¿Por qué debería temer? — juntó sus manos, tocando las puntas de sus dedos entre ellas — Nada me ata a este mundo terrenal y cuando llegue mi momento lo aceptaré. Hasta entonces me gustaría haberlo vivido de la manera que quiero — no encerrada, no pidiendo milagros que no ocurrirán, porque sabe que muchas veces son mentira.
—Me siento un poco mejor, gracias Doctor — aunque el fresco en la zona le provoca un par de escalosfríos que no molestan — No te preocupes, creo que no fue tan malo. Aunque me duele un poco la mano, toqué una planta de las que no debería y luego me golpeó el ave ¿Será porque estaba lastimada que la habrá alejado? — no está muy hinchada, pero ha tomado un color rojo que no puede ver, pero sí sentir. Porque pareciera que está ardiendo.
—Nunca un animal me había golpeado, es la primera vez — se quejó sobando la zona con cuidado, soltando un quejido al pasar los dedos por la piel — Siempre son amables conmigo.
Suena a queja, pero no hay enojo en su rostro, tampoco tristeza, sino una legítima curiosidad.
—Me pregunto si todas las aves pueden hacer ese sonido espantoso.
No le importó que la mano de quien la acompaña esté ligeramente húmeda, se escucha cansado, por lo tanto culpó a eso y luego de su confirmación no hizo nada más que soltar un “Ah” corto que la obligó a bajar el ritmo de sus pisadas, que de por sí no son muy rápidas.
Hizo caso, lo primero que avanzó fue su mano tocando la roca, para luego intentar caer sobre la piedra. Es raro andar al revés, es un vértigo que aun no se acostumbra.
Su voz cambió ligeramente y no hizo nada más que voltearse a él — ¿Ha pasado algo? Suena distinto — más claro, como el agua. Como si le hubiesen quitado algo de arriba, algo que no pudo ver en ningún momento — Gracias, lo necesito para andar mejor. — porque los golpes que da con el bastón significan muchas cosas. Es una textura, un obstáculo o simplemente un camino despejado — No pensé que tendríamos que irnos tan pronto — no se mostró triste, tampoco molesta, es aceptar lo que ha pasado sin reparos o miramientos. Como todo lo que le ocurre.
—Pero tú eres médico ¿No? — no entendió que deben ser varios chequeos, uno debería ser suficiente, porque siempre han sido así para ella. Una visita, preguntas y luego vuelve a donde está, esperando que el dolor pase ya. Hasta un rezo a Dios aparece en esos días — Podrías revisarme… creo.
Ya no está muy segura, porque desconoce tanto que esperó que él le confirme lo que cree.
Juntó sus manos y pensó unos segundos. En un “Hm” que se alarga demás, hasta que finalmente encontró la respuesta.
—Sí, lo he sentido. Pero vino por la preocupación por otros y la duda. El barco en el que viajaba se perdió en el mar, y no he podido encontrar a mi familia desde entonces — es una historia triste sin muchos detalles, porque no los quiere recordar — El miedo no es por mi o lo que puedan hacerme los demás. Todo el mundo ha sido bueno conmigo hasta ahora — sonrió al decir eso. Son palabras comprometedoras, porque todo el mundo suena a mucho, pero cada persona hasta ahora le parece amable, incluso aquellos que se han aprovechado de su ceguera y otras cosas.
No puede ver la maldad, porque está atrapada en un mundo de ingenuidad.
—No tengo miedo de morir ¿Por qué debería temer? — juntó sus manos, tocando las puntas de sus dedos entre ellas — Nada me ata a este mundo terrenal y cuando llegue mi momento lo aceptaré. Hasta entonces me gustaría haberlo vivido de la manera que quiero — no encerrada, no pidiendo milagros que no ocurrirán, porque sabe que muchas veces son mentira.
—Me siento un poco mejor, gracias Doctor — aunque el fresco en la zona le provoca un par de escalosfríos que no molestan — No te preocupes, creo que no fue tan malo. Aunque me duele un poco la mano, toqué una planta de las que no debería y luego me golpeó el ave ¿Será porque estaba lastimada que la habrá alejado? — no está muy hinchada, pero ha tomado un color rojo que no puede ver, pero sí sentir. Porque pareciera que está ardiendo.
—Nunca un animal me había golpeado, es la primera vez — se quejó sobando la zona con cuidado, soltando un quejido al pasar los dedos por la piel — Siempre son amables conmigo.
Suena a queja, pero no hay enojo en su rostro, tampoco tristeza, sino una legítima curiosidad.
—Me pregunto si todas las aves pueden hacer ese sonido espantoso.
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