Impact Welcome [Priv. Kiyoshi] [Pasado]
#9
En un momento se llegó a preguntar qué diablos era lo que estaban haciendo sus propios hombres fuera, y por qué siquiera habían dejado entrar a ese grupo de personas. Maldijo por sus adentros cuando pudo percibir que ya no solo eran los cuatro, sino que para colmo comenzaban a agregarse más personas a aquel combate que ya comenzaba a resultar injusto. Por fortuna y desde el rabillo de su ojo, puede apreciar con una claridad abrumadora cómo el compañero inesperado tiene una puntería de lo más envidiable, eso facilita mucho más el trabajo y, por supuesto, su confianza incrementa también con movimientos ágiles, más seguros.

Por otro lado, todo el bar estaba siendo un caos, algunos escondidos, incluso los de la misma barra estaban debajo de ella. Ambas de sus manos estaban ya con dos armas distintas, pero con la gracilidad y facilidad de movimiento como si las estuviera usando con ambas manos. A diferencia del joven Kiyoshi, él directamente procuraba desarmar y golpear puntos estratégicos, algunos que lograsen desangrar a su rival, posiblemente incluso matarlo, tal y como fue enseñado a lo largo de los años. Aunque… desde luego, no esperó un ataque tan cobarde como por la espalda. En un inicio no se percató de la falta de Kiyoshi, solo en el momento que uno de los individuos, con una de sus armas a corta distancia de los enemigos le hizo un corte en su antebrazo, se vio obligado a retroceder, buscando la bala que faltaba de Kiyoshi…

Y, allí estaba, un nuevo impacto, pero por la espalda. Uno concreto, en un punto que sabía que lo haría perder el equilibrio y caer boca abajo en el suelo. Apretó los dientes por el dolor, sorprendentemente manteniendo la compostura. Pese a ello, se limitó a desviar su mirada hasta la voz que provenía de sus espaldas. La daga había volado en otra dirección por la caída, pero al menos la katana se mantenía firme en su mano derecha. Dibujó una media sonrisa, sintiendo el escozor de su antebrazo, la sangre correr y manchar su propio traje impecable.
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—Veo que sigues atacando como un cobarde por la espalda, Jack.

Siente el apretón en el golpe, viéndose obligado a apretar la mandíbula con fuerza para no quejarse de dolor. No iba a darle aquella satisfacción a ese hombre. Aprieta los dos puños, sus músculos se tensan y siente la empuñadura firme en su mano derecha. No le llega, lo sabe, la distancia no es suficiente y ahora mismo, aunque no pueda mover el cuerpo, sí puede mover los brazos. Respira agitado, ahora el sudor de soportar el dolor corriendo por su rostro. Sus ojos, sin embargo, buscan con la mirada a Kiyoshi en ese momento. Puede apreciarlo, de reojo, cómo eleva su sniper en dirección a quien lo está inmovilizando. No quiere que se dé cuenta, lo mejor es elevar más la mirada hasta donde Jack se encuentra, manteniendo esa media sonrisa cargada de malicia.

—Si tantas ganas tenías de jugar, debiste decirlo antes. Qué lástima que no me agraden los hombres como tú. — y el disparo se oye. Es impecable, justo donde debe darle, impidiendo movimientos bruscos. Aunque respondiera Jin en ese momento, probablemente Kiyoshi ya no lo escucharía. Lo que sí hizo fue, con todas las fuerzas que le fueron posibles. De hecho usó su propia katana para elevar lentamente su cuerpo, todavía dolorido. Ahora que veía la sangre correr por el joven involucrado por accidente en un tema propio solo le hervía la sangre, mirando a Jack con más furia.
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—Te metiste con el hombre equivocado… Y no dudes que el jefe estará al tanto de esto.

Apenas sintió que comenzaba a recuperar sus fuerzas, usó ambas manos en vez de una con su katana, logrando un corte diagonal desde el pecho derecho hasta la zona de su ingle izquierda. El corte fue profundo, el grito del hombre desgarrador, por segunda vez. Se desangraba, pero el tiempo apremiaba. Aprovechó para agacharse hasta donde estaba su daga, acercarse a él quien comenzaba a apretarse la herida de la pierna y el pecho y, con un movimiento seguro, fue directo a su cuello, un impacto directo, sin compasión.

—¿¡QUÉ DIANTRES HACÉIS ALLÍ FUERA PARADOS!? — Los gritos de Jin finalmente alcanzaron al exterior, a los hombres que habían quedado fuera. El local se llenó de ellos, viendo la situación.

—J-jefe.

—Luego me encargaré de vuestro maldito castigo, ahora… — Un nuevo golpe. Dos Marines, probablemente avisados por alguien más, estaban entrando con sus armas. Maldición, todo iba de mal en peor. Chasqueó la lengua, molesto. —Encargaos de distraerlos, y no perdáis tiempo, maldita sea, panda de inútiles. — Algunos hombres peleaban contra los otros que habían estado con Jack. Jack, en cambio, se quejaba en el suelo, tratando de pedir ayuda, probablemente desangrándose demasiado. El suelo ya estaba creando un charco. Sin embargo, no sin esfuerzo, Jin se acercó a Kiyoshi, envainando con cuidado su katana y buscando algún atisbo de consciencia en el joven. Lo había ayudado, y eso era algo que valoraba. No estaba dispuesto a dejarlo allí, frente a los Marines, que posiblemente tomarían ideas equivocadas por los testigos del local.

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—Sé que lo odiarás, pero me lo agradecerás más tarde.

Comenzó a tomar uno de sus brazos, pasándolo por alrededor de su nuca, elevando el cuerpo del hombre con sorprendente facilidad. Fuerza no era algo de lo que careciera precisamente Jin, capaz de sostener los noventa kilos del joven con facilidad. El tiempo no jugaba a su favor, más Marines estaban llegando, llenando el local cada vez más, siendo cada vez sus hombres y los ajenos más reducidos.

Chasqueó la lengua, buscando una ruta de escape diferente. Sus fuerzas parecían volver, por lo que cargó a Kiyoshi por encima de su hombro para acelerar más su paso. Ese casi parecía un gigante, pero al menos así lo cargaría sin arrastrarle los pies ni provocarle heridas innecesarias. Sus pasos se aceleraron, ahora yendo por callejones que conocía bien por los años que había pasado en Sorbet. Jadeaba, mientras de algún que otro camino encontraba algún Marine. Si no fuera por la situación actual, los habría enfrentado, pero sabía que por el momento sería más inteligente no entrar en más conflictos.

Para cuando transcurrieron algunos minutos, el pie de Jin abrió sin cuidado alguno de una sola patada una puerta de una caseta, que desde fuera parecía una común, nada fuera de lo normal, pero en cuanto lo hizo, un hombre se quedó completamente mudo. Cabello negro y corto estaba algo desordenado, sus ojos rojos intensos bajo sus pequeñas gafas y la bata mostraba que no era cualquier hombre, pese al traje que poseía dentro de ella.

—¿Jefe?

—Trátalo. Ahora mismo. No hay tiempo. — El hombre estaba confundido, pero Jin ya se había adelantado, dejando a Kiyoshi con cuidado en una camilla que había en el interior de una de las habitaciones. La sangre de su propia herida todavía goteaba.

—Jefe, ¿qué ha pasado esta vez?

—Más tarde te lo cuento. Date prisa y trata a ese chico. — el sudor corría por su frente, el dolor ahora regresaba, ya que por la adrenalina parecía haber sido mitigado. El hombre comenzó su labor, sin poder pedir más explicaciones. Sin embargo, se apreciaba una paciencia sublime mientras revisaba y trataba con el máximo cuidado posible la herida del joven.
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