Escuchó los pasos de Owen por la casa, resuenan con prisa y no hizo nada más que agarrarse con suavidad la cabeza, calmándose luego de tantos golpes y giros. Tomó aire cuando su voz estuvo cerca, aunque el sonido que vino después es uno similar al que ella mismo ha producido.
—¿E-Estás bien? — hizo un ademán de moverse para revisar algo que no puede ver, cuando su pregunta aparece — Si, creo que sí. No me rompí nada al menos — quizás tiene un par de contusiones y mas de un raspón sangra, pero no es nada del otro mundo. No morirá hoy, habría sido peor un golpe fuerte en la cabeza.
—¿Por qué debería soltarlo? — alejó su mano con suavidad, no con miedo, pero hizo caso. Ahí se encontró con la curiosidad subiéndose como si fuese una alimañana que vive en el sótano.
El tirón la obligó a quejarse — ¡Me duele Owen, qué haces! ¡S-Suéltame! — intentó tomar la mano que la sostiene para detener el agarre — ¿Por qué no es segura? ¿Qué está pasando? — porque el tono lo dice todo. No creyó que esté mintiendo, pero aún no encajan las piezas.
La soltó y el escándalo comenzó, lo dejó ir a golpear la puerta. Gritar lo que sus pulmones le permitan, no hizo nada más que acomodarse junto al cadáver en silencio curiosa de qué es. Le ha dicho que se aleje, pero también está muy ocupado hablando con alguien.
—¿Es Rack el que nos encerró acá?
Sus manos volvieron a la tela, pero la misma cambia y la silueta aparece. Es una persona, incluso luego de tanto puede reconocerla ¡No es tan fácil! Porque el tiempo ha hecho de las suyas. No temió a la muerte, porque es un proceso natural, la gente deja la tierra en algún momento, lo ha vivido y cantado por ellos más veces de las que debería.
Juntó sus manos y realizó una plegaria por alguien que no conoce, incluso si el ruido de fondo son amenazas. Una vez terminó, buscó las manos de la persona para juntarlas en un último rezo que no ocurre. Hay algo ahí, es un objeto duro que deslizó con cuidado, en ese agarre firme que mantiene el cuerpo. — Permiso — fue respetuosa incluso si no está, brindándole el mismo cuidado que le daría a alguien vivo.
El espectáculo de Owen no le fue indiferente, por eso es que finalmente se levantó. Es un movimiento que la desestabilizó inicialmente, obligándola a mecer el cuerpo, pero se encontró de pie.
Sus pasos fueron a la escalera, en una espera que rinde frutos, porque puede sentirlo cerca. — Owen — lo volvió a llamar y cuando ya se lo encontró lo abrazó con suavidad. Las puntas de sus dedos terminaron en la espalda de él y los paseó con suavidad, de arriba a abajo las primeras veces, para luego avanzar a la nuca y terminar en el cabello, en un consuelo que le daría a un niño o a un desdichado.
Resulta que aquí tiene los dos casos para ella.
—Me asustaste — porque el enojo no ha sido parte del temor, sino que el agarre firme — No sé que está pasando, pero me imagino que no es bueno para que estés así — su tono sonó suave a pesar de la emergencia, tal vez es la ignorancia que la mantiene ahí, serena ¡Quizás es porque está con él! O porque tiene respuestas.
—Encontré esto — aquella mano que dibujó la silueta de su acompañante cambió de lugar, encontrándose en su propio bolsillo. De él sacó un objeto pequeño, parece una llave, pero ¿Dónde está la cerradura de la verdadera salida? Quizás no es la verdadera, tal vez no abre la puerta de la manera que espera. — La tenía la persona que estaba ahí.
Incluso si está muerto, es un hombre, una persona y alguien a quien se dirige con respeto.
—Parecía importante para él — esperó que reciba el regalo, incluso si están sumidos en la espesa oscuridad. — De todas formas, las cosas materiales carecen de valor en el más allá — de nada sirve aferrarse a lo terrenal, si no se irá con ellos al cielo.
—¿Estás bien? ¿Quieres hablar de eso?
Buscó el rostro ajeno con ambas manos y se paseó por la barbilla, avanzó por las mejillas, hasta terminar en los costados de la frente — Saldremos, no te preocupes.
…
—Solo te pido que no vuelvas a lastimarme.
—¿E-Estás bien? — hizo un ademán de moverse para revisar algo que no puede ver, cuando su pregunta aparece — Si, creo que sí. No me rompí nada al menos — quizás tiene un par de contusiones y mas de un raspón sangra, pero no es nada del otro mundo. No morirá hoy, habría sido peor un golpe fuerte en la cabeza.
—¿Por qué debería soltarlo? — alejó su mano con suavidad, no con miedo, pero hizo caso. Ahí se encontró con la curiosidad subiéndose como si fuese una alimañana que vive en el sótano.
El tirón la obligó a quejarse — ¡Me duele Owen, qué haces! ¡S-Suéltame! — intentó tomar la mano que la sostiene para detener el agarre — ¿Por qué no es segura? ¿Qué está pasando? — porque el tono lo dice todo. No creyó que esté mintiendo, pero aún no encajan las piezas.
La soltó y el escándalo comenzó, lo dejó ir a golpear la puerta. Gritar lo que sus pulmones le permitan, no hizo nada más que acomodarse junto al cadáver en silencio curiosa de qué es. Le ha dicho que se aleje, pero también está muy ocupado hablando con alguien.
—¿Es Rack el que nos encerró acá?
Sus manos volvieron a la tela, pero la misma cambia y la silueta aparece. Es una persona, incluso luego de tanto puede reconocerla ¡No es tan fácil! Porque el tiempo ha hecho de las suyas. No temió a la muerte, porque es un proceso natural, la gente deja la tierra en algún momento, lo ha vivido y cantado por ellos más veces de las que debería.
Juntó sus manos y realizó una plegaria por alguien que no conoce, incluso si el ruido de fondo son amenazas. Una vez terminó, buscó las manos de la persona para juntarlas en un último rezo que no ocurre. Hay algo ahí, es un objeto duro que deslizó con cuidado, en ese agarre firme que mantiene el cuerpo. — Permiso — fue respetuosa incluso si no está, brindándole el mismo cuidado que le daría a alguien vivo.
El espectáculo de Owen no le fue indiferente, por eso es que finalmente se levantó. Es un movimiento que la desestabilizó inicialmente, obligándola a mecer el cuerpo, pero se encontró de pie.
Sus pasos fueron a la escalera, en una espera que rinde frutos, porque puede sentirlo cerca. — Owen — lo volvió a llamar y cuando ya se lo encontró lo abrazó con suavidad. Las puntas de sus dedos terminaron en la espalda de él y los paseó con suavidad, de arriba a abajo las primeras veces, para luego avanzar a la nuca y terminar en el cabello, en un consuelo que le daría a un niño o a un desdichado.
Resulta que aquí tiene los dos casos para ella.
—Me asustaste — porque el enojo no ha sido parte del temor, sino que el agarre firme — No sé que está pasando, pero me imagino que no es bueno para que estés así — su tono sonó suave a pesar de la emergencia, tal vez es la ignorancia que la mantiene ahí, serena ¡Quizás es porque está con él! O porque tiene respuestas.
—Encontré esto — aquella mano que dibujó la silueta de su acompañante cambió de lugar, encontrándose en su propio bolsillo. De él sacó un objeto pequeño, parece una llave, pero ¿Dónde está la cerradura de la verdadera salida? Quizás no es la verdadera, tal vez no abre la puerta de la manera que espera. — La tenía la persona que estaba ahí.
Incluso si está muerto, es un hombre, una persona y alguien a quien se dirige con respeto.
—Parecía importante para él — esperó que reciba el regalo, incluso si están sumidos en la espesa oscuridad. — De todas formas, las cosas materiales carecen de valor en el más allá — de nada sirve aferrarse a lo terrenal, si no se irá con ellos al cielo.
—¿Estás bien? ¿Quieres hablar de eso?
Buscó el rostro ajeno con ambas manos y se paseó por la barbilla, avanzó por las mejillas, hasta terminar en los costados de la frente — Saldremos, no te preocupes.
…
—Solo te pido que no vuelvas a lastimarme.
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