02-10-2025, 02:42 AM
No puedo evitar reírme ante sus palabras, ante su risa dispareja sobre mis palabras, mientras niego de forma suave. He roto el corazón a gente, eso no voy a negarlo, pero dudo mucho que ellos se sintieran felices de que lo hiciera.
Aun recuerdo como ella me preguntó si era capaz de sentir algo, si simplemente ella no era la adecuada o yo había perdido la capacidad de amar a alguien.No supe responderle en aquel momento, había sido más fácil dejarla ir que decir algo, pero extrañamente, parece que este monje si tiene la respuesta.
Y pienso que quizás, el que sea tan fácil, no es más que el preludio de un desastre que puede terminar finalmente conmigo.
-Lo haces sonar muy fácil, no sé si estás muy seguro de ti mismo o loco.-O ambas, pero extrañamente funciona. Dejo que tire suavemente de mí, mi mano izquierda sigue entrelazada con la suya, mi mano libre va a su pecho, una parte de mi dice que para mantener las distancias.
Pero mis dedos se cierran sobre el pliegue de su ropa, contengo el aliento cuando mi nariz se roza con la suya, y tengo que cerrar un instante los ojos. Tengo que calmarme, aunque sea un momento, aunque sea lo suficiente para escucharle por encima de mi corazón que grita que haga una estupidez.
-Cao…-Su nombre sale entre un suspiro, un susurro, y cuando abro los ojos estamos cerca, mucho, tanto que puedo notar su respiración contra la mía.
Joder, como quiero saber ahora mismo que pasa si acortaba del todo aquella distancia.
Trago grueso, paso de forma leve la lengua por mis labios, intentando no pensar en los suyos, pero la cosa no está funcionando.-Esta bien, tu ganas.- Entrecierro ligeramente los ojos, juntando de forma suave su frente con la mía.-Dame unos días para arreglar las cosas y volveré a verte, iré contigo.-Me incliné entonces contra él, mis labios se rozaron apenas con los suyos mientras susurraba contra estos.
Mis ojos fijos en los suyos, y digo esas tres palabras que terminan por sellar algo que es casi, como tirar una moneda.
-Es una promesa.
Puedo escuchar mi razón, la poca que me queda, diciéndome que es una terrible idea, no es solo él, es la gente que seguramente le acompañe, es todo.
Ya puse una vez el corazón en la línea y fue un desastre, luego me pasé años alejándolo de todo el mundo…¿Y ahora? La moneda está dando vueltas en el aire.
Aun recuerdo como ella me preguntó si era capaz de sentir algo, si simplemente ella no era la adecuada o yo había perdido la capacidad de amar a alguien.No supe responderle en aquel momento, había sido más fácil dejarla ir que decir algo, pero extrañamente, parece que este monje si tiene la respuesta.
Y pienso que quizás, el que sea tan fácil, no es más que el preludio de un desastre que puede terminar finalmente conmigo.
-Lo haces sonar muy fácil, no sé si estás muy seguro de ti mismo o loco.-O ambas, pero extrañamente funciona. Dejo que tire suavemente de mí, mi mano izquierda sigue entrelazada con la suya, mi mano libre va a su pecho, una parte de mi dice que para mantener las distancias.
Pero mis dedos se cierran sobre el pliegue de su ropa, contengo el aliento cuando mi nariz se roza con la suya, y tengo que cerrar un instante los ojos. Tengo que calmarme, aunque sea un momento, aunque sea lo suficiente para escucharle por encima de mi corazón que grita que haga una estupidez.
-Cao…-Su nombre sale entre un suspiro, un susurro, y cuando abro los ojos estamos cerca, mucho, tanto que puedo notar su respiración contra la mía.
Joder, como quiero saber ahora mismo que pasa si acortaba del todo aquella distancia.
Trago grueso, paso de forma leve la lengua por mis labios, intentando no pensar en los suyos, pero la cosa no está funcionando.-Esta bien, tu ganas.- Entrecierro ligeramente los ojos, juntando de forma suave su frente con la mía.-Dame unos días para arreglar las cosas y volveré a verte, iré contigo.-Me incliné entonces contra él, mis labios se rozaron apenas con los suyos mientras susurraba contra estos.
Mis ojos fijos en los suyos, y digo esas tres palabras que terminan por sellar algo que es casi, como tirar una moneda.
-Es una promesa.
Puedo escuchar mi razón, la poca que me queda, diciéndome que es una terrible idea, no es solo él, es la gente que seguramente le acompañe, es todo.
Ya puse una vez el corazón en la línea y fue un desastre, luego me pasé años alejándolo de todo el mundo…¿Y ahora? La moneda está dando vueltas en el aire.
