02-10-2025, 01:31 PM
Ella insistía una y otra vez en tratar de evitar a toda costa santificarla, cosa que en una cabeza tan dura como la de Owen, ciertamente, era realmente difícil -Vale, vale, Gwenchu, mejor.- iba a querer ganar sea como fuere; Tal vez dejaría de decirle "Diosa de la Fortuna", pero sus apodos improvisados que buscaban generar un vínculo más profundo entre ambos, ciertamente, no iba a poder quitárselos ni aunque la chica lo pidiese.
El escalofrío volvió a estremecerle el cuerpo mientras un nudo en la garganta, tenso como el que se le hace a un globo, apareció mientras sentía el aire cálido de su boca salir combinado con el de su respiración. El corazón le dio un vuelco extraño, uno que había sentido muy pocas veces en su vida y que ahora, ciertamente, chocaba en demasía con todo lo que había conocido hasta ahora. ¿Alguien que quisiese su compañía genuina, simple y llanamente, porque sí? ¿Porque le agrada a alguien? No sabía cómo sentirse, pero no recordaba la última vez que se había sonrojado tanto y, sintiéndose tan inseguro, estaba aliviado de saber que la chica que estaba poniéndolo así era incapaz de verle directamente. Se sintió feliz, incluso, siendo literalmente iguales, capaz de sentir, pero no de ver.
Si bien ella resultaba ser muy determinante y hasta a veces parecía buscar la manera de hacerle entender cuáles eran las cosas que podían o no gustarle que el pelirrojo le dijese, había algo que el chico no iba a poder evitar: Halagarla. Un día le bastó a Owen para ver que, aunque Gwen batalle a diestra y siniestra para dejar implícito el hecho de ser un individuo común, incluso, uno débil, él veía una fortaleza indescriptible, una que a él le faltaba a leguas. A ella le faltaba "mucha calle", y a él le faltaba "mucho espíritu", por lo que ésta dinámica, así la chica oponga resistencia, iba a tener que obligarla a ceder tarde o temprano -Conmigo deberás acostumbrarte a que te halague. Menos mal que no puedes ver, Gwenchu,- sonrió enormemente, con esos ojos llenos de brillo y fulgor que lo caracterizan -si te vieses al espejo se te subiría el ego a la cabeza, eres la chica más bonita que he visto en mucho tiempo.- y si bien el muchacho era un mitómano de mucho cuidado, esta vez, estaba siendo sumamente honesto; la Isla del Karate estaba repleto de mujeres hermosas y más aún que, en los últimos meses, había tenido un fuertísimo número de turistas y viajeros debido a lo que parecía ser su temporada de verano. El joven pillo no dudó en, con suavidad y generando un movimiento espasmódico con la mano izquierda, frotar el mismo lado de la muchacha del rostro, sobándolo con mucha ternura y suavidad. Por primera vez en bastante tiempo, ciertamente, se sentía con suerte.
El plan de la chica empezó a ser efectuado con rapidez, prestándole atención a su posible análisis que provocó que el muchacho llevase una mano hacia el mentón, pensativo, entre-cerrando los ojos -...tal vez por eso se quedó encerrado el gilipollas...- balbuceó, ya que era probable que la trampilla que permitiese la salida del lugar estuviese a una altura inalcanzable para un humano normal, no al menos para el individuo que estaba momificado en el suelo. Fue así cuando comenzó el plan de la no-vidente: Cerciorarse de que existiese una puerta oculta en la parte superior que, nuevamente y encajando las piezas en el rompecabezas mental de Owen Yang, un pequeño sobresalto, casi como un chispazo, le abrió los ojos sutilmente, inapreciable por la penumbra -...es hiper probable que exista una puerta en el techo. Si esto es una trampa para raptar personas, tiene que tener una escotilla para interactuar, lanzar comida o torturar. No tiene sentido atrapar gente sin más.- era un pensamiento rebuscado, sí, pero tan conocido por él y tan normal en diferentes métodos de tortura que accedió sin dudar a lo que la muchacha, ciertamente, la corazonada de la chica parecía estar en el rumbo correcto -¡Venga! Vamos a ver si Dios te mandó la señal correcta.- y, procediendo rápidamente, se pegó a la muchachita para, agachándose ligeramente y encorvado, la atrajese consigo casi de la misma manera a cuando la había llevado a caballito poco tiempo atrás, buscando que coloque ambos pies sobre los hombros del pelirrojo.
Ella continuaba tímida, dudosa, pero Owen confiaba ciegamente (Nunca mejor dicho) en su teoría, porque tenía bastantes papeletas de ser cierta. La atrapó con ambas manos un poco más arriba de los talones, generando unos tambaleos espasmódicos propios de intentar mantener el equilibrio entre ambos -Si es por ti Gwenchu puedo hasta con el mismísimo profeta.- bromeaba, intentando mantener la calma ante su pregunta de si el chico estaba en la misma sintonía que ella. Como si fuese un acto divino, ¡TUB!, un sonido hueco -¡! ¡Lo tienes!- llamativo, distinto, apareció de forma repentina, con el joven pillo que no demoró ni una décima de segundo en buscar la llave que traía atrapada aún en su mano y, de forma torpe producto de la pura oscuridad, tocar la mano de la muchachita que, en un abrir y cerrar de ojos, ¡TAK! ¡IIIIIIIIK-PLAK! -¡¡!! ¡LUZ!- El destello ámbar fue tan llamativo que hasta sus iris se empequeñecieron por el intenso cambio, viendo la transición de la nada al fulgor en el cual el corazón volvió a llenársele de esperanzas y una alegría sin control.
En cuanto la muchacha mencionó que iba a subir, Owen reclinó las piernas y dio un pequeño salto, tratando de darle aún más margen para que pudiese dar una pequeña escalada mientras que, finalmente y sin sentir el peso de la chica, levantó la cabeza para, otra vez, ver ese antifaz blanco y cruzado que reconocería ya a mil kilómetros de distancia -¡Lo hiciste, Gwenchu! ¡Qué nivel!- y, a los pocos segundos, una tela cayó en forma de péndulo. Tiró de ella una, dos, tres y cuatro veces, comprobando que la tensión sea suficiente. Ya lo había hecho demasiadas veces -Prometo que- enrolló su mano derecha sobre parte de la tela mientras que, con el pie izquierdo, generaba una especie de base de escalada. Era sumamente evidente que había trepado más de una vez, aunque, bueno...en circunstancias diferentes -aprenderé a cocinar solamente para agasajarte por esto, Gwen.- el joven escaló con agilidad para, finalmente, llevar ambas manos hacia los bordes de la trampilla, impulsándose hacia arriba y quedándose justo frente a ella, llevando una de sus manos para cerrar la exclusa que, con un sonido seco y hueco, ¡TAK!, se selló.
Cuando el pelirrojo quiso darse cuenta, se encontraba en lo que parecía ser una habitación de cama matrimonial, decorada, algo austera, pero con los elementos suficientes para ser considerada una típica habitación de pareja -...joder, ¿Este tipo estaba casado, o algo así?- claro, él hablaba en voz alta como si Gwen pudiese ver exactamente el lugar en el que se encontraban. Aún de rodillas en el piso, agitado, intentando recuperar el aire, giraba su rostro como un radar, observando cada detalle del lugar hasta que el cerebro le recordó su mentira inicial -Estamos en una habitación matrimonial, debe ser la habitación de huéspedes del tío este. Uker.- corrigió rápidamente, atrapando la mano de la muchacha para, así, tirar de ella y levantarla. Cuando ambos estuvieron a la par, con esa casi cabeza de diferencia de altura que les separaba y hacían que Owen tuviese que estar más cabizbajo, no pudo evitar sonreír, aunque todavía ligeramente incómodo -Ahora sí molaría que te dieses una ducha.- y en efecto; La muchachita, con esa apariencia tan angelical, ahora, parecía que un huracán le había arrastrado por encima. Era tan bonita, suave y estaba tan sumamente decorada que el haberse caído hacia aquel vacío le habían llenado de polvo, desorganizado los adornos y, también, alborotado su tremendo y voluptuoso cabello oscuro con mechas violáceas, casi como si estuviese recién levantada. Llevó su pulgar hacia la mejilla de la chica, intentando quitarle un manchón de tierra que se le había pegado, excusa perfecta para también sentirle su mentón -Te duchas tú y luego yo, ¿Va?-.
Todo el alboroto le había hecho perder totalmente el sentido del tiempo. ¿Cuánto había pasado desde que habían usurpado aquel lugar? ¿Horas? ¿Días? ¿Porqué la electricidad aún seguía funcionando si el que estaba en aquella trampilla parecía el creador de la misma? O tal vez...¿No lo era? Entrelazó su mano con la de la chica y, ayudándola a subir la escalera con la misma sutileza con la que habían estado caminando en su primer encuentro, la acompañó hasta el piso superior, lugar donde yacía una sencilla bañera iluminada por el parpadeo de aquella luz que se volvió estable unos segundos después -Lo que si...- miraba en todas direcciones, observando el abandono total de la enorme mayoría de artículos de limpieza con lo eran jabones y posibles shampoos. Atrapó la parte superior de la palma de la chica y la llevo hasta uno de los grifos -Esta controla el agua caliente.- tenía una pequeña piedrita rojiza -Ésta, la fría. Espero.- volvió a hacer lo mismo empujando a la derecha, donde había otra con una celeste. Indicaciones típicas y básicas de "Hot and Cold".
Su corazón otra vez dio un vuelco, ¿Qué te está pasando, Owen? Sueles ser infranqueable con las chicas. Bueno, infranqueable y estúpido en la mayoría de las veces -No quiero pecar de degenerado teniendo que observarte a ver si no te resbalas y te matas...- estaba completamente colorado, rojo, de su rostro emanaba una calidez demasiado perceptible en la cual desviaba la mirada de absolutamente todo, como si quisiese evadirse tan solo de pensar en lo extraño aunque deseoso de la situación para él -...de todas maneras, no me separaré de ti.- Se le apretaban los labios de una manera incontrolable, estaba totalmente avergonzado de lo que estaba diciendo, llevó su dedo pulgar a la boca, masticándoselo de los nervios -Te lo he prometido, y yo jamás incumplo una promesa.- y mientras decía esto, necesitaba alejarse, necesitaba aire -¡Voy a buscarte una toalla y vuelvo, si necesitas ayuda me d-dices!- progresivamente, Gwen escucharía estas palabras con mayor reverberación y lejanía, debido a que el pelirrojo, huyendo con bastante cobardía, se quedó a la altura de la escalera intentando hacer que los latidos de su corazón dejasen de saltar de forma criminal. Se sentía frustrado, estúpido e incómodo -Cálmate, retrasado.- empezó a golpear su frente con su puño cerrado en su parte superior, una y otra vez -No dejaré que esta tía me ponga así.-.
— Porque si somos personas comunes no hay razón para separarnos ¿No? —
-¿Eso crees?-
— Sin demonios ni ángeles, ni cielo o infierno. Solo nosotros, como si fuésemos iguales.
![[Imagen: 3T0vjB8.png]](https://i.imgur.com/3T0vjB8.png)
-...estás...segura? ¿Iguales?-
El escalofrío volvió a estremecerle el cuerpo mientras un nudo en la garganta, tenso como el que se le hace a un globo, apareció mientras sentía el aire cálido de su boca salir combinado con el de su respiración. El corazón le dio un vuelco extraño, uno que había sentido muy pocas veces en su vida y que ahora, ciertamente, chocaba en demasía con todo lo que había conocido hasta ahora. ¿Alguien que quisiese su compañía genuina, simple y llanamente, porque sí? ¿Porque le agrada a alguien? No sabía cómo sentirse, pero no recordaba la última vez que se había sonrojado tanto y, sintiéndose tan inseguro, estaba aliviado de saber que la chica que estaba poniéndolo así era incapaz de verle directamente. Se sintió feliz, incluso, siendo literalmente iguales, capaz de sentir, pero no de ver.
Si bien ella resultaba ser muy determinante y hasta a veces parecía buscar la manera de hacerle entender cuáles eran las cosas que podían o no gustarle que el pelirrojo le dijese, había algo que el chico no iba a poder evitar: Halagarla. Un día le bastó a Owen para ver que, aunque Gwen batalle a diestra y siniestra para dejar implícito el hecho de ser un individuo común, incluso, uno débil, él veía una fortaleza indescriptible, una que a él le faltaba a leguas. A ella le faltaba "mucha calle", y a él le faltaba "mucho espíritu", por lo que ésta dinámica, así la chica oponga resistencia, iba a tener que obligarla a ceder tarde o temprano -Conmigo deberás acostumbrarte a que te halague. Menos mal que no puedes ver, Gwenchu,- sonrió enormemente, con esos ojos llenos de brillo y fulgor que lo caracterizan -si te vieses al espejo se te subiría el ego a la cabeza, eres la chica más bonita que he visto en mucho tiempo.- y si bien el muchacho era un mitómano de mucho cuidado, esta vez, estaba siendo sumamente honesto; la Isla del Karate estaba repleto de mujeres hermosas y más aún que, en los últimos meses, había tenido un fuertísimo número de turistas y viajeros debido a lo que parecía ser su temporada de verano. El joven pillo no dudó en, con suavidad y generando un movimiento espasmódico con la mano izquierda, frotar el mismo lado de la muchacha del rostro, sobándolo con mucha ternura y suavidad. Por primera vez en bastante tiempo, ciertamente, se sentía con suerte.
El plan de la chica empezó a ser efectuado con rapidez, prestándole atención a su posible análisis que provocó que el muchacho llevase una mano hacia el mentón, pensativo, entre-cerrando los ojos -...tal vez por eso se quedó encerrado el gilipollas...- balbuceó, ya que era probable que la trampilla que permitiese la salida del lugar estuviese a una altura inalcanzable para un humano normal, no al menos para el individuo que estaba momificado en el suelo. Fue así cuando comenzó el plan de la no-vidente: Cerciorarse de que existiese una puerta oculta en la parte superior que, nuevamente y encajando las piezas en el rompecabezas mental de Owen Yang, un pequeño sobresalto, casi como un chispazo, le abrió los ojos sutilmente, inapreciable por la penumbra -...es hiper probable que exista una puerta en el techo. Si esto es una trampa para raptar personas, tiene que tener una escotilla para interactuar, lanzar comida o torturar. No tiene sentido atrapar gente sin más.- era un pensamiento rebuscado, sí, pero tan conocido por él y tan normal en diferentes métodos de tortura que accedió sin dudar a lo que la muchacha, ciertamente, la corazonada de la chica parecía estar en el rumbo correcto -¡Venga! Vamos a ver si Dios te mandó la señal correcta.- y, procediendo rápidamente, se pegó a la muchachita para, agachándose ligeramente y encorvado, la atrajese consigo casi de la misma manera a cuando la había llevado a caballito poco tiempo atrás, buscando que coloque ambos pies sobre los hombros del pelirrojo.
Ella continuaba tímida, dudosa, pero Owen confiaba ciegamente (Nunca mejor dicho) en su teoría, porque tenía bastantes papeletas de ser cierta. La atrapó con ambas manos un poco más arriba de los talones, generando unos tambaleos espasmódicos propios de intentar mantener el equilibrio entre ambos -Si es por ti Gwenchu puedo hasta con el mismísimo profeta.- bromeaba, intentando mantener la calma ante su pregunta de si el chico estaba en la misma sintonía que ella. Como si fuese un acto divino, ¡TUB!, un sonido hueco -¡! ¡Lo tienes!- llamativo, distinto, apareció de forma repentina, con el joven pillo que no demoró ni una décima de segundo en buscar la llave que traía atrapada aún en su mano y, de forma torpe producto de la pura oscuridad, tocar la mano de la muchachita que, en un abrir y cerrar de ojos, ¡TAK! ¡IIIIIIIIK-PLAK! -¡¡!! ¡LUZ!- El destello ámbar fue tan llamativo que hasta sus iris se empequeñecieron por el intenso cambio, viendo la transición de la nada al fulgor en el cual el corazón volvió a llenársele de esperanzas y una alegría sin control.
En cuanto la muchacha mencionó que iba a subir, Owen reclinó las piernas y dio un pequeño salto, tratando de darle aún más margen para que pudiese dar una pequeña escalada mientras que, finalmente y sin sentir el peso de la chica, levantó la cabeza para, otra vez, ver ese antifaz blanco y cruzado que reconocería ya a mil kilómetros de distancia -¡Lo hiciste, Gwenchu! ¡Qué nivel!- y, a los pocos segundos, una tela cayó en forma de péndulo. Tiró de ella una, dos, tres y cuatro veces, comprobando que la tensión sea suficiente. Ya lo había hecho demasiadas veces -Prometo que- enrolló su mano derecha sobre parte de la tela mientras que, con el pie izquierdo, generaba una especie de base de escalada. Era sumamente evidente que había trepado más de una vez, aunque, bueno...en circunstancias diferentes -aprenderé a cocinar solamente para agasajarte por esto, Gwen.- el joven escaló con agilidad para, finalmente, llevar ambas manos hacia los bordes de la trampilla, impulsándose hacia arriba y quedándose justo frente a ella, llevando una de sus manos para cerrar la exclusa que, con un sonido seco y hueco, ¡TAK!, se selló.
Cuando el pelirrojo quiso darse cuenta, se encontraba en lo que parecía ser una habitación de cama matrimonial, decorada, algo austera, pero con los elementos suficientes para ser considerada una típica habitación de pareja -...joder, ¿Este tipo estaba casado, o algo así?- claro, él hablaba en voz alta como si Gwen pudiese ver exactamente el lugar en el que se encontraban. Aún de rodillas en el piso, agitado, intentando recuperar el aire, giraba su rostro como un radar, observando cada detalle del lugar hasta que el cerebro le recordó su mentira inicial -Estamos en una habitación matrimonial, debe ser la habitación de huéspedes del tío este. Uker.- corrigió rápidamente, atrapando la mano de la muchacha para, así, tirar de ella y levantarla. Cuando ambos estuvieron a la par, con esa casi cabeza de diferencia de altura que les separaba y hacían que Owen tuviese que estar más cabizbajo, no pudo evitar sonreír, aunque todavía ligeramente incómodo -Ahora sí molaría que te dieses una ducha.- y en efecto; La muchachita, con esa apariencia tan angelical, ahora, parecía que un huracán le había arrastrado por encima. Era tan bonita, suave y estaba tan sumamente decorada que el haberse caído hacia aquel vacío le habían llenado de polvo, desorganizado los adornos y, también, alborotado su tremendo y voluptuoso cabello oscuro con mechas violáceas, casi como si estuviese recién levantada. Llevó su pulgar hacia la mejilla de la chica, intentando quitarle un manchón de tierra que se le había pegado, excusa perfecta para también sentirle su mentón -Te duchas tú y luego yo, ¿Va?-.
Todo el alboroto le había hecho perder totalmente el sentido del tiempo. ¿Cuánto había pasado desde que habían usurpado aquel lugar? ¿Horas? ¿Días? ¿Porqué la electricidad aún seguía funcionando si el que estaba en aquella trampilla parecía el creador de la misma? O tal vez...¿No lo era? Entrelazó su mano con la de la chica y, ayudándola a subir la escalera con la misma sutileza con la que habían estado caminando en su primer encuentro, la acompañó hasta el piso superior, lugar donde yacía una sencilla bañera iluminada por el parpadeo de aquella luz que se volvió estable unos segundos después -Lo que si...- miraba en todas direcciones, observando el abandono total de la enorme mayoría de artículos de limpieza con lo eran jabones y posibles shampoos. Atrapó la parte superior de la palma de la chica y la llevo hasta uno de los grifos -Esta controla el agua caliente.- tenía una pequeña piedrita rojiza -Ésta, la fría. Espero.- volvió a hacer lo mismo empujando a la derecha, donde había otra con una celeste. Indicaciones típicas y básicas de "Hot and Cold".
![[Imagen: cWHCBiN.png]](https://i.imgur.com/cWHCBiN.png)
-¿Querrás...que te ayude a bañarte?-
Su corazón otra vez dio un vuelco, ¿Qué te está pasando, Owen? Sueles ser infranqueable con las chicas. Bueno, infranqueable y estúpido en la mayoría de las veces -No quiero pecar de degenerado teniendo que observarte a ver si no te resbalas y te matas...- estaba completamente colorado, rojo, de su rostro emanaba una calidez demasiado perceptible en la cual desviaba la mirada de absolutamente todo, como si quisiese evadirse tan solo de pensar en lo extraño aunque deseoso de la situación para él -...de todas maneras, no me separaré de ti.- Se le apretaban los labios de una manera incontrolable, estaba totalmente avergonzado de lo que estaba diciendo, llevó su dedo pulgar a la boca, masticándoselo de los nervios -Te lo he prometido, y yo jamás incumplo una promesa.- y mientras decía esto, necesitaba alejarse, necesitaba aire -¡Voy a buscarte una toalla y vuelvo, si necesitas ayuda me d-dices!- progresivamente, Gwen escucharía estas palabras con mayor reverberación y lejanía, debido a que el pelirrojo, huyendo con bastante cobardía, se quedó a la altura de la escalera intentando hacer que los latidos de su corazón dejasen de saltar de forma criminal. Se sentía frustrado, estúpido e incómodo -Cálmate, retrasado.- empezó a golpear su frente con su puño cerrado en su parte superior, una y otra vez -No dejaré que esta tía me ponga así.-.
No te resistas más.
-Hablo- , Narro , -Pienso-
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