03-10-2025, 05:14 AM
(Última modificación: 03-10-2025, 05:17 AM por Hyákinthos.)
2 años en el pasado
Las peores presas son las que se resisten.
Él no es alguien que juegue con sus víctimas. Es directo, certero, una vez ha puesto sus ojos sobre una potencial mercancía, no los apartará hasta que pueda distribuirlo por partes. No es por diversión que hace esto -o tal vez sí, un poco, nunca lo admitiría en voz alta-, es por trabajo, por dinero y, por eso, debe ser lo más impecable posible. Imaginar tener que entregar un producto defectuoso por culpa de la mala praxis lo volvería loco.
Por eso detesta a la mercancía que opone resistencia.
Ahora, el que no juegue no quiere decir que haga las cosas demasiado rápido, no, claro que no, eso sería estúpido. Es eficiente, práctico, sí que se toma su tiempo para estudiar a sus presas. Cuando las consigue, el trabajo es limpio, incluso parecería “rápido” para cualquier que no conozca el proceso de investigación que hay tras este.
Estas víctimas suelen ser pacientes a los que ha atendido, aquellos que tienen un historial solitario, limpio y, sobre todo, pobre… ¿Quién se molestaría en buscar a un pobre? Ningún marine perdería el tiempo con alguien que no es importante en la sociedad. Sorbet Sur es el lugar perfecto para conseguirlos.
Por eso no esperaba que este le respondiera, que le atacara.
Lo había estudiado desde hace un par de semanas. Un chico joven, de 20 años, humano, uno al que atendió hace un par de meses por un virus corriente, nada grave, un chico con un historial limpio, con una salud envidiable y que, a pesar de todo, es delgado, manejable, alguien a quien podía someter con facilidad con una llave, inyectarle un anestésico, esperar a que perdiera la consciencia y… ¿Hay necesidad de decir lo que haría luego? Tal vez no.
Pero las cosas no siempre salen como se esperan. ¿En qué falló? Creyó haber tomado con precisión sus medidas cuando lo atendió: altura, peso, masa muscular. Tenía todo para calcular con exactitud cuánto de anestesia necesitaría para noquearlo. ¿Acaso erró en la cantidad de sedante cuándo hizo el cálculo? Bueno, no es como que importara ahora, podría pensarlo cuando el peligro pasara.
Apretó los dientes, así como sus puños. El filo de la navaja cortó la tela de su ropa y su propia piel, traspasó su carne con facilidad. No lo vio venir. Creyó que el chico estaría aturdido, ni siquiera supo cuando despertó. Todo se tornó en su contra.
Sin embargo, a pesar de la herida que, instintivamente, se tapó con una de sus manos, su víctima -ahora su atacante-, trastabilló e incluso llevó una de sus manos a su cabeza y se quejó. Bien, al menos parecía mareado. Escuchó que el chico maldijo en voz baja y luego, en lugar de prolongar el enfrentamiento, uno para el que el pelirosa ya estaba listo de ser necesario a pesar del dolor en su abdomen, su “víctima” no alargó más la situación y corrió en dirección contraria. Podía entender su decisión, aunque él mismo habría hecho algo distinto: terminar con lo que empezó.
Tuvo suerte de que este chico no fuera como él.
Jadeó. El dolor en su abdomen se hizo más evidente cuando dejó de estar alerta por la amenaza del chico. Tuvo que romper parte de la manga de su camisa para poder amarrar su herida y detener el sangrado. Fue rápido, un nudo desprolijo, pero lo suficiente para que la sangre dejara de salir; sin embargo, el dolor estaba tan presente como antes.
Caminar rápido le costó, después de todo, en cada paso podía sentir la punzada como si el metal aún lo estuviera atravesando. Que sensación tan molesta.
Logró alejarse lo suficiente como para quedar desvinculado de cualquier incidente, además, llevaba consigo una mascarilla negra cuando todo ocurrió y, por la hora de la noche en la que sucedió todo y el callejón donde se encontró a su víctima/victimario, sería imposible que este reconociera su color de cabello, que de todos modos estaba bien recogido como para no llamar demasiado la atención, sumado a eso, notó al chico mareado antes de que huyera, entonces…no tendría por qué ser delatado, no…no lo sería…aunque, de igual manera ya había pasado mucho tiempo en el Reino de Sorbet.
Quiso llegar al local en donde tenía su “clínica”, una fachada para lo que en verdad hacía, pero no solo su mala orientación le jugó una mala pasada, si no que el mismo dolor no lo dejaba pensar con claridad. Mordió su labio inferior con fuerza, necesitaba tranquilidad, necesitaba orientarse. Cerró los ojos, apoyó una de sus manos en la herida y, al final, por culpa del dolor, quedó apoyado en una pared, cerca de un local que, a pesar de la hora, aún seguía abierto.
Levantó la cabeza con dificultad, por el letrero brillante podía ver que era un bar o un burdel barato, además, el ruido que empezó a escuchar desde el interior fue suficiente para despejar cualquier duda que pudiera tener sobre el sitio. Pensó en que algo de alcohol le vendría bien para la herida, el alcohol más puro que tuvieran dentro, pero supuso que solo tendrían licor barato, lleno de azucares que podrían llegar a hacerle más mal que bien.
Chasqueó la lengua, empezaba a sudar frío y no tenía ganas de caminar. Solo deseaba una cama y un sitio donde pudiera tratarse la herida con el cuidado que ameritaba, pero pensar en llegar a su “casa” se le hacía cada vez más difícil. Sintió que sus piernas temblaron y la sensación lo hizo deslizarse en la pared en la que estaba recostado hasta que quedó sentado en el suelo, algo que en otro momento lo habría hecho quejarse por ensuciar su ropa sentándose en la calle, pero que ahora le parecía lo mejor que podía hacer.
Jadeó y de pronto la máscara le empezó a estorbar, tuvo que quitársela para poder respirar mejor, aunque rápido, por más que intentara mantener un ritmo calmado. Se empezaba a agitar y eso no era bueno, debía mantener la calma.
Entonces escuchó un ruido. Una puerta que se abría y alguien saliendo del interior del local. Eso lo alertó…No estaba en la parte norte de la ciudad, en donde algo de esperanza tendría, si no en el sur, donde las cosas eran más peligrosas y, aún así…aunque pudiera terminar peor de lo que empezó, reunió valor para hablar, para que sea quien sea que hubiera salido de ese bar, pudiera escucharlo y ¿Por qué no? También ayudarlo.
—¡Hey! …por favor… ¿Podrías…podrías ayudar…me? —Cuando habló, por inercia apretó más fuerte su herida, eso hizo que su voz saliera entrecortada y más baja de lo que imaginó, esperaba que el ruido del interior del bar no hubiera nublado el sentido auditivo de la persona que estaba cerca de él o si no, vaya que estaría jodido.
