— ¿No podemos dormir los dos en el sillón? Yo no ocupo mucho espacio.
![[Imagen: YjDomxp.png]](https://i.imgur.com/YjDomxp.png)
-Podríamos...si...quieres.-
Pensó que se había calmado con aquella catarata de agua helada impactando contra su nuca, pero no, otra vez, rojo como un tomate producto de la petición de la muchachita que ya no parecía estar tan soberbiamente adornada como la había conocido. Se veía más escueta, sencilla, ya no parecía una figura de porcelana en movimiento. Ahora parecía una mujer, una que mantenía al pelirrojo tan extremadamente cautivado que ni el sonido atronador de los grillos en el exterior y las olas que golpeaban con mucha suavidad las costas podían distraerle. Incluso, la solicitud de la muchacha por encender un fuego fue algo que le sorprendió y le generó un despertar en su letargo -¡! ¿Fuego?- si bien sus mejillas estaban volviendo a encenderla, sí era cierto que el ambiente se había refrescado lo suficiente debido a que, muy probablemente, ya eran altas horas de noche. El cabello de la chica, que aún parecía estar goteando muy ligeramente, necesitaba una ayuda extra. Viajó a su bolsillo derecho -Todavía lo tengo.- y lo sintió entre sus dedos, ¡SSTIK! ¡SSSTIK!, el sonido del ferrocerio de un mecherito plano y metálico empezó a sonar, generando una tenue luz alimentada por la punta de la cuerda blanca aunque opaca, como si hubiese sido utilizado varias veces con anterioridad -Me había olvidado que traía esto.- y que, tal vez, podría haberle ayudado a ver mínimamente en aquella sala que habían sido capturados antes.
El hogar tenía un pequeño sistema de chimenea sumamente básico. Uno negro, redondo, y con una pequeña puertita que con la alimentación para el fuego suficiente podía encender y calentar la totalidad de su entorno. El pelirrojo, bueno, peliblanco ahora, no demoró el cerrar la ventana que había abierto con anterioridad y que hacía que la sensación de frío fuese incluso mucho más perceptible y, aprovechando que la vio sufrir un poco de los espasmos -...Hm.- sonrió con mucha ternura, como si estuviese viendo una joya puesta en una vitrina, marcando sus mejillas y entrecerrando los ojos.
-No hay de que, preciosa. Prometí que te cuidaría hasta el final y todavía no te has dormido.- respondió casi enseguida estando sentado en el extremo del sillón, observándola caminar hacia el mismo y agradeciendo el té que había encontrado en una pequeña latita metálica y polvorienta. Owen, pese a ser un poco marginal, tiene cierta predilección por los tés de todos los países y suelen gustarle muchísimo fríos (Y con bastante azúcar), siendo, casi la única bebida a la que está al asecho en las largas tandas de calor. No se preparó para él, de hecho, no había comido absolutamente nada casi desde que había sido raptado horas atrás, aunque él estaba fuertemente acostumbrado a pasar al menos una noche sin ningún tipo de alimentación y mucho menos de desayunar. Sin embargo...a partir de ahora, tenía un cometido nuevo: Gwen, porque era la compañía que prácticamente nunca había podido tener.
Ella parecía la frágil, pero el inocente y temeroso, constantemente, parecía ser Owen. Estaba mucho más relajado, demasiado, ¿Acaso la ducha había ayudado...o verse al espejo como su verdadero ser? No importaba, porque mañana, antes de que Gwen pudiese despertarse, él conseguiría otro tinte rojo para sus mechas de alguna u otra manera. Solo esta vez, solo esta noche, bajaría la guardia por completo mientras se mantenía sentado en el sillón, encorvado, escuchándole nervioso -Sería muy lindo dormir contigo...Gwen.- nudo en la garganta, visión algo borrosa, mirando hacia la nada -...mañana te prepararé el desayuno, ¿Te parece?- su "síndrome de la pierna inquieta" se disparó, extrañado, era todo tan diferente y extraño para él...que apenas sabía cómo proceder.
— Hace mucho que no dormía con compañía —
![[Imagen: 84104e32ed90b845cc1d1bd846d26393.jpg]](https://i.pinimg.com/736x/84/10/4e/84104e32ed90b845cc1d1bd846d26393.jpg)
-¿Estás...cómoda? ¿Te sientes bien?-
— Me gusta —
La calidez de la muchacha era algo tan embriagador para él que simplemente no sabía ni cómo reaccionar. Tumbado, empujándola hacia él para evitar que ambos se caigan, bajó su cuerpo un poco para tratar de coincidir sus ojos a la altura de los párpados cerrados de la chica -Gwen.- su corazón palpitaba a una velocidad totalmente criminal, incluso, habiéndola escuchado decir que no tenía ninguna historia que contarle -Yo tengo miles. También empezaremos a escribir las nuestras, si quieres.- su mano derecha, que la atraía hacia él (Sintiendo la aún persistente humedad de su cabello), subió, empezando a acariciarle con una suavidad propia de una caricia llena de afecto. Cerrar y abrir la palma, moviéndola en círculos, buscando arroparla aún más, viéndola buscar arroparse sobre su cuerpo aunque Owen, de forma algo ansiosa, estuviese buscando su rostro y bajando los ojos hacia sus labios una y otra vez. Se sentía tan abrumadoramente tentado que no sabía cómo reaccionar, incluso, con el cansancio que abrumó a su cuerpo automáticamente decidió salir de la ducha.
Ella sugirió una canción, mientras se le escapaba una risita. Esa complicidad era algo que estaba enterneciendo tanto al peliblanco que, con los ojos llenos de brillo y una sonrisa solo marcada por sus labios -Cántala.- susurró, por lo bajo, solo para que ella pudiese escucharlo. Él empezó a ver cómo el cuerpo de la chica empezó a ceder ante el cansancio, escuchando una voz tan dulce, melodiosa y maravillosa como a él le parecía la mujercita frente a sí. No paró jamás de mimarla, incluso, realizando un pequeño caminito entre la copa de su cabeza y la mejilla, levantándole un poco el mentón y dando un tenue brinco para tener la mezcla de tarareo y voz justo frente a su rostro. Ella sin el velo era muchísimo más hermosa que antes y Owen, a diferencia de antes, tenía un porte mucho más angelical y tranquilo, arropado también por el ángel-humano que tenía enfrente.
Su corazón seguía latiendo con intensidad, sin piedad, y mucho nerviosismo. El cansancio...igual, lo había hecho que se dejase llevar.
— Owen —
-Gwen. Gracias.-
— Me gusta estar contigo.
-Y yo contigo.-
Porque por primera vez, en sus dieciocho años, estaba siendo amor y afecto desinteresado. Alguien que lo necesitaba y que lo apreciaba al mismo tiempo.
—Gracias por quedarte conmigo.
-Gracias por no hacerme sentir solo.-
Sentía el peso del agotamiento en su cuerpo, y aún así, su cuerpo y torso buscó pegarse cada vez más a la perfección de muchacha que tenía delante de sus ojos. Sintió el apretar de su ropa, aferrándose, casi como si buscase evitarse caer, al igual que la punta de sus dos narices habían entrado en contacto.
—No te vayas.
Con un sutil, suave y tenue movimiento de cuello...la besó.
-No me voy a ir a ningún lugar.-
Para que, siguiendo acariciando la mejilla de la muchacha mientras mantenía su frente pegada a la de la chica, lenta y progresivamente, el peso del sueño cayese encima de él con todo y el millar de emociones sentidas en un solo día.
Quién diría que Dios, los arcángeles o simplemente el destino iban a ser tan caprichosos. Y crueles.
-Hablo- , Narro , -Pienso-
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