La misión principal era sencilla. Teníamos que impedir que el fuego llegase al faro, a la vez, que intentábamos encontrar en este sitio alguna piedra de las que nos faltaban. Recordaba perfectamente aquel dibujo de la pared, donde había un sol, y desde el volcán, cuando vimos aquel fogonazo de luz, até cabos. Aquí hay algo, pero por el momento, no encontrábamos nada. Confiaba en los chicos plenamente de que pudieran encargarse de parar aquel incendio que se estaba moviendo con rapidez, mientras yo me quedaba aquí esperando poder tener alguna pista.
Tampoco es que había mucho por donde mirar, únicamente el suelo, donde había un montón de piedras, piedras normales y corrientes que no llamaban para nada la atención — Hmmmm... no veo nada fuera de lo normal... — dije para mí mismo mientras seguía inspeccionando la zona. Cuando de pronto, hallé una piedra muy extraña, tenía forma de sol. Rápidamente, la cogí con mi mano derecha — ¡Esta es! — Exclamé ilusionado mientras la miraba, pero, por el rabillo del ojo, en el suelo, pude ver otras dos piedras prácticamente idénticas, con la misma forma de sol — Vamos no me jodas — exclamé cuál inquilino cansado de su comunidad de vecinos. Coloqué las tres piedras juntas en el suelo, intentando descifrar cuál de todas era la buena. Me moví hacia la derecha, sin quitarlas el ojo — ¿Cuál será la buena? ¿Me llevo las tres? Creo que sería lo más eficiente, ¿pero aquel destello que vimos desde el volcán que es lo que era? ¿Por qué ahora no está apareciendo? — comencé a hacer preguntas al aire, absorbiéndome en mi mundo, sin prestar atención a nada, ni siquiera de los pequeños temblores que aún se manifestaban en la isla. Y así me pasó. De repente, noté como algo agarraba mi cabeza, estampándome contra el suelo y arrastrándome unos metros hasta que me soltó, notando como la cabeza me estaba ardiendo — ¡Qué cojones! — Grité mientras alcé la cabeza rápidamente y pude ver quien fue el causante.
Tenía ante mí una majestuosa criatura, a unos 15 metros de distancia. Era una especie de dragón negro, con dos enormes alas y llamas azules saliendo de su boca y en la punta de la cola, las cuales tendrían que tener una temperatura altísima, eso lo sabía muy bien. Su mera presencia seguía caldeando todo a su alrededor, como si este monstruo fuera el responsable de mantener las altas temperaturas que la isla tenía. Estaba claro que no venía en son de paz, no eran como aquellos pájaros del lago. Este venía con ganas de bronca y de pelea, y no me iba a quedar más remedio que pelear contra él, yo solo y sin ayuda. Era monstruosamente fuerte, podía notarlo con mi haki. Además, noté que con una de sus garras tenía una piedra de color verde ¿Que hacía un bicho de este calibre con algo así en la mano? ¡Eso es! ¡Es una de las piedras que necesitábamos, y estaba en manos de esta criatura! Tenía que hacerme con ella sí o sí.
Según iba poniéndome de pie, fui transformándome en mi forma híbrida, iba a enseñarle a esta lagartija que la isla tenía un nuevo dominante, y ese iba a ser yo. Levanté los brazos en alto, con los puños cerrados, concentrando mi fuerza en mis músculos de las piernas. Al principio fue raro, estaba acostumbrado a mi cola de serpiente, pero ahora que ya tengo dominada mi fruta, que bien se sentía. Kida se giró para mirar también al dragón negro, abriendo la boca y haciendo un gruñido totalmente desafiante hacia la criatura, mi compañera estaba lista para la pelea, así que yo no iba a ser menos. No dejaba de ser un animal salvaje, un depredador que iba a saltar en cualquier momento a por mí. Sabía de sobra la capacidad que tenía ahora para poder aguantar cualquier cosa que me echasen encima, solo tenía que esperar a que se tirase sobre mí. Iba a subirle dos tonos al bicho ese, dejándole claro que si quería cenar hoy, tendría que venir directamente a mí, y de la mejor manera posible: Que se me escuchase en toda la isla
Tampoco es que había mucho por donde mirar, únicamente el suelo, donde había un montón de piedras, piedras normales y corrientes que no llamaban para nada la atención — Hmmmm... no veo nada fuera de lo normal... — dije para mí mismo mientras seguía inspeccionando la zona. Cuando de pronto, hallé una piedra muy extraña, tenía forma de sol. Rápidamente, la cogí con mi mano derecha — ¡Esta es! — Exclamé ilusionado mientras la miraba, pero, por el rabillo del ojo, en el suelo, pude ver otras dos piedras prácticamente idénticas, con la misma forma de sol — Vamos no me jodas — exclamé cuál inquilino cansado de su comunidad de vecinos. Coloqué las tres piedras juntas en el suelo, intentando descifrar cuál de todas era la buena. Me moví hacia la derecha, sin quitarlas el ojo — ¿Cuál será la buena? ¿Me llevo las tres? Creo que sería lo más eficiente, ¿pero aquel destello que vimos desde el volcán que es lo que era? ¿Por qué ahora no está apareciendo? — comencé a hacer preguntas al aire, absorbiéndome en mi mundo, sin prestar atención a nada, ni siquiera de los pequeños temblores que aún se manifestaban en la isla. Y así me pasó. De repente, noté como algo agarraba mi cabeza, estampándome contra el suelo y arrastrándome unos metros hasta que me soltó, notando como la cabeza me estaba ardiendo — ¡Qué cojones! — Grité mientras alcé la cabeza rápidamente y pude ver quien fue el causante.
Tenía ante mí una majestuosa criatura, a unos 15 metros de distancia. Era una especie de dragón negro, con dos enormes alas y llamas azules saliendo de su boca y en la punta de la cola, las cuales tendrían que tener una temperatura altísima, eso lo sabía muy bien. Su mera presencia seguía caldeando todo a su alrededor, como si este monstruo fuera el responsable de mantener las altas temperaturas que la isla tenía. Estaba claro que no venía en son de paz, no eran como aquellos pájaros del lago. Este venía con ganas de bronca y de pelea, y no me iba a quedar más remedio que pelear contra él, yo solo y sin ayuda. Era monstruosamente fuerte, podía notarlo con mi haki. Además, noté que con una de sus garras tenía una piedra de color verde ¿Que hacía un bicho de este calibre con algo así en la mano? ¡Eso es! ¡Es una de las piedras que necesitábamos, y estaba en manos de esta criatura! Tenía que hacerme con ella sí o sí.
Según iba poniéndome de pie, fui transformándome en mi forma híbrida, iba a enseñarle a esta lagartija que la isla tenía un nuevo dominante, y ese iba a ser yo. Levanté los brazos en alto, con los puños cerrados, concentrando mi fuerza en mis músculos de las piernas. Al principio fue raro, estaba acostumbrado a mi cola de serpiente, pero ahora que ya tengo dominada mi fruta, que bien se sentía. Kida se giró para mirar también al dragón negro, abriendo la boca y haciendo un gruñido totalmente desafiante hacia la criatura, mi compañera estaba lista para la pelea, así que yo no iba a ser menos. No dejaba de ser un animal salvaje, un depredador que iba a saltar en cualquier momento a por mí. Sabía de sobra la capacidad que tenía ahora para poder aguantar cualquier cosa que me echasen encima, solo tenía que esperar a que se tirase sobre mí. Iba a subirle dos tonos al bicho ese, dejándole claro que si quería cenar hoy, tendría que venir directamente a mí, y de la mejor manera posible: Que se me escuchase en toda la isla
— Venga... —
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