05-10-2025, 03:37 AM
La bondad debía de percibirse como debilidad por Jin, era la unica explicación que encontraba cuando parecía no querer admitir que, sencillamente, quiso invitar a un necesitado a cenar, o quizas lo hizo para sentirse acompañado aquella noche. Yo prefería pensar lo primero, pues daba a ver su buen corazón y no su soledad y tristeza, aunque… Me dio la sensacion de no haber un primer motivo sin un segundo ¿Qué mas daba el motivo? En parte, él tenia razón, un buen acto era un buen acto, o eso pensaban aquellos que creían que la virtud estaba en el acto y no en la intención.
La ética era asi, interpretable y sibjetiva y, por ese tipo de cosas, resultaba dificil discernir la verdad absoluta de lo correcto o incorrecto, tan solo podíamos rezar por ir en la dirección adecuada y que fuese lo que Dios quisiese. sonreí al ver su molestia, no por alegrarme de su rracción, sino por quitarle algo de hierro al asunto.-Jeje, supongo que tienes razón.- Pare de comer un momento, Jin se habia rendido echando hacia atras su tercer cuenco, a algo mas de medio acabar, ya no tenia sentido seguir compitiendo, y mi estómago estaba saciado -que no lleno- además, le sacaba otros tres platos, ya habria sido imposible alcanzarme.-Quizás no sea importante para mi el motivo por el que me invitaste. Al final ya sali beneficiado, comi y disfrute de tu compañía.-Me levanté despacio de la mesa mientras con una seña indicaba al mesero que la comoetencia había acabado y que trajese la cuenta. -La cuestión para ti reside en ¿Realmente qué significó para ti esta comilona sin control alguno.- Me di la vuelta mientras el camarero, frotándose las manos como una mosca gorda y opulenta, sonreía al ver el abultado precio, aquella noche seguro que cumplía su cuota con creces. Estaba Dispuesto a irme, pero me detuve mirando un muro del restaurante con fotos. -Por cierto mi muevo amigo, deberías fijarte mas en tu entorno, podrían engañarte.-Señalé a aquella pared con el pulgar, pudiendo verse que era el muro de la fama del local, donde colgaban los retratos de los mayores zampacuencos que habían entrado por sus puertas, pudiendo verse mi cara en una de las retratauras del paramento.
Tras eso terminé por irme, dejando al pobre hombre con una cuenta que yo no podría pagar ni en meses y con pensamientos en su mente que, tal vez y solo tal vez, no habian corrido por su mente en mucho tiempo, a lo mejor y nunca se había parado a pensar en ese tipo de asuntos. Resultaba irónico que el mismo Jin dijese que era demasiado inocente cuando él no se había parado a pensar que podrían haberlo engañado para que invitase a una competición que no podría ganar de ninguna manera. Aquella noche el embaucador fue embaucado y el mendigo comió como un rey
La ética era asi, interpretable y sibjetiva y, por ese tipo de cosas, resultaba dificil discernir la verdad absoluta de lo correcto o incorrecto, tan solo podíamos rezar por ir en la dirección adecuada y que fuese lo que Dios quisiese. sonreí al ver su molestia, no por alegrarme de su rracción, sino por quitarle algo de hierro al asunto.-Jeje, supongo que tienes razón.- Pare de comer un momento, Jin se habia rendido echando hacia atras su tercer cuenco, a algo mas de medio acabar, ya no tenia sentido seguir compitiendo, y mi estómago estaba saciado -que no lleno- además, le sacaba otros tres platos, ya habria sido imposible alcanzarme.-Quizás no sea importante para mi el motivo por el que me invitaste. Al final ya sali beneficiado, comi y disfrute de tu compañía.-Me levanté despacio de la mesa mientras con una seña indicaba al mesero que la comoetencia había acabado y que trajese la cuenta. -La cuestión para ti reside en ¿Realmente qué significó para ti esta comilona sin control alguno.- Me di la vuelta mientras el camarero, frotándose las manos como una mosca gorda y opulenta, sonreía al ver el abultado precio, aquella noche seguro que cumplía su cuota con creces. Estaba Dispuesto a irme, pero me detuve mirando un muro del restaurante con fotos. -Por cierto mi muevo amigo, deberías fijarte mas en tu entorno, podrían engañarte.-Señalé a aquella pared con el pulgar, pudiendo verse que era el muro de la fama del local, donde colgaban los retratos de los mayores zampacuencos que habían entrado por sus puertas, pudiendo verse mi cara en una de las retratauras del paramento.
Tras eso terminé por irme, dejando al pobre hombre con una cuenta que yo no podría pagar ni en meses y con pensamientos en su mente que, tal vez y solo tal vez, no habian corrido por su mente en mucho tiempo, a lo mejor y nunca se había parado a pensar en ese tipo de asuntos. Resultaba irónico que el mismo Jin dijese que era demasiado inocente cuando él no se había parado a pensar que podrían haberlo engañado para que invitase a una competición que no podría ganar de ninguna manera. Aquella noche el embaucador fue embaucado y el mendigo comió como un rey
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