05-10-2025, 11:45 PM
—Eros Focalor — escuchó su nombre y su profesión, una que la mantuvo quieta unos segundos. Es un cuidador sin tumbas, como ella es una acólita sin iglesia. No se sintió ajena a él, tampoco existió rechazo, porque también está con los muertos antes de perderse entre la tierra y la hierba, en oficios distintos, pero para el mismo fin: El descanso eterno — ¿Huh? No, no, no, no — ¿No, no? Es una seguridad que sale disparada como si hubiese sido una ronda de balas, solo que no hay blanco al que acertar ¡Y aunque hubiese! No puede verlo — El capitán roba besos y tesoros, pero una tumba no es un tesoro, es un sitio sagrado que merece respeto.
Para ella, claro. No se imaginó que alguien pueda entrar a un sitio a llevarse cosas, no conoce a los saqueadores de tumbas, no existen si no le han dicho de ellos, aun así ¿Si a él le pasó, existe? — Llegamos hace muy poco, Eros — sus manos primero terminaron en los brazos ajenos y bajaron al codo, hasta encontrar sus palmas. La apretó al hablar con él — ¿Quién podría haber hecho algo así? Qué terrible.
Todas son palabras genuinas, es una declaración que viene desde el alma, por eso la gente le cree cuando habla. La ignorancia fue su mejor amiga, aunque no son los culpables de ese crimen, tampoco lo serán nunca.
Su historia se mezcla con conceptos que la dejaron en silencio, porque — ¿Cómo que tres cielos? No entiendo — incluso no ve el más obvio. Ese que está sobre sus cabezas ¡Es pedirle mucho a alguien que ha estado ciega más allá de la vista! — Pero seguro estará orgulloso de ti, por intentarlo. Que valiente eres por hacer algo así — lo soltó finalmente ya en un sitio más tranquilo del bar, en donde el piso no está manchado, ni existen jarras que ruedan sin parar por el descuido de alguien más — ¿Pero qué se llevaron de las tumbas?
¿Los cuerpos? ¿Algo más? ¿Por qué alguien querría siquiera llevarse a alguien muerto? Si carece de valor, porque no hay alma o voluntad en su interior.
—N-No lo sabía — es un susurro extraño, porque solo conoce una fe y es la de Dios. Esa que le enseñó la iglesia ¡Y de esa no hay más! Lo más cercano a algo distinto es simplemente no creer — El sacerdote decía que solo hay un Dios ¿Estás seguro? — ¿Y no es la favorita? ¿Por qué existe la duda entonces? Porque no siente el favor o su bendición, en un temblor de la fe que estemece unos cimientos que han tardado años en formarce
Con nervios se acercó a él, está lejos, puede notar la diferencia de alturas, por lo tanto usó sus pies para ponerse de punta y acercarse al oído de quien la acompaña
— ¿Es que hay más? —
¡Qué horror! Como puede caer en una tentación de conocer algo más. — De qué hablas, todo el mundo vale. Incluso yo, pero no puedo ver y que poco puedo hacer — no habló con pena, es esperanza de encontrar un lugar — Pediré para que encuentre un sitio como el que yo encontré… ¡Ya sé! Mi capitán sabe mucho, muchísimo. — o quizás no, pero le ha vendido la ilusión de que así es.
—Podrías preguntarle a él ¿Te imaginas él sabe? Debe estar por llegar — ¿Cuándo y dónde? No le ha dicho, porque él llegará como si fuese Dios omnipotente para buscarla. En una situación que le habría sacado una risa de pensarla, para luego pedir perdón por comparar a el Todopoderoso con un mortal.
—No me gusta el dinero… pero todos lo necesitan. Conocí a alguien que vendió un poco de nuestro tiempo juntos por billetes — apretó sus propias manos al recordar — Habría preferido que nos hiciera falta, pero estar más tiempo juntos — alzó el rostro — ¿También te duele la codicia?
Duele porque es necesaria para el resto.
—Cada vez tenemos más cosas en común Eros ¿No serás un enviado de Dios para hacerme compañía?
No dudó en vestir a la buena suerte de un milagro una vez más y lo hará cada vez que tenga la oportunidad.
Para ella, claro. No se imaginó que alguien pueda entrar a un sitio a llevarse cosas, no conoce a los saqueadores de tumbas, no existen si no le han dicho de ellos, aun así ¿Si a él le pasó, existe? — Llegamos hace muy poco, Eros — sus manos primero terminaron en los brazos ajenos y bajaron al codo, hasta encontrar sus palmas. La apretó al hablar con él — ¿Quién podría haber hecho algo así? Qué terrible.
Todas son palabras genuinas, es una declaración que viene desde el alma, por eso la gente le cree cuando habla. La ignorancia fue su mejor amiga, aunque no son los culpables de ese crimen, tampoco lo serán nunca.
Su historia se mezcla con conceptos que la dejaron en silencio, porque — ¿Cómo que tres cielos? No entiendo — incluso no ve el más obvio. Ese que está sobre sus cabezas ¡Es pedirle mucho a alguien que ha estado ciega más allá de la vista! — Pero seguro estará orgulloso de ti, por intentarlo. Que valiente eres por hacer algo así — lo soltó finalmente ya en un sitio más tranquilo del bar, en donde el piso no está manchado, ni existen jarras que ruedan sin parar por el descuido de alguien más — ¿Pero qué se llevaron de las tumbas?
¿Los cuerpos? ¿Algo más? ¿Por qué alguien querría siquiera llevarse a alguien muerto? Si carece de valor, porque no hay alma o voluntad en su interior.
—N-No lo sabía — es un susurro extraño, porque solo conoce una fe y es la de Dios. Esa que le enseñó la iglesia ¡Y de esa no hay más! Lo más cercano a algo distinto es simplemente no creer — El sacerdote decía que solo hay un Dios ¿Estás seguro? — ¿Y no es la favorita? ¿Por qué existe la duda entonces? Porque no siente el favor o su bendición, en un temblor de la fe que estemece unos cimientos que han tardado años en formarce
Con nervios se acercó a él, está lejos, puede notar la diferencia de alturas, por lo tanto usó sus pies para ponerse de punta y acercarse al oído de quien la acompaña
— ¿Es que hay más? —
¡Qué horror! Como puede caer en una tentación de conocer algo más. — De qué hablas, todo el mundo vale. Incluso yo, pero no puedo ver y que poco puedo hacer — no habló con pena, es esperanza de encontrar un lugar — Pediré para que encuentre un sitio como el que yo encontré… ¡Ya sé! Mi capitán sabe mucho, muchísimo. — o quizás no, pero le ha vendido la ilusión de que así es.
—Podrías preguntarle a él ¿Te imaginas él sabe? Debe estar por llegar — ¿Cuándo y dónde? No le ha dicho, porque él llegará como si fuese Dios omnipotente para buscarla. En una situación que le habría sacado una risa de pensarla, para luego pedir perdón por comparar a el Todopoderoso con un mortal.
—No me gusta el dinero… pero todos lo necesitan. Conocí a alguien que vendió un poco de nuestro tiempo juntos por billetes — apretó sus propias manos al recordar — Habría preferido que nos hiciera falta, pero estar más tiempo juntos — alzó el rostro — ¿También te duele la codicia?
Duele porque es necesaria para el resto.
—Cada vez tenemos más cosas en común Eros ¿No serás un enviado de Dios para hacerme compañía?
No dudó en vestir a la buena suerte de un milagro una vez más y lo hará cada vez que tenga la oportunidad.
![[Imagen: Gwendolain.gif]](https://sig.grumpybumpers.com/host/Gwendolain.gif)
