06-10-2025, 06:15 AM
— El cielo nocturno se debe ver más insulso que sus sueños... ¿Sueña verdad? Por lo que me cuenta entiendo que nunca ha visto, pero debe soñar con sensaciones, olores, momentos, voces, tonos... La vista es solo un sentido, usted tiene cuatro más —Explicó antes de inspirar con profundidad para darse un golpe muy sutil en pos de que ella no lo notase. — Nunca he reparado demasiado ni en el cielo, ni en el mar, nunca he tenido mucho tiempo o interés... Vengo de una isla muy pequeña, donde hay muy poca gente, mi familia ha cuidado de los difuntos durante mucho mucho tiempo y es todo lo que conozco —Su tono parecía tan reflexivo como el de ella, más no había duda en su voz. Una sonrisa tenue se dibujaba en su rostro a medida que hablaba. — No busco el cielo cuando pido el firmamento, sino la libertad del ostracismo... No me llevo bien con el encierro, ni las multitudes, el ruido, el calor, el frío... Me gusta el silencio, me gusta la calma y la reflexión —Aclaró, pues nunca elevaba la mirada ni la llevaba al horizonte. La mantenía en sus pies, en el suelo, en su andar nervioso.
A medida que caminaban por el empedrado de las calles, cada paso marcaba un eco que rebotaba entre los edificios, sentía el cantar de las aves nocturnas observándolos. Todavía no había reparado en si la noche estaba nublada o despejada, pues su atención le pertenecía a aquella que hablaba de fe.
— Creo fervientemente en el perdón, pero también en la penitencia... No desde la fe, sino desde el deber. Nuestro trabajo no solo consiste en honrar a quienes han vivido y acompañar a quienes han dejado atrás para poder dar un cierre al duelo, sino proteger y castigar a quienes no respetan la vida que ya no está —Añadiría finalmente levantando su mano hacia el firmamento.
— El cielo de noche se siente... Infinito y desinteresado, hay resplandores titilantes, parecen estar conversando entre ellas o riéndose de nosotros. Nosotros no podemos percibir más que una pizca de algo infinito —Se preguntó por un momento ¿Qué le producía el cielo? ¿Desesperanza? ¿Desasosiego? — No me gusta el cielo, ni las estrellas puntualmente... Siempre me han hecho sentir pequeño, solo y desamparado ahora que lo pienso. Sin importar cuanto tratemos nunca las alcanzaremos, y todo el tiempo estarán presentes recordándonoslo —Entonces negó con su cabeza. — Inclusive durante el día, allí están —Entonces su cabeza se ladeó ligeramente contemplando a la muchacha.
— ¿Crees que tu dios tiene sentido del humor? Porque para mi el mundo si lo tiene, solamente que yo aún no lo puedo entender
A medida que caminaban por el empedrado de las calles, cada paso marcaba un eco que rebotaba entre los edificios, sentía el cantar de las aves nocturnas observándolos. Todavía no había reparado en si la noche estaba nublada o despejada, pues su atención le pertenecía a aquella que hablaba de fe.
— Creo fervientemente en el perdón, pero también en la penitencia... No desde la fe, sino desde el deber. Nuestro trabajo no solo consiste en honrar a quienes han vivido y acompañar a quienes han dejado atrás para poder dar un cierre al duelo, sino proteger y castigar a quienes no respetan la vida que ya no está —Añadiría finalmente levantando su mano hacia el firmamento.
— El cielo de noche se siente... Infinito y desinteresado, hay resplandores titilantes, parecen estar conversando entre ellas o riéndose de nosotros. Nosotros no podemos percibir más que una pizca de algo infinito —Se preguntó por un momento ¿Qué le producía el cielo? ¿Desesperanza? ¿Desasosiego? — No me gusta el cielo, ni las estrellas puntualmente... Siempre me han hecho sentir pequeño, solo y desamparado ahora que lo pienso. Sin importar cuanto tratemos nunca las alcanzaremos, y todo el tiempo estarán presentes recordándonoslo —Entonces negó con su cabeza. — Inclusive durante el día, allí están —Entonces su cabeza se ladeó ligeramente contemplando a la muchacha.
— ¿Crees que tu dios tiene sentido del humor? Porque para mi el mundo si lo tiene, solamente que yo aún no lo puedo entender
