08-10-2025, 07:00 AM
Un grito femenino resuena y luego…alas negras.
Su visión empieza a hacerse borrosa, puede culpar al dolor, a la pérdida de sangre. Es absurdo, sabe que la herida ni siquiera es demasiado profunda, pero ha caminado mucho, también hizo esfuerzo al defenderse, todo en conjunto hace que el corte se abra, que la sangre brote con más ansias. Es médico, sabe que tiene que ser cuidadoso en esos casos, pero, aun así…siempre ha sido un pésimo paciente.
Quiso mantenerse atento cuando el ser de alas negras se le acercó. ¿Un ángel de la muerte? Nunca ha sido muy creyente en ese tipo de historias, pero la idea de que tan hermoso ser viniera a recogerlo en sus últimos instantes le hizo ilusión, por supuesto, la idea fue solo su imaginación actuando, sabe que exagera, que no está en sus últimos momentos, pero la ayuda no viene mal.
Deja que lo recojan del suelo, no opone resistencia alguna cuando es levantado con una facilidad increíble aún para su peso y estatura, claro, apenas y ha notado que quien lo lleva consigo es mucho más alto, pues le dio por entrecerrar sus ojos en cuanto se vio inundado por el calor de un cuerpo ajeno, haciendo que su confianza se elevara, con esto puede estar seguro de que tendrá una habitación en la que sanar su herida…habría querido agradecerle al de alas negras, pero solo ha atinado a subir su mano hasta poder apretar con ligereza el brazo del otro hombre. Un gesto silencioso de agradecimiento y, a la vez, de súplica…un ruego porque no lo suelte.
El ruido del burdel llega a sus oídos en cuando traspasan la puerta. La música, las chácharas, las risas y alguno que otro gemido ahogado hacen el coctel perfecto para aturdirlo, su cabeza empieza a doler y eso intensifica el ardor en la cortada de su abdomen…solo es una cadena de eventos desafortunados que terminan con sus dientes mordiendo con fuerza su labio inferior, un gesto para desenfocarse del dolor de su herida y, de paso, para centrarse en no dormirse.
La puerta de una habitación fue abierta con premura, fue colocado en una cama y, aunque extrañaría el calor del otro cuerpo, se permitió relajarse al descansar sobre el colchón.
La voz que lo intenta tranquilizar le parece agradable, demasiado agradable, podría escucharlo toda la noche, además, ahora, gracias a la iluminación de la habitación, puede ver mejor a su rescatador: un lunarian.
Sus ojos, en cualquier otro momento, habrían brillado con ilusión al encontrarse con alguien de una raza tan poco común en estos mares y; sin embargo, ahora solo están brillando por culpa de las lágrimas que empiezan a acumularse en ellos. ¿Por qué llorar ahora? Es ridículo, debe verse ridículo, que espectáculo tan desagradable le está brindando a tan hermoso espécimen.
Las cosas no mejoran en cuanto llega una mujer de cabellos rojos, una tal Dublín, o así la ha llamado su rescatador. ¿Es médico? No, por la manera en la que le habla y en la que se mueve, parece más la dueña de este sitio, una proxeneta quizá…eso lo hace chasquear la lengua ¡Excelente! No es su deseo deberle un favor a alguien así, tendría que darle un buen pago cuando saliera de este lugar, ya se las ingeniaría, pero, por ahora…
Su boca se abrió en cuanto algo que pudo identificar como alcohol fue vertido en su herida, pero ningún sonido logró salir de ella, el aire quedó contenido en su garganta antes de volver a cerrar sus labios y morderlos con tanta o más fuerza que antes, con ello logra comprimir cualquier indicio de dolor, aunque, es evidente la incomodidad, solo hay que ver la expresión compungida de su rostro y la forma en la que sus manos aprietan con fuerza las sábanas de la cama, no solo por el alcohol, si no por cada puntada que se sumaba para ayudar a cerrar el apuñalamiento.
Solo pudo calmarse cuando un parche con algún tipo de ungüento fue colocado en su abdomen y, finalmente, un vendaje limpio fue amarrado para evitar que los puntos estuvieran expuestos. El agarre a las sábanas se fue soltando poco a poco y, por fin, pudo permitirse cerrar los ojos por un momento, más tranquilo, ahora con la seguridad de que no se desangrara por una herida estúpida…casi que podría sonreír, pero ahora solo quería descansar; sin embargo, a pesar de la molestia y del dolor, su mente seguía activa.
Se removió entre las sábanas mientras escuchaba la voz de la mujer, hablaba algo sobre una deuda, números y cuotas. Lo supuso, estos no sería gratis, aunque… ¿Por qué tendría que pagarlo el otro? Normalmente le habría importado poco, no es alguien a quien conozca, pero ¿En verdad quiere dejar pasar la oportunidad de hacer migas con un lunarian? No, por supuesto que no…Necesita ganar su confianza, solo de esa manera podría acercarse para… ¿Estudiarlo? Sí, nunca ha estudiado la fisionomía de uno de su raza… ¿Qué tan diferentes serían de los humanos?
Que mal, que mal…incluso en medio de su dolor solo puede pensar en la ciencia, en sus investigaciones. Volvió a morder sus labios, ya no para evitar gemir de dolor, si no por una mala costumbre que sale a flote cuando se concentra en algo o en alguien.
Podía maldecir ya mismo a esa víctima que se hizo la fuerte, sí…eso sería lo normal, pero ¿Cómo hacerlo si sus acciones lo habían llevado a este momento? Solo puede agradecerle por haberle permitido conocer a este bello sujeto que ahora está frente a él.
La mujer se alejó, la puerta volvió a cerrarse y, con ello, volvieron a quedar solos los dos. Perfecto, su mente no le acompaña para dormir por más que lo desee, así que… ¿Por qué no intentar hablar? Lo ha dicho antes, es pésimo paciente, no piensa seguir las reglas que él mismo le pondría a algún herido.
—¿Deuda? —Su rostro se giró para mirar al hombre que lo ha ayudado, empezando la conversación con una pregunta simple en lugar del agradecimiento que antes pensó en darle. —¿Qué hiciste para te…tener una deuda c…con la dueña…de…de un burdel? —Esto es malo, sus palabras salen entrecortadas por culpa del dolor que aún se mantiene como un pinchazo, recordándole su estado a cada segundo.
—No…no tienes que…aumentarte nin…ninguna deuda por a…ayudarme —. Tomó una buena bocanada de aire para seguir hablando. —Pue…do pagarlo… ¿Cuánto e…es? —Sus ojos llorosos por el malestar se mantuvieron fijos en el desconocido, analizándolo y apreciándolo al mismo tiempo. —No e…es…tu res…responsabilidad pagar por un favor hacia alguien…más…además…de…de todos modos, p…pensaba en pagar por…la ayuda —. Se llevó una mano hacia la herida recién cosida y apretó un poco el área, nada que pudiera lastimarlo en verdad, solo quería sentir la calidad del vendaje.
—Lo siento —. Se dio cuenta entonces que entre todo lo dicho en ningún momento agradeció por el favor. —De…debo parecerte un…grosero por no decirte esto hasta ahora, pero...Gracias por traerme aquí —. Su cuerpo se removió en la cama, como si buscara sentarse, aunque lo cierto es que su intención es más simple, solo desea arreglarse la camisa que antes fue removida para poder coser y parchar el corte, claro, no lo hace por pudor, si no porque el frío ha empezado a colarse por las ventanas, es molesto, nunca le ha agradado y no pasaría mucho tiempo antes que su piel empezara a erizarse y, si tiene que ser sincero consigo mismo, ya ha pasado suficiente vergüenza delante del lunarian.
