[EVENTO LOCAL - MAGNA] - El camino a ser el más fuerte del mundo
#58
Obviamente alguien que se hacía con ese nivel de poder no era alguien estúpido, pues aunque fuera heredado - cosa que desconocía - había que tener un mínimo de inteligencia y de picaresca para poder mantener algo tan complicado como un imperio... y más durante los años que este hombre había acaparado el mercado. Viktor me había contado que eran famosas sus artimañas financieras y la forma en la que ejercía una brutal presión a la competencia, haciendo pasar a estas por un cuello de botella y reduciendo sus posibilidades, para finalmente comprar esas empresas por una misera y eliminar su competencia al mismo tiempo que ganaba otra sede.
El problema es que cuando tienes una ambición tan grande, y un negocio que engloba el mundo, necesitas algo más que un único soldado capaz. Si Mikodos hubiese tenido a dos personas como Glen, la Shichibukai que tenía agarrada de la nuca, las cosas habrían sido radicalmente distintas. Y eso sólo hablando de tener a una persona más como ella... que ese cupo ya lo conseguíamos llenar Viktor y yo. Pero yo pensaba ampliar ese número bastante más.
Y ni que decir tiene que el cambio de un viejo inutil y un gran guerrero, a dos grandes guerreros hacían que yo mismo pudiera defenderme sólo y no necesitase de un "Shichibukai" a mi lado para protegerme, lo cual permitiría a Viktor encargarse de otras cosas. Pero eso era un simple razonamiento intrusivo. Yo iba a convertir Foodvalten en un hervidero militar. Un ingente campo de soldados preparados y dispuestos, entrenados y capaces, que irían de un lugar del mundo a otro para mantener mis sedes, mis dominios, mis intereses y sobre todo, mi dinero, seguros.

El viejo decrépito aceptó sin muchos miramientos el trato, lo cual me hizo sonreír arrugando la cicatriz del rostro y deformando este aun más, en una mueca desagradable, y pronto accedió a darme indicaciones para que fuera a su despacho... como si yo fuera un pobre pardillo gilipollas — Oh, no, no, no... — dije negando con la cabeza, aun sonriendo, y me erguí, caminando hacia donde había arrojado a Ein Hauch.
Viktor y Shoto habían salido de la habitación - suponía que a entretenerse por ellos mismos mientras yo terminaba con esto - y hacían más que bien por si tenía que utilizar mis poderes de la fruta del diablo... no quería tener que afectarles, ni por la debilidad natural de Shoto, ni por el estado en el que se encontraba Viktor.
— ¿Y si me estuviera tendiendo una trampa? — le pregunté reduciendo parte de la presión espiritual de mi Haoshoku, al mínimo, a un aura concreta que me rodeaba lo justo para poder tener controlada a la perra desnuda que llevaba en la mano, dejándola caer para liberar mi mano y poder agarrar mi arma y colocarla de nuevo en la espalda — ¿Y si me estuviera dirigiendo usted a una emboscada, una habitación minada, o algo parecido? — volví a preguntar, agachándome para volver a agarrar a la Shichibukai, esta vez del cabello, enrredando todos los mechones de su lacia melena en mis dedos, uno de los cuales portaba ahora su precioso anillo de oro — Mueva el culo señor Picolo — dije caminando hacia él, y le di una patada con la suela del pie derecho, como un empujón o un pisotón más bien, para moverlo unos metros de su posición — Nosotros le seguimos — añadí, y miré de reojo mi yelmo en el suelo. Chasqueé la lengua y volví a mirar al magnate.
Esta transacción debía ser sin 'máscaras'.

Seguí al anciano en las especificaciones que él mismo me había dado, y él cómo guía, la shichibukai como fardo, y yo como acompañante, acabamos llegando a una habitación cuadrada. Podría tener de dos a cuatro metros por lado, lo que equivalía al ancho y al fondo... probablemente tres metros, de hecho. Sus paredes estaban cubiertas de telas de oro de calidad y adornadas con joyas preciosas incrustadas, de múltiples colores. En las paredes laterales había unas estanterías hechas en una bella madera. Estas estanterías contenían un sinfín de libros de economía, inversiones, y demás títulos que sólo observé brevemente por encima de pasada, apreciando su orden por colores. Si aquí tenía sus libros de cuentas, iba a tardar muchos días en ponerme al tanto de todos sus negocios. El suelo estaba cubierto de una alfombra de color rojo. Sonreí al verla, el color disimularía las manchas.
Finalmente, sobre la alfombra, en el centro de la habitación, había una robusta mesa de diamantes. Arqueé una ceja al verlo. ¿Quién coño se hace una mesa de diamantes? Con ese mueble podría comprar tres barcos llenos de hombres para proteger su puerto mejor. Lo miré y negué con la cabeza, ese viejo era un inútil que se había corrompido por el brillo de sus riquezas. La enfermedad del Dragón, la llamaban en mi tierra.

Sobre la mesa había papeles, documentos, plumas y tinta en un tintero, un par de plantas, y dos estatuas de lo que parecía ser él mismo — ¿En serio? — pregunté retóricamente, y suspiré de forma pesada. Un instante después subí a Tren a la mesa con brusquedad, dejándola boca arriba y manteniéndome agarrando su cabello. Su precioso cuerpo desnudo sobre aquella cama de diamantes seguramente fuese alguna especie de hedonismo, al igual que algún fetiche de ricos, pero permitía espacio para algunos papeles y poder escribir en ellos — Póngase a ello — le ordené señalando a los papeles con la cabeza — Le dejaré llevarte cien millones en efectivo, si es que tienes esa cantidad aquí. Ni un berry más... Creo que es una suma razonable para poder comprar navío, tripulación para manejarlo y poder pagar a tus hombres — dije con claridad, esperando de igual forma averiguar donde guardaba el dinero en efectivo y cuánto tenía. Si era menos de cien millones... pues era lo que se llevaría — Y cuando acabe traiga un Den Den Mushi de vídeo... — le ordené — Seguro que tiene alguno entre tanta puta gilipollez — dije, mirando ahora a la Shichibukai observando su rostro. Clavando mis ojos en ella, observé su cara, después todo su cuerpo, y luego finalmente de nuevo, su rostro — Te prometo que te lo vas a pasar genial — chasqueé la lengua de forma muy sonora, sonriendo, y estallé en una pequeña carcajada incapaz de contener la sensación — ¡Wryy ha ha ha! — volví a mirar a Endongo y en él dejé mi atención puesta. Esperaba que terminase pronto de crear y firmar el documento que me hacía su heredero, aun tenía unas cuantas gestiones que hacer.





Resumen

Inventario

Bélico
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RE: [EVENTO LOCAL - MAGNA] - El camino a ser el más fuerte del mundo - por Sohem - 08-10-2025, 01:25 PM

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