El anciano, primero sorprendido y molesto por "sólo" poder llevarse cien millones de berries, pareció ignorar el cuerpo de la mujer desnuda que tenía sobre la mesa. No me cabía duda de que había podido hacer lo que quisiera con la mujer que quisiera con esa cantidad de dinero, o quizá era más de hombres, pero yo no le había planteado la situación como un acto de satisfacción sexual, si no más bien como una degradante oportunidad para la vejación y la dominación, una venganza por la soberbia y la altanería. Parecía igualmente que la Shichibukai había entendido que no había que abrir la boca si yo no se lo decía, pero aun la veía especialmente fresca - considerando la cantidad de golpes que la había dado - y para nada notaba el brillo de la desesperación en sus ojos. Pero eso era algo que tendría que cambiar.
Mibobo redactó el contrato rápido y con soltura, lo que me hizo pensar que necesitaría a alguien que me llevase las cuentas de ahora en adelante y se encargase de esta serie de papeleos. Una persona que fuera capaz de organizar estas gestiones con la misma soltura que el viejo, pero siguiendo mis indicaciones y mis órdenes y no sus despilfarrantes deseos... Otra cosa más en la lista de tareas pendientes. Enderezar este sitio me iba a costar más que enderezarle la polla a ese magnate palurdo. Se venían tiempos duros, pero Foodvalten prosperaría.
Aquel hombre me indicó donde estaba el Den Den Mushi Visual que estaba pidiendo, y soltando el cabello de la Shichibukai - mientras la miraba fijamente a los ojos - grité a pleno pulmón — ¡Señor Evans! ¡Le necesito aquí! — para después llevar mi mano hacia el cajón abriéndolo — ¡Señor Data! ¡Traiga los enseres que dejé en la habitación anterior! — volví a gritar, refiriéndome a tanto mi casco como el equipo de la Shichibukai, sacando el Den Den Mushi de vídeo después de revolver ligeramente el contenido del cajón y encontrarlo, dejándolo sobre la mesa. Chasqueé la lengua y miré en derredor la habitación, antes de posar mis ojos sobre el papel que el anciano expedía. Lo leí de una pasada y por encima, no me importaba la cantidad que realmente figurase, sólo quería su firma y un documento que alegase que yo era el dueño de sus filiales. Tras acabar, lo guardé en el bolsillo izquierdo de mi chaqueta y me dirigí hacia el Señor de la Moneda — Es un placer hacer negocios con usted, señor Mibobo. Gracias por su colaboración y su buen hacer — dije sonriendo, y señalé con la cabeza el lado izquierdo de la habitación — Ahora póngase ahí y no moleste. Hay algo que la señorita Granshow tiene que hacer antes de... — paré un momento y la miré a ella, fijamente unos segundos — ¿Al final va a querer follársela? — le pregunté directamente — Si es su deseo, debería hacerlo cuanto antes, pues cuando salgamos de este lugar, yo mismo le escoltaré hasta el puerto y esperaremos ahí a que vengan por usted. Para que esté seguro — maticé y entonces bajé el cuerpo de la mujer al suelo de un manotazo, trayéndola hacia mi, quedando a mis pies y rodando un poco quedando separada ligeramente de la mesa de diamantes — Mientras llegan mis compañeros vamos a ir preparando esto... — dije, chasqueando la lengua de nuevo, al final de la frase apoyando la mano en el borde de la mesa y empujando ligeramente hacia abajo para inclinarla y pasar a tumbarla delicadamente, quedando el canto de la mesa apoyado en el suelo y la parte superior de la misma, sobre la que estaba apoyada antes Ren y escribía el propio Nitobo, apuntando esta directamente hacia la puerta de la sala en la que estábamos — Honestamente ha tenido usted mucha suerte ¿sabe? Quién sabe lo que hubiese pasado si un psicópata desalmado hubiera querido venir a por usted, y no un hombre razonable y de negocios como yo... — decía mientras levantaba el cuerpo de la Shichibukai y apoyaba su espalda contra la superficie de la mesa, cerciorándome de que apartaba correctamente su pelo para dejar al descubierto su pecho y su rostro, con una expresión seria y sin ningún tipo de disfrute en mi rostro. Al terminar me giré sin apartarme de la mujer, para mirar hacia el ahora acabado y jubilado Emperador del Bajo Mundo — ¿Tiene usted constancia de si nuestra bien dispuesta amiga aquí presente tiene... algo así como una tripulación, grupo, banda... ya sabe, amigos, gente a la que llamar a los que pudiera interesarle su estado actual? — pregunté directamente, y volví a sonreír exageradamente al hacerlo. Estábamos a un par de frases de que el mundo cambiase radicalmente.
En cuanto Viktor y Shoto llegasen, el show estaría listo para poder comenzar.
Mibobo redactó el contrato rápido y con soltura, lo que me hizo pensar que necesitaría a alguien que me llevase las cuentas de ahora en adelante y se encargase de esta serie de papeleos. Una persona que fuera capaz de organizar estas gestiones con la misma soltura que el viejo, pero siguiendo mis indicaciones y mis órdenes y no sus despilfarrantes deseos... Otra cosa más en la lista de tareas pendientes. Enderezar este sitio me iba a costar más que enderezarle la polla a ese magnate palurdo. Se venían tiempos duros, pero Foodvalten prosperaría.
Aquel hombre me indicó donde estaba el Den Den Mushi Visual que estaba pidiendo, y soltando el cabello de la Shichibukai - mientras la miraba fijamente a los ojos - grité a pleno pulmón — ¡Señor Evans! ¡Le necesito aquí! — para después llevar mi mano hacia el cajón abriéndolo — ¡Señor Data! ¡Traiga los enseres que dejé en la habitación anterior! — volví a gritar, refiriéndome a tanto mi casco como el equipo de la Shichibukai, sacando el Den Den Mushi de vídeo después de revolver ligeramente el contenido del cajón y encontrarlo, dejándolo sobre la mesa. Chasqueé la lengua y miré en derredor la habitación, antes de posar mis ojos sobre el papel que el anciano expedía. Lo leí de una pasada y por encima, no me importaba la cantidad que realmente figurase, sólo quería su firma y un documento que alegase que yo era el dueño de sus filiales. Tras acabar, lo guardé en el bolsillo izquierdo de mi chaqueta y me dirigí hacia el Señor de la Moneda — Es un placer hacer negocios con usted, señor Mibobo. Gracias por su colaboración y su buen hacer — dije sonriendo, y señalé con la cabeza el lado izquierdo de la habitación — Ahora póngase ahí y no moleste. Hay algo que la señorita Granshow tiene que hacer antes de... — paré un momento y la miré a ella, fijamente unos segundos — ¿Al final va a querer follársela? — le pregunté directamente — Si es su deseo, debería hacerlo cuanto antes, pues cuando salgamos de este lugar, yo mismo le escoltaré hasta el puerto y esperaremos ahí a que vengan por usted. Para que esté seguro — maticé y entonces bajé el cuerpo de la mujer al suelo de un manotazo, trayéndola hacia mi, quedando a mis pies y rodando un poco quedando separada ligeramente de la mesa de diamantes — Mientras llegan mis compañeros vamos a ir preparando esto... — dije, chasqueando la lengua de nuevo, al final de la frase apoyando la mano en el borde de la mesa y empujando ligeramente hacia abajo para inclinarla y pasar a tumbarla delicadamente, quedando el canto de la mesa apoyado en el suelo y la parte superior de la misma, sobre la que estaba apoyada antes Ren y escribía el propio Nitobo, apuntando esta directamente hacia la puerta de la sala en la que estábamos — Honestamente ha tenido usted mucha suerte ¿sabe? Quién sabe lo que hubiese pasado si un psicópata desalmado hubiera querido venir a por usted, y no un hombre razonable y de negocios como yo... — decía mientras levantaba el cuerpo de la Shichibukai y apoyaba su espalda contra la superficie de la mesa, cerciorándome de que apartaba correctamente su pelo para dejar al descubierto su pecho y su rostro, con una expresión seria y sin ningún tipo de disfrute en mi rostro. Al terminar me giré sin apartarme de la mujer, para mirar hacia el ahora acabado y jubilado Emperador del Bajo Mundo — ¿Tiene usted constancia de si nuestra bien dispuesta amiga aquí presente tiene... algo así como una tripulación, grupo, banda... ya sabe, amigos, gente a la que llamar a los que pudiera interesarle su estado actual? — pregunté directamente, y volví a sonreír exageradamente al hacerlo. Estábamos a un par de frases de que el mundo cambiase radicalmente.
En cuanto Viktor y Shoto llegasen, el show estaría listo para poder comenzar.
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Bélico

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