10-10-2025, 12:43 AM
Aguanto un pequeño quejido en cuanto me agarra como si nada, pegándome a su cintura, rodeo su cuerpo con mis piernas, mientras que entramos en la habitación y suena un portazo…¿La realidad? A estas alturas, en el silencio de la madrugada, soy perfectamente consciente de que todos saben lo que estamos haciendo.
Y si no, la jodida vieja lo contará igualmente.
Lo solté cuando me dejó en la cama, mirándole.
He estado con otros hombres, mujeres, aquel momento no era extraño para mi, pero nunca me había pasado esto.
Normalmente yo jugaba, creaba la necesidad, la expectativa, el ansia…Cao se había pasado seis meses tentándome, en silencio, de forma disimulada. Con aquella mirada oscura que me miraba como si fuera la cosa más bonita del mundo, como si aquel número no colgara sobre mi cabeza.
Deteniéndose cada vez que iba a tocarme y poniendo esa cara de lástima, y ahora besando mi cuello, deshaciéndose de mi ropa interior, acariciándome los muslos con sus labios, casi como si me venerara.
Y aquí estoy yo, que si me hubiera follado en el mismo pasillo, de forma brusca y rápida contra la pared, le hubiera dado las gracias.
Este hombre me vuelve un maldito desastre.
Su lengua se extiende, lame mis zonas más sensibles, y en estos meses puedo haber imaginado esta escena en mi cabeza miles de veces, pero definitivamente la realidad es mucho mejor. Uno de mis muslos acaba en su hombro libre, mi espalda se arquea contra la cama, mientras mi mano izquierda se entrelaza contra las sábanas.
Mi voz es un desastre, un gemido cortado que suena por la noche y que es fácil de escuchar. Cuanto más lame mi clitoris más siento aquella descarga, aquel placer que me roba el aliento. Sus dedos entran en mi, y mi mano libre, se entrelaza entre sus cabellos oscuros.
Puedo notar la humedad entre mis muslos, como el sigue provocando aquel placer en mí y yo tengo claro lo que quiero.-Cao…-Un gemido, un suspiro,la forma en la que su nombre sale en mis labios, casi como una súplica.
Joder, no he suplicado a un hombre en mi vida, pero seis meses de celibato y este hombre devorándome como si fuera un postre, y ya soy yo la que quiere ponerse de rodillas.
Si sigue así, va a romperme.
-Por favor…-Dos palabras, una pequeña oportunidad, ambos sabemos lo que estoy pidiendo. Quiero sentirlo dentro de mi, acallar aquella brutal necesidad que no hacía más que aumentar.
¿Y después? Repetir, hasta que saciemos todos y cada uno de nuestros deseos.
Porque de primeras puedo pedirlo por favor, pero a la siguiente, si no se me da lo quiero, supongo que tendré que obtenerlo por mi misma.
Y si no, la jodida vieja lo contará igualmente.
Lo solté cuando me dejó en la cama, mirándole.
He estado con otros hombres, mujeres, aquel momento no era extraño para mi, pero nunca me había pasado esto.
Normalmente yo jugaba, creaba la necesidad, la expectativa, el ansia…Cao se había pasado seis meses tentándome, en silencio, de forma disimulada. Con aquella mirada oscura que me miraba como si fuera la cosa más bonita del mundo, como si aquel número no colgara sobre mi cabeza.
Deteniéndose cada vez que iba a tocarme y poniendo esa cara de lástima, y ahora besando mi cuello, deshaciéndose de mi ropa interior, acariciándome los muslos con sus labios, casi como si me venerara.
Y aquí estoy yo, que si me hubiera follado en el mismo pasillo, de forma brusca y rápida contra la pared, le hubiera dado las gracias.
Este hombre me vuelve un maldito desastre.
Su lengua se extiende, lame mis zonas más sensibles, y en estos meses puedo haber imaginado esta escena en mi cabeza miles de veces, pero definitivamente la realidad es mucho mejor. Uno de mis muslos acaba en su hombro libre, mi espalda se arquea contra la cama, mientras mi mano izquierda se entrelaza contra las sábanas.
Mi voz es un desastre, un gemido cortado que suena por la noche y que es fácil de escuchar. Cuanto más lame mi clitoris más siento aquella descarga, aquel placer que me roba el aliento. Sus dedos entran en mi, y mi mano libre, se entrelaza entre sus cabellos oscuros.
Puedo notar la humedad entre mis muslos, como el sigue provocando aquel placer en mí y yo tengo claro lo que quiero.-Cao…-Un gemido, un suspiro,la forma en la que su nombre sale en mis labios, casi como una súplica.
Joder, no he suplicado a un hombre en mi vida, pero seis meses de celibato y este hombre devorándome como si fuera un postre, y ya soy yo la que quiere ponerse de rodillas.
Si sigue así, va a romperme.
-Por favor…-Dos palabras, una pequeña oportunidad, ambos sabemos lo que estoy pidiendo. Quiero sentirlo dentro de mi, acallar aquella brutal necesidad que no hacía más que aumentar.
¿Y después? Repetir, hasta que saciemos todos y cada uno de nuestros deseos.
Porque de primeras puedo pedirlo por favor, pero a la siguiente, si no se me da lo quiero, supongo que tendré que obtenerlo por mi misma.
