11-10-2025, 03:20 AM
Flashback – Noche anterior
No hay forma que pueda sentir aprecio por simples trozos de madera.
La noticia que otros parecían tomar con melancolía, él la tomó como un trámite más.
Si hay que vender el barco para viajar con mayor comodidad, pues que así sea, de todos modos, no es que tuviera muchas cosas a bordo a las que aferrarse.
Su “vida” cabe en un par de maletas.
—¿Así que Samba? —El nombre de la isla resonó en su mente como una advertencia, la de un recuerdo lejano que en su mente no llegaba a formarse por completo, tendría que rebuscar en su cuaderno de notas cualquier indicio de haber estado en esa isla, así que, con eso en mente, se encogió de hombros, intentando regresar a la conversación con el resto de los tripulantes. —Por mi está bien, no es que tenga algo que me ate a esta isla. Iré a Samba y luego a esos Cabos Gemelos de los que tanto hablan en el periódico —. Al amanecer el nombre de esos lugares habrían desaparecido de su cabeza. —¿Partimos mañana?
Y así sería.
Un par de ventas por aquí, un par de compras por acá y estarían listos.
Actualidad – Día 20 de otoño, año 16
Como lo supuso, todo lo que tenía pudo repartirse en dos maletas. En la primera estaban sus implementos médicos, sus perfumes de menta, unos guantes de pelea bastante caros que había conseguido de un modo que no lograba recordar y, por supuesto, un cofre algo pesado y bien resguardado con llave en donde guardaba, celosamente, todo el dinero que poseía. En la segunda maleta llevaba su ropa y demás artículos personales que no vale la pena mencionar.
Todo listo y; sin embargo, algo le molestaba.
No, no le molestaba tener que ir de viaje y dejó claro que tampoco tener que abandonar el barco…le molestaba tener que sacrificar uno de sus pijamas, solo porque a la muchacha peli celeste cuyo nombre suele resbalársele de la memoria se le ocurrió que, para despertarlo, era buena idea echarle encima un balde de agua.
Su corazón se aceleró. Llegó a creer que había naufragado…de nuevo, pero no, cuando se despertó, conteniendo un grito, vio frente a él a la preciosa sirena…por favor, que le dieran un motivo para no venderla por partes después de esto.
Cuando toda la escena ocurrió, apretó sus dientes sobre sus propios labios, mordiéndose con fuerza para no soltar una retahíla de insultos…como detesta que lo despierten de modos tan bruscos, pero, luego de sentir el dolor de su propia mordida, que le recordaran la razón de tan brusco despertar y de oler por varios minutos su frasco con esencia de menta, su corazón volvió a tranquilizarse tanto como su mente.
Hizo que la “Sirena” saliera de su habitación y se resignó a perder su pijama antes de darse un baño y vestirse con ropas más relajadas…Dijeron algo sobre un crucero ¿No? Bien, pasar desapercibido sería necesario, por eso se puso una camisa playera, un short que combinara y sus guantes de combate (los más baratos que tenía)…para sus pies fue el problema, se colocó unas botas que, aunque podían pasar como atuendo normal, el cuero de estas no combinaba para nada con su estilo actual…Suspiró, resignado ahora por la combinación elegida, pero viéndolo necesario por si tenía que huir o patear a alguien en la cara…después de todo, podían no ser piratas reconocidos, pero eran piratas a fin de cuentas y estas preparado no estaba de más.
Con todo listo salió del barco, siguiendo al resto de la tripulación. No miró atrás, no dijo nada cuando unos hombres extraños vinieron a hacerse con el navío. Sus ojos de tono dorado solo los miraron con aburrimiento antes de moverse hacia el cielo, perdiéndose en el ir y venir de las nubes.
¿Cuánto caminó para llegar al puerto de cruceros? Nunca lo sabría, pero de un momento a otro, estuvo frente a un tal Juan o “Juancho” como se lo presentó a sirena. Parecía alguien amable, confiado…demasiado confiado… ¿Qué tan sano estaría? No, no. Sacudió su cabeza, no podía pensar en negocios ahora, no podía ponerse en peligro. Ni a él ni al resto.
Le sonrió al guía de “Cacao Tours”, se presentó con una sonrisa amable y gestos educados y, pronto, estuvo en una habitación V.I.P. bastante cómoda, tal como se los habían prometido. Sonrió al tirarse a la cama, al menos por un par de días podía descansar sin la paranoia de que sus crímenes sean descubiertos, aunque...tal vez esto de unirse a una tripulación no fue tan mala idea después de todo, no cuando esta vez fue por decisión propia y no por obligación.
Obligación…Como la venta del barco…
No le importaba, eso había quedado claro, pero ¿Qué hay del capitán?
Suspiró.
Como médico debía asegurarse de que estuviera bien.
Salió de su recamara y caminó por el crucero hasta toparse de nuevo con el moreno que, si mal no recordaba, era su capitán.
—Capitán… ¿Está bien esto? —No es que hubiera marcha atrás y él mismo no pensó la noche anterior en las consecuencias cuando aceptó sin más el plan. —¿Cree que es la mejor opción para cruzar el océano? —No miró al más pequeño a la cara, solo se recostó del barandal del crucero y fijó sus ojos en las danzantes nubes sobre su cabeza.
¿Qué más daba la respuesta? Lo hecho, hecho estaba.
